Ideas | Ernesto Cordero: la carrera del indio Por: El Informador 13 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Por Jorge Chabat Finalmente Ernesto Cordero decidió renunciar a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para lanzarse a buscar la candidatura del PAN a la Presidencia de la República. A pesar de que algunos especulaban sobre un abandono de Cordero de la carrera por la Presidencia, ello no fue así: va con todo lo que tiene por la grande, aunque la duda que persiste es si eso será suficiente para ganar. Y la verdad es que los números no le son muy favorables, Tiene un apoyo de menos de un dígito en la gran mayoría de las encuestas, tanto entre panistas como entre el público en general. Incluso Alonso Lujambio, quien contaba con porcentajes un poco más altos, decidió tirar la toalla pues al final los números no le alcanzaban. Lo mismo hicieron Javier Lozano y Heriberto Félix Guerra. ¿Por qué entonces Cordero deja una de las secretarías más importantes del gabinete para lanzarse a la búsqueda del Santo Grial presidencial? Pues por la misma razón que cientos de políticos se lanzan en todo el mundo a aventuras similares: porque piensan que no hay peor lucha que la que no se hace, porque creen que algo puede pasar en el camino y que los vientos pueden cambiar, porque le apuestan a los errores del contrario, o porque creen que algún padrino poderoso puede hacer el milagro. En el caso de Cordero es muy probable que este último factor pese mucho. Es obvio que cuenta con el visto bueno y el apoyo del Presidente Calderón. Y si bien ello no es necesariamente garantía de triunfo en la nominación presidencial, como ya quedó claro en el caso del delfín del presidente Fox, sí puede ayudar, sobre todo cuando el Presidente tiene influencia en su partido, como ocurre ahora con Calderón. Sin embargo, ese apoyo, si bien puede dar la candidatura, difícilmente va a dar la Presidencia. El reto evidentemente no es sólo ganar los votos de los panistas duros, quienes finalmente votarán por el candidato que su partido postule, sino en ganar los votos del resto del electorado. Para ello no basta con la maquinaria partidista. Hace falta también un candidato que pueda motivar al elector, que atraiga el voto incluso por razones subjetivas y emocionales. Las épocas en que el aparato partidista oficial podía hacer ganar a un maniquí ya pasaron. Y en ese sentido, aunque Cordero ha mostrado ser un funcionario honesto y eficiente, no parece tener el carisma necesario para atraer a un número amplio de electores. Entonces ¿a qué le tira Cordero? ¿Por qué está empeñado en hacer la carrera del indio cuando la tiene cuesta arriba? ¿Realmente cree que puede ser un candidato presidencial exitoso? Y el PAN ¿estará dispuesto a jugársela con un candidato que no levanta en las encuestas, esperando tal vez un milagro en el camino? Muy probablemente Cordero y Calderón le están tentando el agua a los camotes. Están viendo a ver si es “chicle y pega” y si, con una presencia constante en los medios, los números les favorecen más. Finalmente el PAN no ha decidido nada y faltan todavía varios meses para que eso ocurra. En ese sentido, todavía hay tiempo para que el blanquiazul sopese con cuidado las posibilidades de victoria de cada uno de los precandidatos. Ciertamente hasta ahora el Presidente Calderón ha demostrado ser terco en muchas ocasiones, pero no es suicida. Sabe muy bien que los números cuentan y que las encuestas dicen algo. También sabe que los candidatos pueden crecer si es que hay margen estadístico para ello. Y lo cierto es que la competencia por la Presidencia en esta ocasión tiene riesgos muy altos para el Presidente Calderón y el PAN por la simple y sencilla razón de que es el partido en el poder. No es lo mismo perder la Presidencia estando fuera de Los Pinos que estando adentro. Las posibilidades de revanchas y venganzas son mayores cuando se deja el poder. Y Calderón lo sabe. Por ello es muy probable que al final, el Presidente y el PAN actúen racionalmente y apoyen a un candidato —en este caso claramente sería una candidata— que tenga posibilidades de ganar, aunque no sea su favorita. Lo que está en juego es mucho y en la política se busca ganar siempre, pero el verdadero nombre del juego es no perder. Y en ese sentido es mucho mejor ganar la Presidencia con una candidata que tal vez no sea la favorita, pero que finalmente no es una enemiga, que perder con un candidato favorito y dejar al final la Presidencia en manos de los adversarios históricos. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones