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Miércoles, 16 de Enero 2019

Ideas

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Mi abuela vino a visitarme

Por: El Informador

Por: María Belén Sánchez, fsp

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Tenía tantas cosas que platicar con ella… primero de todo decirle cuánto la quiero, la extraño y lo importante que ella es para mí...

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Lo mucho que la he extrañado, y que siempre deseo verla... El gusto tan grande que me da su presencia.

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Cantarle las viejas canciones que tanto le gustan, recitarle aquel poema que siempre me pedía que quería oír en estas fechas, contarle los últimos chistes y mis alegrías recientes.

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Urgente: platicar largo y tendido con ella, contarle mis inquietudes, mis problemas, pedirle su ayuda, escuchar sus consejos.

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Hacerle esa comidita que le gusta, ofrecerle lo mejor, prepararle su cama o su sillón favorito…

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Preguntarle qué se le ofrece, si necesita algo para ella misma o en favor de alguien. Y también pedirle que haga algo por la familia, ya que a ella le hacen caso, y ciertamente ella puede y sabe hacerlo…

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Ver de nuevo el álbum de fotos y recordar los momentos felices… volver a oír sus hermosas historias y reír con ella de hechos pasados y de sobra conocidos…

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También tendré que decirle que me perdone porque no la llamé en aquel día especial…

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Muchas veces las personas preguntan ¿cómo hay que orar, cómo dirigirse a Dios, qué decirle, que no sea sólo pedirle…?

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En fin, lee esto una vez más. Pausada y detenidamente y dime si todo esto no se parece a la oración.

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Yo creo que ésta es la mejor fórmula para una buena oración. Hablarle a Dios como a una persona muy querida, a quien le gusta que se le diga y se le repita muchas veces que nos hace falta, que le extrañamos, que le amamos… que le escuchemos y le expresemos lo que hay en el corazón.

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Y creo también que si aprendemos a orar, es decir a comunicarnos con Dios en esa forma amigable y filial, también la comunicación en familia se va a ver reflejada esa misma calidez sencilla y amorosa que el mismo Dios quiere que se exprese entre nosotros.

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No podemos pensar que a Dios le guste más la aspereza con la que recibimos a la persona que llega sea esposo, esposa, padre, hermano o hijo…cansada de la calle, del trabajo, del smog… que un amable: ¡qué bueno que llegaste! Es tan hermoso llegar a casa y recibir tantas atenciones como la querida abuela, que de vez en cuando viene de visita.

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Recordemos tan sólo que lo que hacemos a otros, el Señor Jesús lo recibe como si lo hiciéramos a Él mismo. Bueno o malo, ÉL lo recibe. En casa y fuera de casa.

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¿Y rezar? Es muy bueno, pero es un camino para llegar a la oración del corazón.

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Con un saludo M.B.

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