| Temas para reflexionar Por: EL INFORMADOR 15 de agosto de 2008 - 23:00 hs Trigo sin paja En nuestros días, la pena de muerte ha sido motivo de recurrentes y encontradas opiniones. Esta pena se ha aplicado desde tiempo inmemorial. En el Antiguo Testamento se habla de que la pena debe ser equiparable al crimen que castiga: “...mas, si hubiera muerte, entonces pagarás vida por vida, diente por diente, ojo por ojo, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (21:23-25). Muchos gobiernos a través de la historia han empleado la pena capital para castigar a sus enemigos: Sócrates por despreciar a los dioses y corromper a la juventud. Jesucristo murió en la cruz por pretender ser Rey de los Judíos y ostentarse como Hijo de Dios. La mayor parte de los países avanzados la han abolido. Arabia Saudita la aplica aún por transgresiones religiosas o morales. El país que más ejecuciones realizó en 2007 ha sido China. Irán, Paquistán y Estados Unidos registran decenas de ejecuciones. Es de preguntarse: ¿Acaso la pena de muerte es una acción disuasiva? ¿La cadena perpetua lo es? La experiencia nos dice que los peores criminales no tienen regeneración; que el mayor temor de los humanos es la pérdida de la vida. Hay ciertos crímenes paradigmáticos de tal crueldad y violencia —no sólo el secuestro— que es imposible dejar de considerar la pena de muerte como una opción. ¿De qué otra manera puede detenerse la locura homicida que vivimos y tanta atrocidad de la delincuencia organizada? Frente a los derechos humanos de los criminales, están también los derechos de tanta víctima indefensa y los de una colectividad aterrorizada que reclama se instaure la pena de muerte como legítima defensa de la sociedad. Santo Tomás de Aquino escribió en su Suma Teológica: “De la misma manera que es lícito y conveniente amputar un brazo o cualquier miembro a una persona para salvarle la vida y la salud al resto del cuerpo, lo es también eliminar al criminal pervertido mediante la pena capital para salvar al resto de la sociedad”. Platón, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, 350 años antes de Cristo, sostuvo que “la pena de muerte es el medio político para eliminar de la sociedad a un elemento nocivo y pernicioso”. Destacar es la culpa inmensa: el pecado que nadie perdona a nadie. Los errores perduran, bíblicamente, hasta que pasan muchas generaciones; pero los aciertos se olvidan pronto. Y se olvidan con silenciosa tenacidad; pero no procede inquietarse mucho por el olvido de los demás. Lo importante es preverlo a tiempo para no tener que adoptar, al fin, la costumbre de perdonarlos. Dios no tiene nombre, porque no lo necesita. Es inidentificable porque es infinito. Dios es sin tiempo y sin límites y sin forma, porque es infinito, ¿qué forma tiene? No hay palabra que pueda señalarlo. Por eso en el viejo judaísmo ortodoxo Dios es Adonai, el Señor, que no es nombre sino reverencial referencia. FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com Temas Seguridad Política Pena de muerte Lee También José Jerí asume como presidente de Perú Detienen a una mujer en Zapopan tras presuntamente robar un Costco Congreso de Perú destituye como presidenta a Dina Boluarte La distopía de Clara Brugada Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones