¿A quién no le gusta reírse? Las carcajadas son un alimento que nutre a nuestro modo de ser. La broma, el albur, el sarcasmo, la burla y desde luego los buenos y los malos chistes, son ya un estilo de vida a la mexicana.Las redes sociales, y cuanta manera tenemos de comunicarnos, sirve para enviarnos algo que se note divertido y simpático, finalmente que provoque una risa.Aniceto Aramoni, en su libre: El mexicano ¿un ser aparte? nos dice a este respecto que: “El hombre de México tiene sus propios chistes característicos, con una intención determinada, con un propósito burlón, sin duda, pero que al mismo pretende disminuir al otro, ofenderlo si detenta el poder, la fuerza, el dinero, la posición política, la dignidad derivada del talento, de la capacidad creativa, sin que se libre casi nadie de esa forma de agredir”Para nuestro autor invitado el chiste “tiene visos agresivos, minusvalora ninguneando al objeto de la burla. Con frecuencia se refiere a cierto sector topográfico de la vida: al sexo y sus implicaciones toca otros asuntos que tienen que ver con la prevaricación, la honradez, el desinterés, la inteligencia de quienes son líderes políticos, obreros o financieros. Con gran frecuencia muestran un contenido nihilista y constantemente cínico”.Ciertamente lo chistoso, raya en lo ilógico, lo estúpido e irreverente, pero no siempre está ligado a los mecanismos mentales de la agresividad o al ninguneo social.Aunque no podemos negar que sí se suele utilizar como una arma político electoral en manos de expertos y canallas de banqueta.Hacer de los defectos de los demás, algo chistoso es un deporte nacional que hoy en día es acusado de bullying. Pero que no por ello deja de practicarse.Los cuenta chistes son de excelente manufactura y su prosapia en reuniones y eventos son muy aplaudidos. Por eso se dice que la manera mas correcta de ridiculizar a un político es meterlo en el cajón de los chistes más gustados.Así lo afirma Aramoni: “Sin duda que en México pueden hacerse chistes de esa factura, especialmente contra políticos, sobre todo si son importantes y levantan molestia y malestar...lo más probable es hallar que se insulta de modo solapado, soez, al mandatario”.Los mecanismos emocionales del chiste cobran facturas muy saludables al hacer una autocrítica de nuestros defectos y debilidades, a la par que hacemos lo mismo con los de los demás. Todo esto para además de reírnos de ellos, darnos cuenta de lo que realmente somos. El personajes de “Pepito” es ya parte de nuestra manera jocosa de burlarnos de nosotros mismos, cuando además lo combinamos con las típicas comparaciones entre un ruso, un alemán, un gringo y desde luego un mexicano.Entre broma y broma, la verdad se asoma. Reza un dicho popular, y sí tiene mucho de cierto. Pues los mexicanos usamos este andamiaje para decir las verdades que no nos atrevemos a decir directamente y nos gusta disfrazarlas con algo que detone una risa.¿O no?