Sábado, 11 de Octubre 2025
Internacional | Conmemoran en La Habana los 50 años de la revolución cubana

Las huellas de Fidel están frescas 50 años después

En Cuba se dice que quien domina la Sierra Maestra domina la isla, y ésta fue siempre de Fidel. Allí vivió su época más feliz

Por: AFP

SIERRA MAESTRA, CUBA.-  Refugio impenetrable del ejército  de barbudos de Fidel Castro, la Sierra Maestra, collar montañoso del sureste de  Cuba, se yergue imperturbable como gigantesco monumento natural a la revolución  que el jueves llega a sus cincuenta años.

Fue desde allí, entre ríos, bosques, cumbres y valles, donde el legendario  guerrillero dirigió una lucha de 25 meses contra el dictador Fulgencio Batista,  que llevó al triunfo de la revolución el 1º de enero de 1959.

Subió a la Sierra al mando de una docena de hombres -entre ellos su hermano  Raúl y el argentino Ernesto Che Guevara- sobrevivientes del ataque lanzado por  el ejército de Batista contra los 81 expedicionarios que llegaron a Cuba desde  México en el yate Granma el 2 de diciembre de 1956 para combatir al régimen.

Era un puñado de hombres y siete fusiles pero aún así Fidel, fiel a su  estrategia de convertir el revés en victoria, lanzó una consigna premonitoria: “Ahora sí ganamos la guerra", exclamó. Seis meses después su ejército rebelde  era un centenar, la mayoría campesinos, y llegaron a tres mil, en guerra contra  80 mil militares.

Ascendiendo por lomas escarpadas en la espesura de un bosque exuberante se  llega a La Plata, escenario de la primera victoria en la Sierra y donde Fidel  fijó el 17 de enero de 1957 la comandancia rebelde en un amasijo de casitas de  madera y palma.

Declarada entonces territorio libre, la Sierra fue estratégica por su  intrincada geografía (que abarca 250 km de largo por 60 de ancho) y su cercanía  a Santiago de Cuba, bastión urbano de la guerrilla.

Luis Ángel Segura, conservador del museo que es hoy La Plata, la describe  como "la cumbre de los hechos bélicos de la revolución, que para Fidel fue el  abrigo del campesinado que le tuvo fe".

"Yo les daba comida, a veces sin sal; lo que apareciera, porque estábamos  en guerra. Un día los soldados me cogieron preso. Hacían mucha maldad. Mataban  y quemaban las casas", relata Crescencio García, en un caserío de la Sierra.

Alzando la voz por encima del canto de un gallo trasnochador, este guajiro  de 72 años, 12 hijos y un banda de nietos, afirma que "cuando eso eran pocos  los rebeldes y se dudaba que ganaran por fajarse con un Estado sin tener los  'apreparos' (pertrechos)".

"Pero la gente empezó a cooperar hasta que triunfaron", añade Eduardo  Reyes, barbero de 63 años, que recuerda cómo "los aviones andaban en la zona  hechos una fiera".

Aunque no había nacido, su vecina Marisol Pérez cuenta que sus padres  ayudaron porque pasaban "mucha necesidad". "Hoy uno es pobre, pero mis hijas  pudieron estudiar", dice la mujer de 45 años, limpiando frijoles en el portal  de su humilde morada.

Morral al hombro, turistas suben a la meca guerrillera tomándose fotos  sudorosos y con el fango hasta el tobillo, prueba de la dura travesía. "Vine  tras las huellas de Fidel y el Che", dice el alemán Heiner Haufmann, de 52  años, con tatuaje de Guevara en su brazo izquierdo.

De camiseta con el rostro del Che, Dixán Cruz, de 32 años, llega en un  grupo de jóvenes cubanos. "Hoy nosotros debemos pasar al frente y para eso hay  que revivir la historia", comenta, al referirse a la enfermedad de Fidel y a la  delegación del poder en Raúl.

Camino a La Plata hay signos de esos nuevos tiempos. "Viva Fidel, viva  Raúl. Esta revolución está en transición, pero hacia más socialismo, más  comunismo", dice en la pared de una escuelita.

Nunca descubierta por los soldados, la comandancia albergó un rústico  hospital, la cocina, el polvorín, Radio Rebelde y la casita de Fidel, aún con  su cama doble de caoba, librero, escritorio y un refrigerador de queroseno con  el impacto de metralla hecho por la aviación de Batista cuando era llevado al  lugar.

Cincuenta años después las huellas están frescas. Incrustados en un  frondoso árbol de 'marañón de la Sierra' hay proyectiles que disparaba Fidel  cuando probaba un fusil.

En Cuba se dice que quien domina la Sierra Maestra domina la isla, y ésta  fue siempre de Fidel. Allí vivió -confesó una vez- su "época más feliz".

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