No es una novedad que la sociedad mexicana es extremadamente desigual: basta contemplar los paisajes de las grandes urbes del país. En todas hay polos destinados al consumo de los sectores de grandes ingresos: departamentos en edificios altos que se pagan en dólares, cotos en campos de golf, destinos turísticos que se codean con el jet set, centros comerciales con tiendas de las marcas más caras posibles, restaurantes con botellas de vino que el mexicano promedio no podría pagar en toda su vida. Son nodos del consumismo que conectan a una élite del país con las redes del capitalismo global. De otro lado, 53 millones de mexicanos en la pobreza y la gran mayoría de los 122 millones de habitantes batallando día a día para tener una vida digna.Pero no se puede, porque en el otro extremo hay una proporción minúscula que concentra el poder. Cada vez tenemos más conciencia de quiénes son ese 1% de la población que concentra dinero, poder y privilegios que niegan al resto de la población.El reciente informe de la organización no gubernamental Oxmaf, “Desigualdad extrema en México: Concentración del Poder Económico y Político” (elaborado por Gerardo Esquivel Hernández) es el esfuerzo más detallado hasta ahora para conocer la desigualdad del ingreso en México.En este reporte se dice que si bien el ingreso en México ha ido creciendo en las dos últimas décadas, la reducción de la pobreza se encuentra estancada, lo que se explica porque el aumento del ingreso se está destinando a los sectores más ricos.De ese modo se ha ido configurando una pirámide de las clases sociales en cuya base se encuentran 53 millones de pobres; 23 millones de los cuales no tienen ingresos suficientes para comprar la canasta básica diariamente; encima de los pobres habría otro tanto de millones de mexicanos con ingresos entre el décimo y noveno decil.Luego sigue una punta de 10 por ciento de la población (12 millones de mexicanos) que se quedan con 60 por ciento (según la ENIGH) a 64 por ciento (según Global Wealth Report 2014) del ingreso nacional.Lo que sigue es la punta de la pirámide: 1 por ciento de la población que tiene 21 por ciento de la riqueza, aunque otras estimaciones indican que apenas 145 mil ricos mexicanos (0.11 por ciento de la población) concentran hasta 43 por ciento del PIB nacional.Lo que sigue es de escándalo, ya no es una punta, sino una aguja: 16 megamillonarios que aparecen en la lista de Forbes que tienen una fortuna de 148,700 millones de dólares que equivalen a 11.8 por ciento del PIB. Es decir, un puñado de mexicanos que caben en dos suburban son dueños de 12 de cada 100 pesos; Carlos Slim, por sí solo, acapara 6.1 por ciento del PIB nacional. ¿Qué país democrático, justo, igualitario, sin violencia puede construirse sobre esta escandalosa pirámide de la desigualdad?Para aspirar a que cada mexicano tenga una vida digna, es imperativo no limar, sino destruir estas relaciones sociales que permiten esta escandalosa desigualdad.