Los acontecimientos arrojan cifras de varios dígitos en víctimas, que en materia económica alcanzan expresiones millonarias rebasando la imaginación. Lo anterior, sobradamente esparcido por los medios de comunicación induce a la demencia, también en materia de seguridad vial que cobra víctimas y daños en algunos casos irremediables. Conceptos como tolerancia y prudencia se marginan en la Metrópoli Tapatía, llamada Ciudad Amable, donde la voz de la autoridad se escuchaba y obedecía. Ahora, aquello queda en el recuerdo con añoranza de vida tranquila. La velocidad es lucha constante contra el tiempo para llegar retando al riesgo. Devolver al tiempo de la tranquilidad es imposible, sólo queda superar el presente y aportar comportamiento prudente para ver el futuro. Razonamiento tan simple parece alejado de certera posibilidad para la población, principalmente joven, que nació y ha vivido este ambiente con asimilación de los peligros con sus múltiples expresiones. Las leyes y sus reglamentos, sobradamente rebasados, carecen de aplicación para evitar la incertidumbre causada por la inseguridad adicional en casas, oficinas y calles; las primeras expuestas a la violación con robos y lesiones a los residentes y las otras donde se transita en forma demencial. La ciudad con sus actuales características de urbe urbana, no tiene remedios inmediatos y menos aún por los altos costos de reparación o reposición con los presupuestos afectados por el endeudamiento. Es imprescindible apelar la comprensión de los habitantes para proteger vida y bienes. Cooperar en la medida, capacidad y forma, como lo fue mediante la participación honesta del bien recordado Consejo de Colaboración Municipal –póngase el nombre actual que requiera y se acuerde–, pero con la validez suficiente para influir en el ánimo de los habitantes a partir de la familia mediante la educación de los menores y conducción de los jóvenes, complementado por la educación en el aula para fomentar la responsabilidad con la aportación de los deberes a fin de reclamar derechos y alcanzar garantías. Si, garantía de recibir aprecio de la autoridad competente y por consiguiente honesta. En ese plan de complementariedad entre gobernantes y gobernados, sí se puede lograr el ideal de una vida digna, con la confianza requerida para transitar en todos los sentidos, bajo un esquema de seguridad que proporcione tranquilidad. Esto es: con calidad de vida. En sociedad, todos somos dependientes y es la convocatoria de las autoridades, la que puede promover para tener comprensión de los habitantes, y con ella la confianza por todos anhelada, sin distinción de colores de partido ni recurrencia justificadora del pasado, repetición de errores vigentes y un futuro de incertidumbre. La mayoría quiere ver mejor el día de mañana. Dios nos guarde de la discordia. sicpm@informador.com.mx