Domingo, 12 de Octubre 2025
El coronavirus no detiene sus actividades, las multiplica, pues ahora también son tutoras. ESPECIAL
Jalisco

La pandemia, una prueba de fuego para las madres tapatías

De mantenerse activas depende que en sus casas haya agua, luz, ropa y alimento en la mesa

 

El Informador

No hay nada que las detenga. Pandemia o no, las madres tapatías no sólo han mantenido sus actividades diarias durante la contingencia por COVID-19, sino que las han incrementado debido al reto que suponen las clases en línea de sus hijos. La alerta sanitaria transformó tanto sus vidas que también las volvió tutoras. Pero eso no es todo, pues muchas de ellas son el sostén del hogar y de sus actividades laborales depende que cada día haya ropa en el armario, luz en el hogar y alimento en la mesa.

Giovanna, Blanca, Mayela, Montserrat, Yésica y Paulina son seis madres tapatías que han hecho frente a la alerta sanitaria con responsabilidad y profesionalismo, pues pese a la Fase 3 continúan en el trabajo. Porque, para ellas, el mundo entero puede caerse a pedazos, pero la atención hacia sus clientes, el cuidado de sus pacientes, el trato con sus compañeros y las necesidades de sus pequeños no pueden ni van a detenerse, sin importar la dimensión de la pandemia.

Este 10 de mayo, todas pasarán su día especial en casa acompañadas por sus hijos. Pero sólo se tomarán un respiro para retomar su actividad un día después. Porque eso es lo que toca. Porque todas están seguras de que la prueba de fuego que les ha puesto el coronavirus desde hace casi dos meses eventualmente se convertirá en sólo un recuerdo amargo.

Lidiar con el caos

Giovanna Flores, profesora y odontóloga

Conoció a Santiago, su primer hijo, hace 10 años. Ossiel, el segundo, vino al mundo dos años después. Y desde entonces, Giovanna los ha integrado en su vida profesional, pues entre las clases que da en una universidad privada y la atención de su consultorio de odontología, es así como los disfruta y ve crecer.

A ella la pandemia le ha significado tropiezos, pero a su vez oportunidades. “Por un lado, las clases en línea no se aprovechan igual, pero por el otro, las cosas comienzan a recuperarse en el consultorio. Al principio no venía nadie, estaba bastante solo porque todos nos ‘paniqueamos’, pero ya está volviendo un poco a la normalidad. De hecho, hasta hay pacientes nuevos”. 

Ella es madre, doctora, maestra y ahora también es tutora. “Porque, ya sabes: ‘no le entiendo’, y ahí estamos revisando la actividad y mandando las evidencias a los maestros. Es un caos. Por suerte no he terminado loca”. 

La crisis por coronavirus le ha causado episodios de estrés, pues tampoco el dinero fluye en la misma proporción, pero ha tratado de adaptarse y que sus hijos sufran lo menos posible la pandemia.

Lo peor de todo es no ver a mamá

Blanca Trujillo, coordinadora de compensaciones

En su vida hay dos prioridades: sus hijos y su mamá. Para ellos trabaja y por ellos sale todos los días a laborar en una empresa de frutas en el Mercado de Abastos. Pero la pandemia la ha golpeado fuerte en ese sentido, pues por un lado no convive mucho con sus hijos en el hogar para reducir los riesgos de contagio, y por otro lado tiene desde marzo que no ve a su mamá, quien es una adulta mayor con problemas de salud a quien de ninguna manera pretende exponer al COVID-19.

Blanca, quien llegó a ese puesto un mes antes de que los estragos de la pandemia impactaran a Jalisco, no trabaja en casa. Sus jefes le dieron esa opción pero, al tener relativamente poco tiempo en ese espacio y muchas trabas con las plataformas de ciertas instituciones bancarias, prefiere estar en campo para resolver si alguna eventualidad se presenta.

Este 10 de mayo, su familia tendrá una misión especial: los tres saldrán a cantar “Las Mañanitas” afuera de la casa de su mamá, le acercarán un pequeño presente y regresarán a casa. Todo con la mente puesta en un futuro cercano en el que ya sea posible abrazarla y decirle cuánto desea estar a su lado.

Un reto satisfactorio

Paulina Gallardo, ejecutiva de Promoción en la UAG

Ella tiene tres papeles fundamentales: mamá, profesionista y ama de casa. Y, debido a la pandemia, hoy los realiza al mismo tiempo. Es ejecutiva de promoción en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), por lo que su labor nunca se ha detenido. 

“Tengo un año y dos meses de mamá. Nos va bien, pero es más pesado. Sin embargo, todo se puede con organización. Tampoco es que nos pegue mucho el aislamiento porque siempre nos quedamos en casa, entonces no hemos sentido tan de golpe el encierro”. 

Su hija Julia, su empleo y su labor en el hogar son parte de un reto que ella considera satisfactorio, pues ha logrado abarcar todas esas aristas.

“Me levanto a las 07:30; entro a las 08:00. Mi hija se levanta a las 09:00, así que voy y le instalo sus juguetes y se pone a jugar. Trabajo en el comedor y mi esposo en el estudio, entonces nos vamos turnando: Si tengo videoconferencia, él se organiza para cuidar a la niña, y si es al revés, pues lo mismo”. 

Considera que la alerta sanitaria le ha abierto un nuevo escenario que antes de ella jamás habría considerado posible: las sesiones informativas a distancia y tratar con padres de familia a través de aplicaciones como WhatsApp, un método que, concluye, le ha resultado más que exitoso.

Proyectos frustrados, pero siempre hay ánimo

Yesica González, asesora de ventas

Justo antes de que la economía global colapsara, Yesica tenía tres proyectos en puerta a punto de consolidarse. Eran contratos importantes que le habrían permitido una decorosa bonificación para mantenerse un poco más holgada en gastos y no vivir al día. Pero el coronavirus llegó, las autoridades limitaron los giros abiertos y todo se detuvo.

Tiene dos hijos: Matías y Lucca, el primero de tres años y el segundo de nueve meses. Y gracias a su madre, la situación le resulta un poco menos complicada. “Los niños apenas estaban en proceso para entrar a la guardería cuando esto sucedió. De no ser por mi mamá, no podría”.

Como atraviesa una complicación en la salud, recientemente fue al hospital. Cuando llegó, su mamá prácticamente la bañó en desinfectante para reducir el riesgo de que contagiara a sus hijos. “Ella es mi gran apoyo; le debo mucho. Prácticamente es la única que sale a comprar las cosas si falta algo. Los niños no salen para nada”.

Lo malo es que el encierro la ha golpeado. “Soy una persona muy aprehensiva. Me siento cansada, no al 100. Me agoto y me desespero. A Matías procuraba llevarlo al cine o salir a dar una vueltita, su espacio, porque él reclama ese tiempo, y con el estrés, el encierro, la casa es pequeña… pues tengo a veces episodios de ansiedad, pero estoy con ánimos siempre”.

Una oportunidad para estar más unidas

Mayela Castillo, funcionaria pública

Mayela encuentra matices distintos en la pandemia. Por un lado está feliz, pues ha logrado tener más tiempo en compañía de su hija de siete años, Maya. Por el otro, está la distancia con el resto de su familia. “Es una bendición y una maldición a la vez. Me ha dado la oportunidad de unirme a mi hija un poco más, y de entender un poquito esta conceptualización de madre-hija no en lo social, sino en lo práctico. Que ella también vea lo que hago, en lo que trabajo, y que a veces ella no entiende”.

Antes de que el COVID-19 impactara en la Entidad, Mayela acudía a trabajar en la Secretaría de Cultura mientras sus padres le ayudaban a cuidar a su pequeña. Y al salir y recogerla, le ayudaba con la tarea, la bañaba, daba de cenar e incluso se daban un tiempo para jugar. Antes le era difícil estar presente en los festivales o juntas escolares, pero al menos por estas fechas es “mucho más sencillo fluir”.

Lo difícil, al principio, fue hallar sinergia entre su trabajo de oficina en casa y su ejercicio de madre, sobre todo porque su hija siempre ha pensado que se encuentra de vacaciones. 

El reto, entonces, ha sido tratar de explicarle que la realidad es mucho más delicada, que debe atender sus deberes escolares y que ahora debe ver a sus abuelos a través de una pantalla para no exponerse.

Admiro aún más a los maestros

Montserrat Jiménez, operadora administrativa en una institución de crédito

Además del reto de mantenerse activa en el trabajo y cuidar de su hijo Santiago, a Montserrat le ha quedado muy clara una lección durante la contingencia por COVID-19: los maestros realizan una labor invaluable para la sociedad.

“Ahora los admiro más. Si no tuviera que trabajar, supongo que sería más fácil dedicarle las cuatro horas que la escuela te pide que hagas tareas con él, pero al combinarlo con tareas y actividades, con hacer la comida, tener la casa medio decente y lavar, sí es bastante complicado”.

Al verla siempre en casa, su hijo cree que siempre está para él, por lo que le ha tenido que explicar que, incluso allí, está respondiendo a sus jefes y atendiendo indicaciones.  

Ella acude una semana a la sucursal donde labora y otra semana la trabaja desde casa. Es una decisión propia, y para lograrlo se apoya del padre de su pequeño. 

Eso sí, su mayor preocupación está a la distancia, en las secuelas financieras que dejará este escenario. “Me preocupa la situación económica en la que vamos a quedar al seguir en este ritmo; me preocupa el cambiar de rutinas tan drásticas a mi hijo. Me apura no ser tan buena maestra y que lo atrase en lugar de mantener el nivel que en la escuela le dan”.