Domingo, 19 de Octubre 2025

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Por: EL INFORMADOR

Trigo sin paja

El verdadero significado de las palabras, en ocasiones ofende nuestra presunción, lesiona nuestra arrogancia, hiere nuestra fatuidad. Por ello nos hemos acostumbrado a atenuar el impacto de las palabras, a endulzar las expresiones, a suavizar los términos.
El Gobierno, en días pasados, celebró el Día del Abuelo, pero en realidad se trata del Día del Anciano, palabra que se ha considerado ofensiva como sinónimo de decriptud. Ahora se habla, tanto en México como en las Naciones Unidas, del Día de los Adultos Mayores, para no herir sus susceptibilidades.
Nuestro Gobierno, con el nombre del Días del Abuelo, ha pretendido evadir el grave problema demográfico que enfrentamos, pues cada vez hay más ancianos y menos personas en edad productiva.
Lo cierto es que los millones de mexicanos mayores de 65 años, una parte vive en la enfermedad, la pobreza, la soledad y el olvido; pero no sólo el olvido de parte del Gobierno, la sociedad y sus familiares, sino el peor, el olvido de sí mismo, porque sufren desmemoria, la terrioble enfermedad de Alzheimer, que es un infierno de vida, tanto para quienes la sufren como para la familia, que penosa los cuidan y atienden.
Al olvido del Gobierno de sus obligaciones asistenciales, se debe sumar el drama de la marginación de miles de jubilados y pensionados que paulatinamente van perdiendo la noción de su entorno familiar. Es muy común verlos en las calles y jardines como ausentes de sí mismos, rondando por hábito la antigua fuente de sus trabajos, a los que entregaron por años sus mejores esfuerzos.
México tiene frente a sí un problema mayúsculo: es un país de viejos, personas que vegetan en la soledad de sus hogares sin oficio ni beneficio, extrañando su vida laboral, sintiendo sobre sí la pesada carga de saberse concientemente inútiles y muriendo paulatinamente en el olvido. La gran mayoría reclaman pensiones aunque sean mínimas, para simular que medio viven y que algo aportan al sostén modesto de sus familias.
La sociedad y el Gobierno deben prestar atención a fondo a los “adultos mayores”, y no solamente festejarlos en el “día del abuelo”, eufemismo vacío y simulador.

  • Al que inventó los siete pecados capitales le faltó uno: el resentimiento
  • Pocos han sido los hombre íntegros que nunca se dieron a la vulgar tentación de disminuir su calidad moral para alagar pasiones sin relieve.
  • Hay en la vida ciertos cambios del alma y el cuerpo mediante los cuales dejamos de ser lo que somos, para ser lo que soñamos.

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