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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Ideas |

La Sierra de Órganos

Por: Pedro Fernández Somellera

Es un inquietante lugar de Zacatecas donde el viento sopla sin cesar. Donde los árboles frondosos dejan paso a los hirsutos cactus. Donde los mogotes de zacate esperan entre las tierras yermas a las lluvias que algún día aparecerán. El rojo asoleado de la tierra, arropa entre las espinas enmarañadas delicadas flores de pétalos brillantes como alas de hada. Los verdes tiernos de los pastizales tesonudos, se aferran a las gotas del rocío mitigando un poco lo bravío de aquellas tierras. El cielo con su azul intenso y profundo, se viste de nubarrones blancos de vez en cuando. Las rocas se acicalan con el viento y la arena, como lo han hecho desde el principio de los tiempos. Después del buen sabor de boca que nos había dejado la hermosa y colonial ciudad de Zacatecas, que visitamos en nuestro caminar hacia el norte por las llanuras semi desérticas de nuestro México, nos encontramos con la  singular población de Sombrerete, que todavía guarda los vestigios de religiosos potentados de tiempos de la colonia, cuando siendo amos y señores, construían pomposos edificios que bautizaban con rimbombantes nombres como “La Capilla de la Santa Veracruz de la Tercera Orden de La Candelaria” (que por cierto es un lugar que vale la pena visitar, y recordar tiempos que ya han pasado). En la plaza,  mientras comíamos un elote tatemado, tomamos un respiro para (cambiando de menú) prepararnos al banquete de rocas y bizarros escenarios pétreos que nos esperaba más delante. Al llegar a San Francisco de Órganos y dar vuelta a la derecha por una incipiente carreterita pavimentada, al poco empezaron a aparecer extrañas formaciones rocosas entre los cerros empinados. A pesar de que la cámara no se daba abasto disparando sin cesar para todos lados tratando de conservar aquellas vistas espectaculares, la inquietud exploradora nos hacía seguir los consejos del gusanito que decía insistente… “no te vayas sin averiguar que hay tras esos montes misteriosos” ¿No habrá detrás de esas piedras, algo todavía más interesante? La brecha terregosa de más delante era inquietante. El sol quemaba. Las nubes manchaban el cielo tratando de convencernos en seguir. Un poco más delante, y al dar la vuelta entre los farallones rojos de piedra, se presentó imponente delante de nosotros lo que pareciera ser un enorme anfiteatro -basto, llano, verde, rojo y sobrecogedor-  rodeado de cilindros de piedra de increíble altura. Tiempos, historias sin memoria, fríos, soles, vientos y cataclismos labraron caprichosas formas verticales en la roca, parecidas a los tubos del órgano de alguna inmensa iglesia. Al detenernos un momento en silencio, en medio de la vastedad de aquellas planicies bajo el radiante azul manchado por grandes nubarrones, con el viento soplando suavemente entre los cactus los huizaches y los  pastizales, y viendo como la tierra roja endurecida trepaba redonda y vertical aquel conjunto etéreo y surrealista, nos llevó sin dilación al inquietante “lado activo del infinito” en del mundo imaginario y surrealista de Carlos Castañeda. Sierra de Órganos ciertamente es… un lugar en  donde los vientos, los pensamientos, la poesía y la filosofía nunca dejan de soplar.

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