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Los peatones, los ciclistas y los motociclistas

Hubo un tiempo en el que en esta ciudad el principal enemigo de los peatones y automovilistas eran las unidades del transporte público de pasajeros y sus choferes (“vacunos” los llegó a llamar la sabiduría popular). Hoy, a pulso ese lugar se lo han ganado los motociclistas, seguidos por los ciclistas.

Cualquier persona que no se transporte por esos vehículos de dos ruedas, en más de alguna ocasión de cada día percibe o sufre las consecuencias de la forma como conducen sus vehículos -motorizados, o no motorizados- esos porcinos, que por definición son más puercos que los vacunos.

Hace algunos años, en nuestra ciudad la convivencia entre peatones, ciclistas y automovilistas era armónica y amable. Nuestros únicos enemigos eran los camioneros del transporte urbano, principalmente los de la “fiebre amarilla”, como se le decía a los de la línea Analco Moderna. Sin embargo, hoy nuestras calles parecen una jungla en la que predomina la ley de la selva, en la que los amos y señores son las motocicletas y sus diestros, presurosos y aguerridos tripulantes, que por su forma bruta de conducir no solo arriesgan su vida, sino que además atentan contra la de los peatones. En ocasiones, por su manera de rebasar, causan daño a los coches, huyendo impunemente entre los embotellamientos, sin que nadie los puede alcanzar. ¿Quién o qué autoridad podrá poner orden en esto y someter a los motociclistas?

En ningún país civilizado del mundo los ciclistas circulan a toda velocidad en sentido contrario al de la circulación de los autos, ni los motociclistas circulan por las líneas que dividen los carriles de los autos, zigzagueando para rebasar cuando no pueden avanzar. Menos aún, en ninguna ciudad en la que se respeten las normas más elementales de la convivencia, los motociclistas y ciclistas circulan por las banquetas obligando a los peatones a bajarse de ellas para cederles el paso, si es que no quieren arriesgar su vida. Esto definitivamente es intolerable.

¿Qué acaso los peatones tenemos que hacernos justicia por nuestra propia mano para obligar a motociclistas y ciclistas a bajarse de las banquetas y respetarlas como un espacio exclusivo para los peatones? Ya nomás falta que se tengan que construir andadores exclusivos para peatones, debido a que de las banquetas se han adueñado ciclistas y motociclistas.

Nuestra ciudad está puesta al revés: hemos caído en la moda (digo moda porque es un modo de ser absurdo, ilógico y estúpido) de dar todos los derechos del mundo a las cosas (bicicletas) y sus dueños (ciclistas) –hasta mandándoles construir algunas pistas especiales para sus muy escasos traslados- olvidándonos de las personas, que somos los peatones. Equivocadamente, hemos creído que vamos a ser una ciudad como las europeas por endiosar a las bicicletas (en una conocida cantina hasta le pusieron un altar a una de ellas).

Cómo cambia la vida: anteriormente decir “pueblo bicicletero” era un adjetivo despectivo. Hoy, eso se ha convertido en una aspiración o anhelo de vida. El gran sociólogo norteamericano, David Apter, decía que cuando se recrean pautas o modos de vida de una sociedad a otra, con una cultura y grado de desarrollo diferente, se produce el fenómeno del “aburguesamiento”. Eso es lo que nos está pasando. En vez de importar comportamientos y modas, recordemos a Jaime Sabines quién, antes que poeta, se reivindicaba como peatón, nunca como ciclista, y menos aún como motociclista.

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