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Martes, 16 de Julio 2019
Internacional | Salud del presidente venezolano, una incógnita

Chávez, con un ''bache'' rumbo a la reelección

El presidente de venezuela se encuentra con problemas de salud, sin embargo, le hará frente a la próxima campaña electoral

Por: AP

CARACAS, VENEZUELA (27/FEB/2012).- A lo largo de su presidencia, Hugo Chávez ha dependido de su vigor y resistencia: jugando béisbol, hablando durante horas sin parar y tomando decisiones de manera improvisada mientras recorre Venezuela irradiando energía

Ahora, justo cuando más podría necesitarlo, un Chávez enfermo tiene frente a sí una campaña de reelección.

Es su rival, Henrique Capriles, quien lanzó una pelota de béisbol con jugadores de la liga infantil y abrazó a sus seguidores mientras Chávez, 18 años mayor que él, desapareció durante el fin de semana para viajar a Cuba, donde se le extirpara un tumor potencialmente canceroso.

Capriles “representa una opción contrastante, joven y llena de energía”, dijo Diego Moya Ocampos, un analista de la empresa de información económica IHS Global Insight, con sede en Londres.

Al evitar hacer ataques directos contra el presidente, el gobernador de 39 años también ha mellado, quizá inadvertidamente, el voto de consuelo que Chávez podría recibir. Capriles se ha proyectado como un político amable que no cae en confrontaciones, un marcado contraste de las agresiones verbales del presidente, quien recientemente llamó a Capriles “un cochino” y ha acusado a sus rivales de quererlo muerto.

Pero Capriles no mordió el anzuelo.

“Yo al jefe de Estado le deseo una larga vida”, dijo Capriles. “Yo quiero que él vea los cambios que se van a dar en nuestro país, que pueda ver una Venezuela de progreso, un país unido, un país donde los venezolanos pueden tener muchas oportunidades”.

Pero lanzó un pequeño dardo.

“Es importante que las personas que tienen una enfermedad bajen un poquito el tono, la confrontación. Eso no es bueno para la salud”.

La historia ha mostrado que quienes subestiman al presidente socialista lo hacen bajo su propio riesgo.

“Por el momento, la enfermedad (de Chávez) representa una debilidad política, hasta que la supere”, dijo John Walsh, un analista de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, en inglés), una organización independiente. “Si al final logra convencer a la gente de que ha vencido al cáncer, entonces la narrativa cambia a una en la que Chávez supera la adversidad, y la ventaja podría pasar a su lado”.

Chávez parecía resurgir tras su operación del año pasado, cuando estuvo en Cuba durante varias semanas para que se le extirpara un tumor maligno de su región pélvica. En ese entonces, por lo general se mantuvo alejado y se tardó en ofrecer detalles sobre lo que sucedía, lo que generó que los venezolanos hicieran conjeturas sobre su estado de salud.

Pero el cabello que perdió debido a la quimioterapia ha vuelto a crecer y Chávez volvió a hacer largas apariciones en público. El jueves habló durante cuatro horas mientras discutía su enfermedad antes de partir rumbo a Cuba. Dijo: “Les juro que viviré”.

La negativa de Chávez a revelar exactamente qué tipo de cáncer padeció y las garantías previas de que había estado completamente libre de cáncer han generado incertidumbre entre los venezolanos sobre sus posibilidades de una recuperación total.

La semana antepasada, Chávez reveló que los médicos que lo atienden en Cuba habían detectado una lesión de dos centímetros (una pulgada) cerca del lugar de donde le fue extirpado un tumor más grande el año pasado y reconoció que podría estar alejado por un buen rato. Si se somete de nuevo a terapias de radiación, podría quedar fuera de acción durante varios meses.

Ello podría dejar el campo libre para que Capriles acapare los reflectores con eventos de inauguración de obras y discursos de cara a las elecciones de octubre.

Si Chávez es incapaz de dirigir personalmente su campaña de reelección, deja la puerta abierta para que se ponga en duda su capacidad de dirigir un Gobierno, y la enfermedad mancha su añeja imagen de político invencible justo cuando la oposición, hasta hace poco fracturada, se ha unido para apoyar a un candidato único.


ANÁLISIS

Certezas de la incertidumbre

Orestes E. Díaz Rodríguez


La espesa incertidumbre que envuelve la elección presidencial venezolana no ha impedido divisar varias certezas. El presidente Hugo Chávez no ha podido recuperarse de su grave dolencia. La evolución de la enfermedad que lo aqueja eclipsará temas decisivos de la contienda. Un eventual retorno apenas garantiza que realice una campaña moderada. El oficialismo no revelará la línea sucesoria a fin de conservar la cohesión de sus huestes.

El líder opositor Henrique Capriles tiene a su favor la juventud, la visión moderada, su apuesta por conservar los programas sociales, y también, ser propulsado por internas en las que participaron casi tres millones de votantes. Pero tiene un contendiente que cuenta con fondos casi ilimitados, que sigue al pie de la letra la máxima fidelista de hacer lo que resulte necesario para mantener el status quo y después veremos, que está arropado por la batalla singular que libra contra su padecimiento, y que además, no estaría dispuesto a reconocer un resultado adverso.

Capriles debía evitar a toda costa contender con Chávez en su situación actual. Él alcanzaría mejores resultados ante un contrincante sano o su sustituto. Puede derrotar a un adversario “terrenal”, pero no a una figura mítica. El mandatario enfermo o a media máquina, es un adversario aún más formidable. Lo idóneo sería solicitar a la autoridad electoral que aplace por tiempo prudencial las elecciones. Con ello al menos envía al votante el mensaje de que  le interesa enfrentar a un oponente en su mejor forma.

En Venezuela los tiempos electorales los maneja el Gobierno. No aceptarán la propuesta. En ese caso al candidato opositor sólo le queda promover alguno de los escenarios post electorales que más le favorecen. Una victoria indiscutida sería un resultado sorprendente. Más viable parece ser lograr  un resultado tan reñido que obligue al chavismo a proclamar un triunfo ilegítimo, o vender tan cara la derrota que a efectos de la contraparte constituya una victoria pírrica.

Será también particularmente difícil alcanzar cualquiera de los últimos dos escenarios. La extensa etapa en que el oficialismo ganaba elección tras elección sin necesidad de recurrir a artimañas fue enterrada. Es de esperar que siguiendo el guión nicaragüense la maquinaria oficialista se encuentre lista también para producir un resultado electoral que evidencie un triunfo abrumador de su candidato. Pero eso sólo puede hacerse por medio de irregularidades. La oposición deberá por tanto estar lista para documentar  y denunciar con agilidad la presencia de maniobras encaminadas a distorsionar la voluntad del votante.

La apuesta del momento es no desorientarse por la neblina. Insistir en que el proceso está lleno de incertidumbre paraliza la disposición creativa cayendo en las redes del contrincante. A fin de cuentas la incertidumbre no es un obstáculo infranqueable, a lo sumo un nivel en que las certezas resultan más difíciles de captar, y también, menos fácil de aceptar.

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