Sábado, 11 de Octubre 2025
Internacional | Miles de manifestantes siguen en El Cairo

Eligen primer ministro provisional en Egipto

Kamal al Ganzouri permanecerá al mando hasta las próximas elecciones generales en siete meses

Por: REUTERS

El jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Mohamed Hussein (der.), durante una reunión con Kamal al Ganzouri. REUTERS  /

El jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Mohamed Hussein (der.), durante una reunión con Kamal al Ganzouri. REUTERS /

EL CAIRO, EGIPTO (25/NOV/2011).- La Junta Militar que gobierna en Egipto designó a Kamal al Ganzouri como nuevo primer ministro y le encargó integrar un nuevo gabinete, en un intento por frenar las protestas y la violencia de las últimas semanas.  

Ganzouri, de 78 años, fungió entre 1996 y 1999 como primer ministro del depuesto mandatario Hosni Mubarak, de quien se distanció al iniciar las manifestaciones que exigían un cambio de régimen en el país árabe, informó la cadena de televisión Al Jazira.  

En tanto, una tregua entre policías antidisturbios y manifestantes logró calmar una serie de violentos enfrentamientos que han dejado 39 muertos en cinco días, mientras el Ejército dijo que no habrá demoras en las elecciones parlamentarias previstas para la semana próxima.

Ganzouri encabezó entre 1996 y 1999  un gabinete que llevó adelante algunas medidas de liberalización económica. Muchos egipcios lo ven como un funcionario que no se vio manchado por la corrupción, pero su actuación en la era Mubarak podría generar reclamos de los que piden un corte total con el pasado.

Los manifestantes prometieron quedarse en la Plaza Tahrir de El Cairo, que vuelve a ser el lugar de reunión para las protestas en el país árabe más poblado del mundo, hasta el fin del Gobierno militar.

“El pueblo demanda la ejecución del mariscal”, gritó la multitud, en referencia al mariscal de campo Tantawi, que fue el ministro de Defensa de Mubarak durante 20 años.

En un comunicado, los manifestantes convocaron a una marcha de un millón de personas en “el viernes de última oportunidad” para apoyar la demanda de una transferencia inmediata al poder civil a través de un Gobierno de salvación nacional.

La federación independiente de comercio llamó a los trabajadores a marchar a Tahrir. Otro grupo de derechos laborales convocó a un paro general para respaldar a los manifestantes. Los sindicatos jugaron un papel importante en el movimiento que derrocó a Mubarak.

Las manifestaciones parecen haber polarizado a los egipcios, muchos de los cuales temen que los disturbios prolonguen el estancamiento económico que ha agudizado la pobreza de millones de personas.

Aquellos que respaldan al consejo militar dijeron que podrían desarrollar una marcha para respaldar al Ejército. En un comunicado en su página de Facebook, el consejo militar dijo que “apelaba a que cancelen la marcha” y señaló que quería evitar divisiones.

Se debilita libra egipcia

En un nuevo golpe a la confianza, la libra egipcia se debilitó a más de seis frente al dólar por primera vez desde enero de 2005, y Standard & Poor’s recortó la calificación de crédito de Egipto.

El consejo militar gobernante en Egipto, que ha prometido que las elecciones parlamentarias comenzarán el lunes como estaba previsto, dijo que estaba haciendo todo lo que podía para “evitar la repetición de estos acontecimientos de violencia”.

En un comunicado, pidió perdón, dio el pésame y ofreció compensaciones a las familias de los muertos y prometió una investigación para averiguar quién estaba detrás de los disturbios.

ANÁLISIS
Sólo es el comienzo    

LLUÍS BASSETS  (corresponsal del diario español El País)


Es una revolución y su camino, como el de todas las revoluciones, es incierto. La rapidez con que cayeron los dos primeros dictadores, Ben Alí y Mubarak, pudo crear el espejismo de un movimiento instantáneo, limpio y eléctrico como la tecnología usada por los revolucionarios para comunicarse. Nada más lejos de la realidad: una revolución es más un proceso que un acontecimiento. Sus vericuetos son sinuosos y con frecuencia no conducen a ningún lado o regresan al punto de partida. Tienen más de laberinto oscuro que de alameda luminosa. Su éxito no está asegurado ni es como un paseo militar.

Los egipcios, a diferencia de los tunecinos, solo han despachado al faraón, que ya es mucho. Pero nada han tocado del sistema, una dictadura militar desde la misma fundación de la República en 1953, tras la expulsión del rey Faruk por parte de los Oficiales Libres encabezados por Gamal Abdel Nasser. Ni siquiera la idea de la dictadura castrense agota lo que es el Ejército egipcio. Su papel en el sistema económico es central, como lo es en la preservación del núcleo vital de los grandes intereses y los pactos estratégicos (Israel, Estados Unidos) que definen el Egipto contemporáneo.

Para Shadi Hamid, director de investigación del centro que tiene en Doha (Qatar) el “think tank” estadounidense Brookings, “la revolución egipcia, en vez de representar una ruptura brusca con el pasado, puede ser entendida mucho mejor como un golpe militar de inspiración popular” (The Arab Awakening, varios autores; Brookings Institution Press). El punto en que ha llegado ahora, a pocos días de la primera cita electoral para elegir un nuevo Parlamento, es la segunda fase de la revolución, en la que hay una pugna entre los socios anteriores, los manifestantes y los militares; unos para sustituir el actual poder militar por un poder civil y los otros para seguir ganando tiempo y evitarlo.

Si Egipto avanza hacia la supremacía del poder civil, la revolución recibirá un nuevo impulso. Ya sabemos qué sucederá si quienes avanzan y consolidan posiciones son los militares.

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