“A pesar de que las leyes mexicanas tratan de proteger a la mujer, mientras ella no cambie de actitud y mentalidad, no es mucho lo que se puede avanzar en el campo legal”.Palabras de Julián Matute y Ma. Isabel Matute en su libro "El Perfil del Mexicano", editado en 1992.Si bien es cierto que en el papel hay una mayor consideración a la igualdad y el respeto jurídico, en la realidad social, sobre todo en las clases populares, aún no se establece un trato justo y muchas veces siguen siendo objeto de violencia y discriminación.Y agregan: “Mientras no haya una educación superior que forme y conforme a la mujer mexicana, no va a cambiar su situación de desventaja. Es necesario que la mujer esté consciente del papel que tiene que desarrollar dentro de la sociedad y la responsabilidad que éste conlleva.”Y claro que nos preguntamos: ¿Cuál ese papel que les corresponde?En primera instancia la responsabilidad descansa en los padres, según nuestros invitados de hoy: “Ambos padres son los responsables de la confianza y seguridad que tengan sus hijas”. Y lanza una atrevida consigna que va más allá de una suposición, pues dice que lo sustenta en estudios recientes. “En gran medida el padre es el responsable de afianzar la personalidad de la hija... él es el encargado de decir a su hija qué hacer en la vida y la madre en ese caso le dice cómo hacerlo.”El asunto es que finalmente la mujer requiere de una “formación moral y sistemática de los primeros años de vida, para que eso que recibió lo pueda trasmitir a su vez... pues a la larga serán madres.”Este es un punto muy importante, pues el papel que le adjudican acaba siendo el mismo de siempre. Tan sólo agregan que la mujer debe tener una mayor educación e igualdad jurídica, pero sin “los absurdos que nos encontramos en las leyes”.Sobre el cambio de actitud los autores atribuyen, en parte, ser ellas mismas las responsables de su degradación... al aceptar ser menospreciada y devaluada en los medios de comunicación, “al promover la inmoralidad de un gran sector de la población femenina humilde, con el ejemplo que se da en la televisión, por medio de las telenovelas... y en las publicaciones semanales o quincenales de esas que están repletas los puestos de periódicos, debían de prohibirlas totalmente, pues son denigrantes desde sus portadas sugestivas”, concluyen los autores.Y para finalizar consideran muy importante “que la mujer ocupe su lugar en la sociedad no en competencia con el sexo masculino sino al lado de ellos, es decir “con” ellos y no “contra ellos”.Por lo que el cambio de actitud principal es estar unidos para no dejarse denigrar, pero tampoco luchar en contra ellos. Hay un asunto que es fundamental: no dejarse utilizar para seguir siendo menospreciada como objeto de consumo y excluida de muchas de las actividades propias sólo para varones.