Ideas | Janitzio Por: Vicente García Remus 25 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Luego de haber contemplado el lago desde el puerto, nombrado Aterico, “lugar de Chirimoyas” (en tierras de Ibarra), donde se hicieron famosos los ates, nos embarcamos en “Julieta”, lanchón cubierto con bancas a estribor y a babor, al centro el motor y en la popa el timonel. El silbato sonó, se soltaron amarras y gustosos fuimos surcando el encantador lago rumbo a Janitzio, que significa “cabello seco de elote”; conforme avanzábamos, el lago simplemente nos fue regalando hermosos paisajes. El fabuloso vapor “Mariano Jiménez”, partía de Aterico a las siete de la mañana con dirección a Charahuen, hacienda con aserradero, donde llegaba a las 8:05 y salía a las 8:20, con destino a Erongarícuaro, “lugar de espera o de atalaya”. Enseguida apuntaba la proa a San Andrés Tzinrondaro, “ciénaga”, “en medio de una arboleda poblada sobresale la torre del templo, toda de cantería y bastante esbelta”. Después a Cocupao de Quiroga. Se hacían paradas en San Gerónimo, Santa Fe y Tzintzuntzan, cuando había pasajeros o carga con dichos destinos. San Jerónimo Parenchecuaro, “lugar de colorines”, Santa Fe de la Laguna, antes Satápen, “lugar iluminado” donde Tata Vasco fundó un hospital en 1539, al cual llamó “Santa Fe”, evocando al que había emprendido en la ciudad de México. Sitio donde se labora bonita alfarería y su fiesta es el día de corpus. La hacienda Ibarra presumía de un hotel en la vera del lago, “provisto de lo necesario para alojar como a 30 personas. Hay también, anexo al hotel, un restaurante donde se preparan alimentos para servirlos allí o a bordo del vapor, cuando los viajeros quieren pasar el día en el lago”. Otros poblados ribereños son: Iguatzio, “zorra o Coyote”, ostenta una muralla que protege dos pirámides, cerca hay tres más; Cucuchucho, “tinajas”; Ucasanstagua, nombre que adquiere de unos peculiares árboles; Tarenrio, está rodeado por árboles frutales; Patambicho, rancho; Oponguio, donde se destila vino mezcal; Puacuaro, ubicado en un bosque; Nacizaro y Corichero, haciendas; Uricho; Arucutin, “ladera”; Tacuaro, “hacha de piedra”; Nocutzepo, ubicado detrás de un pequeño malpaís; Charagüen hacienda; San Bartolomé y San Pedro Pareo, “nopalera”; Aranjuez, hacienda; Santa Ana Chapitivo, “estar echado”; Tzentzenguaro, “piedra hueca”, y Huecorio, “lugar de caída”, elegido para días de campo. Nuestra emoción creció al acercarnos a Xanichu o Janicho, isla de pescadores en forma de cono, un tanto achatado, con vistosa capilla casi a media loma, que sobresale entre los tejados y coronada por un simbólico Morelos, escenario de una película, “Maclovia”. El muelle nos condujo a una plazuela, donde se asomaban fondas, que ofrecían los manjares del lago, como el pescado blanco, y otras moradas de pescadores, que se fueron convirtiendo en tiendas de artesanías. Subimos unas gradas y miramos un callejón animado por una fiesta, colgaba papel picado, una tambora animaba el espacio y bailarines de la tercera edad, aunque a partir de esa edad se es de primera, por el cumulo de vivencias y el bagaje analizado, es cuando la forma toma un sentido más profundo… Más peldaños y llegamos a la preciosa capilla, dedicada a San Jerónimo, la puerta principal es en medio punto sobre capiteles dóricos, enmarcada por tres columnas corintias y una saliente cornisa, unas volutas suben a la bizarra ventana coral, circular y con un emplomado de San Jerónimo, arriba hay un escudo, la cornisa fue circular y ligeramente arqueada al centro, donde posa una cruz. En los extremos hay columnas jónicas con almenas sobre su cornisa. La fachada lateral nos mostró contrafuertes, ventanas arqueadas y el alero. Enfrente de la capilla, admiramos el campanario, con planta cuadrada y de cuatro cuerpos, los dos primeros ciegos, el tercero con un vano arqueado por cara y el cuarto octagonal y con un vano por cara, cubierto en cúpula. A unos pasos miramos el camposanto, que cobra vida la noche de muertos, rezos, cantos, velas, flores, calaveras, pan de muertos y mezcalitos. Luego fuimos ascendiendo por una escalera que zigzagueaba con gracia entre el caserío, hasta llegar a la cresta, donde admiramos una gran escultura del ejemplar insurgente José María Morelos y Pavón, de pie, mirando el cielo con el brazo derecho levantado, empuñando la mano y la mano izquierda con una espada, su altura es de 40 metros, obra de Guillermo Ruíz (1933), una escalera en caracol sube a la manga del brazo alzado, los muros interiores expresan momentos del caudillo libertador, que plasmó Ramón Alva. Contemplamos la escultura y después las vistas, entre ellas, las islas aledañas: Tecuena, “miel”; Yunuén, en forma de C; Pacanda, “lugar de destierro”, de figura oblonga, que presume de una fortificación. Y en sentido opuesto, Uranden y Jarácuaro, “lugar aparecido”, conocido por la espectacular danza, “Los Viejitos”. Agustín Lara le cantó a la hechizante isla: ¡Son las redes de plata un encaje tan sutil, mariposas que duermen en la noche de zafir! Como brilla la luna sobre el lago de cristal… ¡Que recoja Janitzio el perfume de mi amor! Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones