Ideas | Un muerto parado Por: Adolfo Martínez López 6 de septiembre de 2011 - 02:00 hs En esta colaboración para nuestro periódico “El Informador”, en el hoy me voy a referir a un crucifijo que tiene “Un no sé qué” que agrada y a la vez repugna y mortifica por su “belleza extraña” ya que el rictus de su rostro produce dolor y espanto. El Cristo de la Catedral de Burgos en España. En este Cristo, para su elaboración no se uso la madera, ni la pasta de caña de maíz como en Michoacán, sino que es una piel humana rellenada con sumo cuidado, casi con arte de taxidermista, lo que lo convierte en un Cristo crucificado diferente y peculiar, quizá único en el mundo, que se expresa tremendamente en su anhelante agonía, “figura sublime en dolor y desesperación”, pues la piel apergaminada y azulada de que esta hecho, con el paso del tiempo lo ha convertido en un muerto a medio enterrar, en un muerto parado, en un horrendo cuerpo deshabitado de alma, con expresión patética y dolorida que provoca sentimientos enigmáticos pues al verlo en la cruz con las manos y los pies traspasados por los clavos, pasma y lastima al no encontrar en él la satisfacción sentimental y religiosa que se espera de todo crucifijo. Y aquí surge una pregunta ¿A qué procedimientos se tuvo que recurrir para elaborar este crucificado de piel humana? ¿Qué técnica fue utilizada para hacer con un pellejo seco, resistente y duro, este Jesús Crucificado? Ya que es difícil explicar con palabras la visión espantable y terrible pero fascinante pues es como dice el escritor Salvador Toscano “Es repelente y atrayente, queremos no mirar y clavamos nuestra mirada, es repulsión y atracción, pavor y fascinación” ¿O fue un sentimiento religioso demencial el que creó esta grotesca escultura? Este Cristo tan célebre de figura trágica y fisonomía cadavérica, en un alarde de maestría en su construcción, para acentuar el vital realismo de la escultura, en los párpados le incrustaron pestañas, la barba y los cabellos negros que tiene, son cabellos humanos, su tez azul celeste propia de un cadáver, la frente arrugada como cosa toda vieja, más las manos un tanto descarnadas le dan el aspecto dramático, como ya se dijo de un muerto parado, tan fúnebre como la piel humana de que está hecho. Ahora una nueva pregunta ¿De quién fue la piel que sirvió para su hechura?, como en los sacrificios humanos realizados por los Mayas y Mexicas en el México Prehispánico ¿Aquí también fue un voluntario el sacrificado que se prestó para ser desollado por tener la creencia de que al morir así, en el más allá se identificaría con Dios? ¿O fue algún fraile o monje el que facilitó el material para su hechura después de recordar lo que se dice en el Evangelio de San Juan?... Yo doy mi vida… nadie me la quita; yo la doy voluntariamente… nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos... ¿O solo se escogió el cadáver de un pecador cualquiera para desollarlo, usar su piel y disecarlo? ¿O solo fue la manifestación de una especie de catolicismo pagano? Los datos de este artículo fueron tomados del “Libro de Prodigios” del autor de esta columna, editado por la Unidad Editorial del Gobierno del estado de Jalisco con fecha 15 de octubre de 1991. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones