Ideas | Duele hasta lo más íntimo Por: Cuauhtémoc Cisneros Madrid 14 de julio de 2011 - 02:00 hs Duele hasta lo más íntimo La mera verdad que sí duele. Duele la partida de un hombre vilmente asesinado por manos cuyos propietarios no tienen el valor para enfrentar a un hombre cara a cara; cuya cobardía sólo les permite recurrir a la canallada para ganarse unas cuantas monedas, mismas que estoy seguro, no les habrán de servir para edificar nada. Pero sobre todo duele que un hombre considerado como “Mensajero Mundial de la Paz”, cuyas canciones y humor negro siempre se prestara para la reflexión, deje inconcluso el trabajo para el que fue predestinado. No, no fue mi amigo, el escaso trato que tuvimos no llegó a esas latitudes, pero de cualquier manera duele, duele hasta lo más íntimo porque su humanidad era tal, que a diario lo enfrentaba con la espiritualidad que todos llevamos dentro y lo obligaba a escribir, y lo obligaba a cantar, y lo obligaba a conversar y lo obligaba a dar sus conclusiones y forma de pensar a todo aquel que le quisiera escuchar. Sí, mucho le oímos cantar, le oímos y aplaudimos su forma irreverente y claridosa de decir las cosas. Las profundas y las sencillas… sus cosas, decía él. Su aspiración era hacer pasar un buen rato a quienes le oíamos, pero su propósito siempre tuvo que ver con la posibilidad de que le escucháramos, de que le entendiéramos, de que reflexionáramos acerca de su decir, que no era otro que el decir de los más grandes maestros de la Humanidad. Rescatado del mundo real, del mundo de la maldad por los “hermanos jesuitas” —acostumbraba decir él— poco, muy poco se le podía platicar acerca de la maldad de este mundo. Las experiencias vividas y sufridas le habían llevado a tener como compañeros a los peores engendros humanos, casi, casi de la misma calaña de quienes cobardemente nos privaron de su presencia y de sus ocurrencias —porque no le quitaron la vida, esos delincuentes no son capaces de quitarle la vida a nadie, porque no tienen ni los tamaños, ni la altura de espíritu para lograrlo—. Si el atentado iba encaminado hacia el cantautor o no, eso ya es otra cosa, nadie pasa de la “raya” que se le tiene concedida. Seguramente el Creador de todas las cosas ya le tiene asignada una nueva misión en el más allá. Una misión que le permitirá continuar trascendiendo más distante de donde sus agresores pudieran siquiera imaginarse. Las canciones y los dichos del cantautor los seguiremos escuchando, nos seguiremos deleitando; continuaremos intentando encontrar las verdades ocultas que sus frases y expresiones tienen, al igual que las que tomó prestadas de otros grandes de la literatura, de la poesía, de la libertad, de la solidaridad y de la paz. Descanse en paz Facundo Cabral. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones