Sábado, 01 de Noviembre 2025
México | Falta cultura alimenticia

Diabetes amenaza los servicios médicos del país

Expertos coinciden en que es necesario cambiar el modelo de atención hacia la persona diabética

Por: SUN

Érika Segundo fue intervenida en el Hospital ''General Rubén Leñero'' para combatir su obesidad. EL UNIVERSAL  /

Érika Segundo fue intervenida en el Hospital ''General Rubén Leñero'' para combatir su obesidad. EL UNIVERSAL /

CIUDAD DE MÉXICO (16/NOV/2011).- La epidemia de diabetes en México no se frenará en los próximos años, al contrario, tiende a crecer. Lo más grave es que cada vez afecta a grupos poblacionales más jóvenes, de 20 a 39 años de edad, alertan especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), autoridades de salud y agrupaciones civiles.

Al celebrarse el Día Mundial contra la Diabetes este lunes, esta enfermedad, que es silenciosa en sus inicios, presenta dos caras en México: las personas que la aceptan y siguen sus tratamientos, y aquellas que a pesar de saber que son diabéticas siguen con sus malos hábitos alimenticios y no toman sus medicinas, lo que impactará en mediano plazo los servicios médicos del país.

Estos pacientes no tratados, dice Carmen Reyes de Ortega, directora ejecutiva de la Asociación Mexicana contra la Diabetes (AMD), viven continuamente con niveles altos de glucosa que dañarán sus órganos, y esas son las complicaciones que van a costar la vida de las personas.

“Porque llegarán a las salas de urgencia por problemas renales, de vista, de piel y hasta con riesgo de amputaciones de alguna de sus extremidades inferiores”.

Ruy López Ridaura, jefe de la Unidad de Investigación en Diabetes y Enfermedades Cardiovasculares del INSP, comenta que tan sólo por atender a los pacientes con esta enfermedad se calcula que el Gobierno eroga hasta 300 millones de dólares al año.

En México hay 7.5 millones de diabéticos, aunque algunas estimaciones advierten que esta cifra podría alcanzar los 12 millones, de los cuales sólo la mitad se atiende adecuadamente.

La Dirección General de Información en Salud de la Secretaría de Salud informa que la diabetes es la primera causa de muerte entre los mexicanos en edad productiva. Tanto en hombres como en mujeres, las tasas de mortalidad muestran una tendencia al alza en ambos sexos con más de 70 mil muertes y 400 mil casos nuevos anuales.

Estudios alertan que 30% de la población tiene alto riesgo de ser diabética y 50% de ellos no lo sabrán, ya que es una enfermedad que se puede tener y no manifestarse clínicamente hasta unos 10 años después de adquirida.

“El tener la glucosa alta no duele, no es algo inmediato, no hay crisis, se puede ir por la vida sin atención médica, pero a lo largo de los años sabemos que empieza a haber daños en los órganos”.

Desdén ante la afección

Los mexicanos, no asumen que la diabetes es un padecimiento grave, porque no se le enfrenta de inmediato, “pero después de cinco a 10 años llegan corriendo a las salas de urgencias, porque ya tienen un problema de riñón, de vista o un dedo infectado del pie, que no quiere cerrar y hay que amputar... Sin embargo, todo eso tiene una respuesta positiva cuando se atiende perfectamente y vigila”, dice Carmen Reyes.

Tanto especialistas como activistas coinciden en que se necesita cambiar el modelo de atención hacia el paciente diabético, donde éste sea más proactivo, además de fortalecer las medidas de detección y prevención. Que el nuevo “armamento en medicinas” se incluya en el cuadro básico de medicamentos del Sector Salud.

Con eso, afirman, se evitará que más de 3.5 millones de mexicanos se pierdan en el camino, y regresen a atención médica cuando están a punto de perder la vista, un riñón o una pierna a causa de un dedo infectado. La mayoría de las personas, cuando se les notifica que tienen diabetes, no aceptan que tienen un padecimiento crónico que los acompañará el resto de sus vidas.

De ahí, afirma Ruy López Ridaura, que de los siete y medio millones de mexicanos que tienen diabetes, más de la mitad no llevan un buen control, que implicaría, por lo menos, de tres a cuatro consultas por año. Sin embargo, datos recabados por el INSP reflejan que más de 40% de los diabéticos sólo acudió a una consulta médica por año y 30% no se hizo exámenes de la glucosa en sangre.

Corresponsabilidad

Ruy López aclara que los médicos del Sector Salud también deben saber dar una mejor respuesta al paciente para evitar que por miedo o desconocimiento ya no regrese por ayuda médica.

Carmen Reyes destaca que la persona diabética debe ser informada y motivada a adoptar un plan de alimentación saludable.

Cifras de la Secretaría de Salud apoyadas por investigaciones realizadas en el INSP, así como datos de las agrupaciones civiles, alertan que todos los días hay nuevos casos de diabetes, y lo más grave es que ahora se presenta a edades más jóvenes.

Hace 10 años, establecen, el mayor índice de diabetes se ubicaba en las personas mayores de 55 años de edad, y ahora hay jóvenes y niños con diabetes tipo dos cuya expectativa de vida es preocupante, porque pueden desarrollar complicaciones en salud.

La diabetes tipo dos tiene varios factores de origen, pero el más importante es por los malos hábitos alimenticios asociados al sedentarismo y la obesidad de la población mexicana.

En su página web, la Federación Mexicana de la Diabetes indica que según estudios, 90% de los diabéticos tienen diabetes mellitus tipo dos, esto es, que tienen una producción insuficiente de insulina para absorber la glucosa que consumen, mientras que 10% de los diabéticos son del tipo uno.

De acuerdo con los especialistas en salud, una persona con diabetes, que tiene un buen control de su enfermedad, puede vivir bien durante muchos años y no debe morir por complicaciones de este padecimiento.

NUMERALIA
Panorama nacional

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a 39 años tienen las personas que contraen hoy el padecimiento. Esta enfermedad es la primera causa de muerte entre los mexicanos, revela la Secretaría de Salud federal.

7.5 millones de diabéticos hay en México, cifra que puede dispararse hasta los 12 millones de enfermos.

300 millones de dólares invierte el Gobierno en la enfermedad, al año. Estiman que 30% de la población está en alto riesgo de padecerla.

400 mil casos nuevos registra el país anualmente del padecimiento.

CRÓNICA
A sus 23 años pesaba 98.4 kilos


El quirófano está listo. Son las 8:36 horas. Érika Segundo, de 23 años, aguarda recostada sobre una camilla adaptada para soportar hasta 500 kilos de peso. Está tranquila, al menos eso es lo que dice. “De esta operación espero prevenir enfermedades y combatir mi obesidad”. Pesa 98 kilos 400 gramos y su peso ideal oscila entre los 60.

El equipo de ocho personas, entre cirujanos, anestesiólogos, enfermeras, enfermeros y asistentes se declara listo. El anestesiólogo hace su labor, 10 minutos después Érika ya duerme profundamente.

Continúan con la colocación de una sonda e introducen al cuerpo de ella una aguja encargada de meter bióxido de carbono para que su abdomen se infle y los médicos puedan trabajar. Cinco pequeñas heridas marcan ya la zona de trabajo, a través de éstas se podrán meter los instrumentos de trabajo.

La cámara entra. Para ojos inexpertos no hay distinción, todo se ve color rosa; es el intestino y el estómago, luego unas paredes amarillas recubren gran parte del área a trabajar, es la grasa acumulada en el cuerpo de Érika y que se aferra a sus tejidos. Marcos Castañeda es quien realizará la cirugía; sus manos dirigen pinzas y grapas, otros dos cirujanos lo asisten, son quienes manejan la cámara y están encargados de mantener al hígado lejos de la maniobra.

Da la orden de que se le acerque la engrapadora endógena que tiene la capacidad de cortar y engrapar de manera instantánea el tejido; se escucha un disparo rápido, en el que la engrapadora descarga entre 30, 45 o 60 grapas miniaturas al instante.

El corte está hecho. Ahora Érika tiene dos estómagos, uno con capacidad de 40 mililitros y el otro que jamás volverá a procesar alimento. Las grapas de titanio se quedarán y serán encapsuladas por el cuerpo.

Los cirujanos miden un metro de intestino delgado y ahí realizan un corte que será unido al nuevo pequeño estómago, tras reforzar con hilo cada corte se realiza la prueba final. Azul de metileno se introduce al cuerpo de Érika para verificar si hay “fuga” a través del intestino y el estómago apenas unidos. La prueba concluye y no hay rastro de color azul.

“Es todo. Terminamos, gracias”, le dice Marcos a su equipo. Son las 11:45 horas. Más tarde Érika despierta. “Me siento bien, sólo tengo mucho sueño”, dice y cierra los ojos; los efectos de la anestesia aún no terminan. Dos días después su semblante es distinto. “Me siento con algunas molestias, pero estoy contenta y tranquila, sé que lo voy a lograr”. Ella permaneció en lista de espera un año, se preparó y hoy la cirugía es una realidad y con ello “la oportunidad de una nueva vida más sana”.

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