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Martes, 15 de Octubre 2019
Ideas |

La “tienda de conveniencia” de Tepic y otros remedios

Por: Juan Palomar

La “tienda de conveniencia” de Tepic y otros remedios

La “tienda de conveniencia” de Tepic y otros remedios

Uno. Las “tiendas de conveniencia” son expendios de refrescos, cervezas y comida chatarra. Son la punta de lanza de ese nefasto movimiento que ha logrado que México sea el país número uno en el planeta en el índice de diabetes (infantil y adulta), según la Organización Mundial de la Salud. Suelen ubicarse en las esquinas más caras y vistosas y suelen echar a perder el contexto. Ofrecen, es cierto, algunas ventajas.

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Dos. Tepic es el nombre, legitimado por décadas de uso popular, que la parla oficialista ha querido sustituir por “Francisco Javier Gamboa” y “Luis Pérez Verdía”. Seis palabras por una: la que nombra y honra a la principal ciudad del séptimo cantón jalisciense, vergonzosamente arrebatado a nuestro estado por los intereses centralistas federales.

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Tres. La finca de la esquina suroriente de La Paz y Tepic fue recientemente demolida, presuntamente con la licencia municipal, y aparentemente para ubicar allí una “tienda de conveniencia”.

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Cuatro. La finca demolida no valía mayor cosa. Si acaso, su escala era amable y tenía algún valor ambiental sustituible. Punto. Databa, probablemente, de principios de los cincuenta. Se desconoce su autor, y a lo que se veía, no derrochó allí talento. (Ver las fotos en Google Street View). Hace más de cuarenta años allí se ubicaba un restaurante, simpático, que se llamaba Las Jaulas. Después el local fue multitud de cosas, y con cada inquilino la fisonomía y el interior del inmueble eran todavía menos valiosos. Resulta, por lo tanto, entendible la licencia de demolición municipal; siempre sujeta, por supuesto, a controlar bien lo que sustituya a la finca, y cuidar que sea mejor (“sustitución controlada”).

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Cinco. Hay un conocido cuento que se llama Pedro y el Lobo. Se sabe que a la enésima alarma de Pedro, cuando de veras llegó el lobo, ya nadie le hizo caso. Poner el grito en el cielo por lo que en realidad no vale relativiza cualquier otro grito. Con esta actitud se logra, también, relativizar a todo el patrimonio: si se sobrevalua gratuitamente un ejemplar ¿qué tanto vale esa opinión para todo lo demás que sí vale la pena? ¿Y qué tanto devalúa la opinión de otras instancias o voces que pueden ser más sensatas y certeras? Al final, es muy fácil: si se quiere conservar todo no se puede conservar nada, porque la ciudad fracasa.

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Seis. Es curioso que las mismas quejas, si están tan preocupadas por el patrimonio, no hayan dicho esta boca es mía cuando se demolió la casa de “Los Preciosos” Elosúa en la avenida Unión, banqueta poniente, entre López Cotilla y La Paz, obra notable de Ignacio Díaz Morales. Ni cuando del mismo autor, sobre las Américas, se demolió la casa Corvera. Ni hayan dicho nada cuando, de Julio de la Peña, se demolió la casa Moragrega de la esquina nororiente de Lerdo de Tejada y Marsella. Ni hayan puesto cuidado en las actuales “adecuaciones” a dos obras de Barragán: Las Rosas 543 y Vallarta y Argentina; o el estado que guardan las casas del mismo autor de la esquina surponiente de La Paz y Colonias. Etcétera.

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Siete. Lafayette es una avenida a la que el gobierno local, de nuevo, le impuso el “Chapultepec” para quedar bien con los chilangos e ignorar la historia de la ciudad. La colonia que está entre Lafayette y Unión y entre Morelos y Bosque (“Zuno”), es una fracción de lo que se llamó Colonia Reforma; y la que está entre Unión y Arcos, y Avenida México y Avenida del Sur (“González Luna”) es el West End: o sea: límite poniente, por obvias razones. Y en inglés, para que sonara “catrín”. (Fuente de delimitaciones: La Cuadrícula, 2001, de Eduardo López Moreno.) O sea: hay que revisar cuidadosamente nomenclaturas, límites y representatividades.

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Ocho. Lo que los ciudadanos de buena voluntad sí podrían y deberían hacer en beneficio de la ciudad y del contexto de La Paz y Tepic es exigir que no se construya allí una “tienda de conveniencia” de lamentable “línea”. Una línea horrorosa y dañina para sus entornos: cornisa plástica roja y amarilla y desproporcionada, vidrios excesivos y tapados de letreros diversos, anuncio agresivo por todo lo alto, estacionamientos abusivos, ningún árbol que valga la pena… En muchos lados, a esta compañía regiomontana se le ha obligado a realizar proyectos especiales, supervisados estrechamente por la autoridad y los vecinos, que no solamente no afectan a su entorno, sino que lo mejoran. Nomás que hay que actuar eficazmente, proponer con pertinencia, y exigir resultados.

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