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El respeto al beso ajeno

El respeto al beso ajeno

El respeto al beso ajeno

Enrique Alfaro fue captado besando a una mujer. De inmediato, brincó la bienpensantía: ¡no firmó con ella un papelito ante el Estado mexicano! Poco falta para que le exijan que renuncie al cargo al que lo llevaron cientos de miles de ciudadanos, quienes además le han dado, con esos votos, una relevancia política nacional. Todo por andar de besucón.

Yo no soy especialmente partidaria del estilo de Alfaro: es uno de los políticos más hábiles del país, pero rozó como candidato el populismo y como gobernante tiene rasgos autoritarios. Yo ahí me detengo. Que bese a una mujer, a dos, o a un hombre o a dos, me parece absolutamente irrelevante. Y ojo: no es porque sea su vida privada. A estas alturas debe quedar claro que la vida privada de un gobernante está también bajo el escrutinio: lo que pasa en las paredes de su casa claro que es un asunto de interés público. Su salud, su estilo de familia, sus aficiones, su forma de educar a sus hijos y la manera en la que se conduce ante sus padres lo pueden hacer atractivo o detestable ante los electores. Y si pasando la barda que protege su hogar el señor viola la ley, se queda con los bienes de sus hermanos o golpea a los integrantes de su familia, pues ni modo que digamos que es su vida privada.

El argumento de la vida privada no sirve. El que sirve es el de la licitud de sus actos. ¿Es lícito o no que bese a una mujer? Si ella es libre y adulta, estamos del otro lado. Aún si alguien considerara tal acto como adulterio, este no es un delito. Ni una falta administrativa. No tiene multa ni pena. En el código civil es, en todo caso, causal de divorcio. Quien debe decidir si ofende o no, es la pareja que tenga Alfaro.

El beso es irrelevante. Lo que no es irrelevante es la fotografía. Esta alimenta la inquisición sexual como mecanismo de censura y castigo social no sólo ante figuras públicas, sino ante todos los ciudadanos. Esa actitud es el primer escalón de la escalera que conduce al miedo y repugnancia ante comportamientos emocionales y sexuales de otros: la soltera, el virgen, las relaciones abiertas, las relaciones sin sexo, los amores entre faldas o los matrimonios entre bigotones. ¡Cada quien puede hacer de su vida un papalote! Por qué les gusta husmear ahí, caray. Alfaro dice que está separado y eso le da mayor licitud a su beso. Hay columnas que le reclaman porque no avisó antes y se siguió tomando fotos con la esposa. No creo que tenga que avisar de cada pleito, aunque quizá deba omitir la imagen de parejita ortodoxa. Por conveniencia, no por obligación.

Pero miren, si además no estuviera separado, ¿la sociedad tendría que reclamarle? No. Ese es un reclamo privativo de su esposa, a quien la foto puede ofender o no. Pero a los ciudadanos qué diablos nos importa un beso.

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