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Miércoles, 13 de Diciembre 2017

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“Unos peros” a nuestra emergente gastronomía

“Unos peros” a nuestra emergente gastronomía

“Unos peros” a nuestra emergente gastronomía

Cabe reconocer que la gastronomía de Guadalajara ha mejorado sobremanera en los últimos años. En tiempos remotos, de no ser el Montparnase, La Copa de Leche o el afamado Recco, de Luiggi Capurro, no íbamos más allá de taquerías y cenadurías que, eso sí, destacaban en su género por su calidad y prestancia, pero no siempre era conveniente acudir a ellas.

También cabe recordar al muy famoso negocio del “Güero”, junto con La Alemana, donde nacieron las tortas ahogadas, tan necesarias para bajar el cuete de los acelerados que regresaban “enfiestados” de lugares non sanctos y deseaban llegar más presentables a sus decentes hogares del poniente citadino. Luego se convirtieron en patrimonio tapatío y se irían diseminando por doquier, con todo y su variante los “lonches bañados” gestados en Gemma.

Ya se sabía que quien no recuperara la compostura con una de ellas, más valía que se fuera a la Cruz Verde o a casa de un amigo para no hacerse acreedor a una gran reprimenda de padres o de esposa.

Ahora ya hay de todo y muy bueno en todo el Valle de Atemajac, pero es de lamentar que la mayoría de tales restaurantes no resulten duraderos. Unos porque sirven de justificante de otros ingresos ilícitos relacionados con el gobierno o con la delincuencia. Esto no importa en realidad, si venden o no, pues con reportar fiscalmente pingües ingresos, nadie podrá sospechar de la legitimidad de sus caudales.

Otros empiezan bien pero al tener la casa llena se les suben los humos y no conservan ni el buen servicio ni la calidad de sus alimentos; bueno, ni siquiera los elementales modales del personal. Hay gente que, cuando se siente importante, gusta de asumir el rol de burócrata de la Secretaría de Hacienda o de la Procuraduría de Justicia…

Es la parábola del mediocre que se subió a un ladrillo…

El caso es que son contados los que sobreviven largo tiempo.

Caso lamentable y con pésimos augurios es el del Alcalde. No me refiero al de ningún municipio de la zona metropolitana, sino a un comedero de ese nombre sito en la avenida México.     

Era razonablemente bueno en todos sentidos, sin llegar a una maravilla, por cierto, pero en las dos últimas ocasiones que he tenido la desdicha de hacerme presente, la decadencia ha sido patente en todo, salvo en los precios. La última, que será en efecto la última, resultó un verdadero desastre, pero lo peor resultó ante el reclamo, primero muy atento, pero ante la bajeza de la reacción no hubo más que subir el tono. No se puede asegurar quien resultó peor, si el mesero o el gerente, pero lo que es cierto es que algunos platos resultaron infumables.

Lástima, era una aceptable solución con la que ya no se podrá cometer el error de llevar visitantes como lo hice.

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