Martes, 04 de Noviembre 2025

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Por 15 horas

Por: Carlos Loret de Mola

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La noche del miércoles 24 de agosto de este año durmieron acuartelados en Monterrey cosa de 700 elementos del Gobierno federal. Eran 300 soldados, 150 agentes del Servicio de Administración Tributaria (SAT), 100 policías federales y 90 ministerios públicos de la Procuraduría General de la República.
Tenían un plan: dos días después, el viernes, realizar un masivo y simultáneo operativo contra casinos de la capital de Nuevo León. Había sido planeado minuciosamente al más alto nivel desde el Distrito Federal. Doce establecimientos estaban en la mira —nueve en Monterrey, tres en la capital del país—, sospechosos de operar sin permisos, lavar dinero para el narcotráfico y/o ofrecer juegos de apuesta prohibidos en México. Uno de ellos era el Casino Royale. Este plan se desprendió tras completar un reporte de inteligencia financiera que marcaba que nada más en 2010, los estados de Coahuila, Sonora y Nuevo León habían cuadruplicado el número de casinos ilegales funcionando ante los ojos de todos. Coahuila había pasado de seis a 26 establecimientos, y Nuevo León y Sonora de tres a 12, coincidentemente. Lo que no se imaginaban esa noche de miércoles los 700 agentes, es que al día siguiente, unas horas antes de que arrancaran el megaoperativo, un grupo de narcotraficantes incendiaría el Royale y asesinaría a más de 50 civiles inocentes. El ataque mereció que el Presidente Felipe Calderón convocara a una reunión de emergencia del gabinete de seguridad el viernes por la mañana. Se preguntó si el Gobierno federal debía mantener la luz verde para el operativo —diseñado para echarse a andar ese mismo día— o debía posponerse de cara a la tragedia. La decisión fue mantenerlo, pero no incluir al Royale. Concluyeron que no tenía sentido: todo, excepto las paredes, estaba reducido a cenizas. Esto lo relatan fuentes de primer nivel en los órganos de inteligencia de la Federación. Cuando días después se divulgó en los medios de comunicación que el SAT había llevado a cabo un operativo contra casinos en Nuevo León, pareció una reacción ante la tragedia que echó luz sobre el corrupto e ilegal estado en que operan muchos de estos centros de apuesta en México. En realidad, una operación de tal magnitud —que incluía hasta la contratación de camiones de mudanza para transportar las “maquinitas” decomisadas— no se arma en unas cuantas horas. El incendio dramático fue el jueves por la tarde. El viernes en la mañana el operativo planeaba clausurar el Royale. El hubiera no existe. Saciamorbos El megaoperativo, que hubiera lucido mucho más de no haber sido absolutamente opacado por la tragedia, se topó, para su beneficio, con un ambiente de pánico entre los operadores de los casinos, quienes al ver llegar a la autoridad y todavía con las imágenes del fuego en la tv, no tardaron en “soltar toda la sopa”. Dicen los encargados de los expedientes federales que salieron algunos nombres sorprendentes.

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