Internacional | La realidad, tras una década de invasión La democracia no llega a Iraq; la nación sigue dividida Una nación con crisis de gobernabilidad, sin empleos y con instituciones muy débiles, es la que deja Estados Unidos Por: EL INFORMADOR 28 de diciembre de 2011 - 02:12 hs Policías iraquíes revisan a un conductor y su vehículo, tras los atentados en Bagdad. EFE / BAGDAD, IRAQ (28/DIC/2011).- Miles de muertos, una nación en llamas, perspectivas económicas dudosas y un futuro sombrío, aparecen como el legado de la intervención de Estados Unidos en Iraq. Barack Obama, cumpliendo una de sus promesas de campaña y con una crisis de deuda que amenaza su reelección, decidió proclamar el cierre de la misión y agradeció a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos “que dieron su vida en la batalla por la democracia”. A ocho años de que las fuerzas de la coalición aterrizaran en Iraq, la pregunta sigue en el aire ¿cuál fue el motivo de la intervención? ¿El Iraq pos Hussein es mejor que el dirigido por el autócrata? ¿Saddam representaba una amenaza para Occidente? La intervención comenzó ilegítima y culminó con serias dudas. Habrá que dar un vistazo para recordar la espalda que Estados Unidos le dio a las instituciones internacionales, en particular al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La ruptura con las naciones más importantes de Europa (Francia y Alemania) fue severa. George Walker Bush se refería a la Europa vieja, la que representaban Francia y sus aliados, y a la Europa Nueva, aquella surgida en el Este y que apoyó los planes de intervención de Estados Unidos. Al final, la justificación de las armas de destrucción masiva, nunca fue palpable y se optó por la vía unilateral, desconociendo la importancia de un consenso en un escenario de guerra. Y como bien señala Immanuel Wallerstein, el ilustre pensador estructuralista nativo de los Estados Unidos, “la complejidad étnica y cultural de Iraq fue el verdadero Waterloo de Estados Unidos”. La idea de una batalla tradicional ejército contra ejército, centralizados, nunca existió. La resistencia iraquí nunca se fincó en la intervención inicial, sino en un interminable laberinto de conflictos internos que Estados Unidos nunca previó a cabalidad. Antes de terminar su primer mandato, Bush se apresuró a catalogar la guerra con la pomposa frase de “Mission Accomplished” (misión cumplida). Nada más lejos de la verdad. A partir de ese hecho, la política apareció como la única herramienta para cimentar una base institucional mínima en un país, que a diferencia de lo que pensaban los neoconservadores americanos, no podía inclinarse inercialmente hacia una democracia occidental clásica. Las particularidades iraquíes no debieron de haber sido soslayadas. La complejidad étnica: chiías, sunitas, kurdos y baazistas del viejo régimen, buscaban imponer sus condiciones en el nuevo régimen. La democracia no se impone, diría Edgar Morín, la democracia se construye atendiendo a los factores estructurales internos. Actualmente, la dispersión del poder complica la gobernabilidad mínima del país. Sin embargo, con la presencia de las tropas norteamericanas, el proceso sería aún más tortuoso. Barack Obama toma la decisión adecuada: ahora la tarea debe caer sobre el pueblo iraquí, la tutela americana era inaceptable para muchos sectores de la sociedad. Iraq debe recobrar de poco a poco la soberanía sobre la dirección económica, la generación de una política energética autónoma y la construcción de un régimen político incluyente. La doctrina Petraeus, proveniente del ex jefe de la operación con este apellido y de nombre David, se basó en la negociación continua y la cesión de derechos tanto a grupos radicales como moderados. Eso pudo resolver la violencia a corto plazo, sin embargo no puede ser la estrategia en la construcción de un sistema político sustentable. La herencia de Estados Unidos en Iraq es compleja: una alianza de Gobierno débil que mantiene en el trono a Nuri al Maliki; la exclusión institucional de los kurdos; una economía que no cuenta con bases sólidas para asegurar empleos y crecimientos; y una política energética subyugada a los intereses más amplios de las petroleras de Occidente. Así, lo que queda de conclusión es: la democracia no se impone; la intervención suele ser contraproducente. La visita de Joe Biden El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, viajará a Iraq para analizar la crisis que atraviesa el país por las diferencias entre las dos principales coaliciones políticas, según el periódico “Al Mada” cercano al presidente iraquí, Yalal Talabani. El diario, que cita al consejero del Gobierno iraquí Adel Bruari, dijo que la visita de Biden es para estudiar las consecuencias de la crisis entre la alianza de Estado de Derecho, del primer ministro Nuri al Maliki, y Al Iraqiya, del vicepresidente suní Tareq al Hashemi, sobre el que pesa una orden de arresto por supuestos delitos de terrorismo. EL PAÍS HOY:El Iraq post Estados Unidos Economía: un sistema que no crece a los niveles esperados para generar empleos para la población. Política: instituciones degradadas y marcadas por la división étnica. Social: rivalidades entre minorías producidas por la estrategia política de favorecer a grupos que apoyaron la estrategia de Estados Unidos. Energía: Iraq es una de las naciones con más reservas de petróleo en el mundo; sin embargo, la orientación hacia el mercado propuesta por Estados Unidos, provoca que la explotación a favor de los intereses de Washington, sea prácticamente nula. Temas Medio Oriente Iraq Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones