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Domingo, 20 de Enero 2019
Internacional | Modificarán el Tratado de Schengen

Europa ya no quiere más migrantes

El incesante flujo de personas sin papeles y los frecuentes ataques terroristas obligan a las autoridades a modificar leyes

Por: SUN

30 mil personas se estima que se encuentran detenidas por el hecho de no tener papelesen Europa. ARCHIVO  /

30 mil personas se estima que se encuentran detenidas por el hecho de no tener papelesen Europa. ARCHIVO /

MADRID, ESPAÑA (01/AGO/2011).- El 14 de junio de 1985, cinco estados miembros de la entonces Comunidad Económica Europea (la actual Unión Europea): Alemania, Francia, Luxemburgo, Bélgica y Holanda, firmaban en la localidad francesa de Estrasburgo el Tratado de Schengen. Por primera vez en la historia del Viejo Continente se suprimían las fronteras comunes.

Europa aspiraba a ser una potencia mundial al nivel de Estados Unidos, a tener una única voz, a ser la defensora de los derechos humanos, de las libertades, de la democracia, y a cooperar con los países más desfavorecidos.

Diez años después entraba en vigor el Tratado de Schengen y durante los años siguientes la mayoría del resto de los 27 países miembros lo suscribían. Europa creaba una única frontera exterior y el sueño de muchos: la libre circulación de personas, se hacía realidad. Ya no había que esperar largas filas en las fronteras, ni enseñar el pasaporte, ni pasar por aduanas. Bastaba, por ejemplo, llegar a España procedente de México para de ahí viajar libremente por todo el territorio Schengen.

Hoy, las cosas han cambiado. El próximo mes de septiembre los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se van a reunir.

Su objetivo: modificar el Tratado de Schengen. Se han dado cuenta de que la libre circulación de personas no es una buena idea, sobre todo cuando se producen revueltas en el Norte de África y a sus países llegan flujos masivos de inmigrantes que ninguno de ellos quiere acoger. Y ahora son menos solidarios y buscan cómo dar marcha atrás. Por eso van a intentar ponerse de acuerdo para reintroducir temporalmente controles fronterizos dentro del territorio comunitario, en caso de flujos masivos de inmigrantes. Argumentan que es mejor que el tratado se modifique, a que desaparezca.

“Romper Schengen, uno de los tratados más importantes para construir una Europa realmente unida, es todo un síntoma de lo que empieza a pasar en el Continente”, asegura el abogado Francisco Muro de Iscar.

“La crisis está haciendo que muchos opten por tratar de salvarse solos, ignorando la solidaridad, y se está provocando que algunos den la espalda a los derechos humanos y cierren las puertas a los más desfavorecidos”, añade. “El problema no es sólo ético o moral, porque no se pueden poner puertas al campo ni se pueden apoyar las revoluciones democráticas en el Norte de África o en los países árabes y al mismo tiempo cerrar nuestras fronteras. Es una hipocresía y un desafío al sentido común”, asegura.

Los más duros


La propuesta ha partido de París y Roma. Tanto el presidente francés, Nicolas Sarkozy, como el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, defienden las posturas más duras contra la inmigración. Sarkozy por las elecciones del próximo año y Berlusconi presionado por sus socios de Gobierno de la Liga Norte. Pero ambos porque han sido las principales “víctimas” de las oleadas de inmigrantes irregulares procedentes del Norte de África.

En el caso de Italia, han sido más de 35 mil los inmigrantes económicos y refugiados políticos que han llegado a sus costas en estos últimos meses procedentes de países como Túnez y Libia. De allí, y gracias al Tratado de Schengen, han podido viajar a Francia, donde muchos de ellos tienen familia. Berlusconi les otorgó una documentación provisional con la excusa de un sentimiento humanitario, pero con la intención de facilitarles su llegada a Francia y así quitárselos de en medio, lo que provocó un conflicto con Sarkozy, quien cerró la frontera ante la pasividad de la Comisión Europea.

Para Juan Escudier, la sensibilidad de Francia e Italia en temas de inmigración “es similar a la de una piedra pómez, pero no es menor a la del resto de países de la UE”.

El periodista recuerda la reacción española ante las oleadas de cayucos (pequeños barcos de madera con inmigrantes africanos) llegados a las Islas Canarias (Sur de España frente a las costas de África) y la exigencia de que la agencia europea dedicada al control de fronteras, Frontex, actuara de forma preventiva impidiendo su llegada, “lo cual era saltarse tanto la Convención de Ginebra sobre los refugiados como la del Derecho del Mar de la ONU, que no contempla que un barco pueda inspeccionar a otro en alta mar”.

Pero Francia e Italia no han sido los únicos. El resto de los países europeos son conscientes de que la libre circulación de personas permite, a la vez, la libre circulación de terroristas.

No olvidan los atentados terroristas de septiembre de 2001 (11-S) en Estados Unidos perpetrados por Al-Qaeda, ni los del 11 de marzo de 2004 (11-M) en Madrid o los del 7 de julio de 2005 (11-J) en Londres. Y ahora ven con preocupación la masacre ocurrida en Noruega, en la que han muerto 77 jóvenes militantes del Partido Laborista a manos de un ultraderechista xenófobo.

Por lo pronto, Dinamarca ya ha dado el primer paso: ha ignorado Schengen y ha restablecido los controles fronterizos lo más rápidamente posible y de forma permanente con Alemania y Suecia. Y lo ha hecho con el apoyo del xenófobo Partido del Pueblo. De acuerdo con el Servicio Migratorio Danés, hasta 2001 los principales solicitantes de asilo eran afganos (25%) e iraquíes (24 por ciento).

Las cifras
Maltratos y recursos multimillonarios


250 centros de internamiento para extranjeros existen en Europa, según la Organización Internacional para las Migraciones.

30 mil personas se estima que hay detenidas por el sólo hecho de no tener papeles;  algunas permanecen hasta 18 meses aseguradas, y no son infrecuentes los casos de maltrato físico y discriminación.

25 mil y 30 mil millones de dólares dedican al año los 25 países más ricos del mundo en identificar, rechazar y expulsar a las personas que no cuentan con papeles y que llaman a sus puertas.

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