Miércoles, 21 de Febrero 2024

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Ventana

Por: EL INFORMADOR

Razones de peso

No fue por necedad. Al dos para la hora, el Presidente envió al Senado la propuesta para gobernador del Banco de México. Como adelantó la Ventana del martes, Calderón prefirió botar a Guillermo Ortiz; fue malévolo. Carstens sacó el premio gordo. Estaba cantado. Pero primero había que avisar a los organismos financieros internacionales.

En el Senado, Carlos Navarrete la hace de emoción; se niega a discutir el relevo en Banxico, porque sólo queda una semana de trabajo. De las prisas, queda el cansancio. Navarrete insiste en dejar la sugerencia presidencial a la Comisión Permanente. El panista Gustavo Madero repela. Carstens pasará como cuchillo en mantequilla; todo está planchado; el PRI lo apoya; debatir, no es tema.

El potencial góber, además de vigilar el peso deberá comprometerse a mantener la autonomía de la institución. Ése, es el rey de los mensajes. Nadie en su sano juicio pediría lo contrario. Sin embargo, la duda persiste. Lo cierto es que con Carstens en Banxico, el vínculo con Los Pinos queda sellado. Carstens podrá estar agotado por el catarrito y sus desaciertos en el manejo de la crisis, pero conoce el Banco, muy a fondo. Ahí trabajó 20 años. Regresar como peso completo era su anhelo juvenil. Estará en su elemento.

Quien inquieta al mundo del dinero es Ernesto Cordero. ¿El cártel financiero le va a contestar las llamadas? Al joven secretario aún lo desconocen más allá de Cuautitlán. Llega a territorio apache. Su mandato: ser el secretario de la recuperación. Hacer mucho más con bastante menos.

¿Se le habrá pegado algo de sensibilidad social? Le hará falta. Cordero (el que podría quitar los pecados de Carstens) siempre se ha paseado de la mano de Calderón. Fue director de Riesgos en Banobras y subsecretario en Energía. Se la jugó con Calderón; cuando ganó su jefe pasó a la subsecretaría de Egresos con Carstens, y en enero de 2008 quedó frente a Sedesol. En ausencia de Juan Camilo Mouriño, Cordero ocupa el primer lugar en el corazón presidencial. Delfín del núcleo duro calderonista, junto con Gerardo Ruiz Mateos y Patricia Flores Elizondo.

Calderón quema sus cartuchos a medio camino. Aunque lo niegue, Cordero aspira a la grande; mandarlo a Hacienda es un palo; la gente quiere al que le da dinero, no al que se lo arrebata. Para reemplazar a Cordero, el Presidente designó a Heriberto Félix Guerra, panista recalcitrante; yerno de Manuel Clouthier; mediocre subsecretario de un peor secretario.

Las recompensas de Calderón son premios gordos; primero los cuates, después, los cuates y al final, los cuates. El Presidente juega al gatopardismo de Lampedusa: cambiar algo, para que nada cambie. El círculo se cierra.

POR JOSÉ CÁRDENAS (josecardenas@me.com)

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