Ideas | Rituales de la Patria Por: Diego Petersen 16 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Rituales de la Patria Pocos países tienen los rituales patrióticos de los mexicanos. Somos, sin duda, el país de América que más se festeja a sí mismo (en el resto del mundo podría haber alguno igual o peor que el nuestro, pero no tengo el dato). Los estadounidenses son muy patrióticos y si se quiere, exageradamente orgullosos y pagados de sí mimos. Sacan la bandera a la menor provocación y se sienten, como dice el dólar, bendecidos por el mismísimo dios, aunque no dicen cuál de ellos. Los gringos no tienen inconveniente alguno en plasmar la bandera en camisetas, calzones, cigarros, autos, lo que sea. Digamos que es un patriotismo pop. Los brasileños, por el contrario, sólo sacan las banderas cuando se trata de futbol, pero la celebración de la independencia no pasa por la reafirmación patriótica. Cada que ganan un campeonato, que es bastante seguido, los brasileños sienten a su bandera y la festejan. La nuestra, por el contrario, es una celebración absolutamente ritual, construida con la mezcla de las más diversas tradiciones. La fiesta del 15 de septiembre es una mezcla de verbena española, con saludo monárquico al estilo sajón y tianguis prehispánico. Todo se junta en una noche. Las banderas, elemento central de nuestra forma de celebrar a la Patria, son quizá el dejo más claramente monárquico, aunque los periodos de monarquía en México han sido realmente escasos y absolutamente fracasados. En este país a nadie se le ocurre que honrar a la Patria significa, por ejemplo, pagar impuestos. Ningún mexicano que se precie de serlo va a relacionar el pago de impuestos con la construcción de la Patria. La Patria se construye con gritos, con tequila, con bailes regionales y banderitas, muchas banderitas. Los impuestos son el lado maldito del gobierno y nada tiene que ver con el “Viva México”, aunque el país de eso viva. A nadie se le ocurre tampoco que el patriotismo tenga algo que ver con respeto a las leyes. Desde que los virreyes de la corona española decidieron que la fórmula perfecta de gobernar era acatando la ley pero no cumpliéndola, los mexicanos entendimos que la ley va por un lado y la Patria por otro. Es decir, nada tiene que ver honrar a la Patria con cumplir la ley. Uno puede sentirse buen mexicano y no cumplir la ley, cosa que no se le ocurriría por ejemplo a un danés, no digamos a un suizo. Para nosotros lo que hace que el país exista no es un documento macuarro e inestable llamado Constitución, sino nuestra “forma de ser”, aunque nadie sepa a ciencia cierta qué significa eso. Nuestros rituales patrióticos están pues más cercanos a una fiesta religiosa que a una ceremonia cívica. Y no falta razón: las ceremonias cívicas en todo el mundo suelen ser la cosa más aburrida e inútil, mientras que las fiestas populares siempre, siempre, dejan algo bueno: son, pese a todo, un momento de reconciliación con el país. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones