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Sábado, 19 de Octubre 2019
Ideas |

Descartados

Por: Ramón Zurita Sahagún

Son los menos panistas de los siete aspirantes presidenciales que iniciaron la búsqueda de la nominación de su partido, por lo que siempre fueron considerados los de menores posibilidades de alcanzarla.
Uno de ellos (Javier Lozano Alarcón) desistió de su propósito, al comprobar que nadie lo tomaba en serio como prospecto presidencial. El otro (Heriberto Félix Guerra) pronto lo tendrá que hacer. Ellos solos se encartaron en esta búsqueda, alentados por formar parte del gabinete presidencial y creyendo que eso era suficiente para ser tomados en cuenta. Tanto Lozano como Félix son vistos con recelo por los panistas de militancia o de abolengo, los que no los ubican como suyos. Ambos tuvieron la fortuna de mantener cercanía con el Presidente Calderón y de formar parte de sus activos en campaña, por lo que fueron incorporados a la administración pública federal. De larga militancia priista, lo que le valió los primeros nombramientos en el servicio público y la única candidatura a un cargo de elección popular, Lozano se acercó a Felipe Calderón cuando este inició la búsqueda de la candidatura presidencial. Antes de eso había fungido como subsecretario de Gobernación y hasta jefe de prensa del CEN del PRI y candidato perdedor a diputado federal, postulado por  ese mismo partido. Fue cuando llegó el PAN al poder que comprobó que su militancia priista era artificial y que él debía formar parte del partido gobernante, como lo fue en su tránsito por el partido tricolor. Esa militancia priista unido a una frecuente exposición a los reflectores le han generado rechazo hacia los sectores conservadores del partido en el que ahora milita. Por eso, con todo y sus explosiones de verborrea, su condición de golpeador gubernamental, sus provocaciones a personajes de otros partidos y sus réplicas al Congreso, dentro y fuera del partido, nunca fue tomado con la seriedad necesaria para convertirlo en aspirante presidencial. Lozano Alarcón es un chivo en cristalería, con capacidad para la réplica, conocedor de su materia, pero catalogado como oportunista, trepador y sumamente locuaz. Por eso no sorprendió a nadie que se bajara de un escenario al que no fue invitado y donde él mismo se insertó, para negociar con uno de los aspirantes que es visto como el “delfín” dentro de la sucesión presidencial del partido blanquiazul. El otro personajes, es Heriberto Félix Guerra, secretario de Desarrollo Social, llegado a esa posición, después de iniciar como senador de primera minoría, pasar a ser subsecretario en Economía y ocupar la cartera de secretario, luego de que otros dos políticos pasaron por esa silla en este sexenio. Félix Guerra creó una parafernalia a su arribo a una de las principales carteras del Gobierno federal, donde el dinero corre a raudales y se cuenta con largas listas de empadronados a los programas gubernamentales. La secretaría de Desarrollo Social se convirtió en una dependencia sumamente apreciada por quienes tienen planes a futuro, ya que permite a sus ocupantes un posicionamiento natural dentro del contexto político y propician las condiciones necesarias para forjar candidaturas. El arribo de Heriberto a la secretaría de Desarrollo Social, aunado a las felices coincidencias de que fuese el habitante de la casa en que vivía la familia Calderón-Zavala antes de trasladarse a Los Pinos, más el hecho de que sea uno de los yernos de Manuel J. Clouthier, situaron de inmediato a Félix Guerra en la posibilidad de disputar la nominación presidencial. Heriberto fue calificado como el “caballo negro” de la contienda, el “delfín” decían otros, pero dentro del partido y de la militancia no lograba permear su presencia ni proyectaba absolutamente nada. Con bajo perfil Félix Guerra destanteaba a todos. Se cuida demasiado, espera los tiempos, está agazapado, eran algunas de las expresiones de quienes esperaban el arranque de sus acciones para encartarlo dentro del piquete de prospectos presidenciales. Ese despegue nunca llegó y aunque Heriberto buscó los canales adecuados para insertarse dentro del grupo de prospectos presidenciales, nadie lo tomó en serio, pues ya había pasado el tiempo de las sorpresas y ya se sabía que su perfil era simplemente bajo y no formaba parte de una estrategia. Dentro del PAN nunca fue tomado con la seriedad debida, ya que se conocía sus experiencias como candidato de ese partido al Gobierno de Sinaloa, en primera instancia y al Senado de la República por ese mismo estado, más adelante, perdiendo ambas contiendas. Su perfil lo muestra como un perdedor consuetudinario, sin arrastre de ninguna clase, sin penetración dentro del electorado, pero con un amplio reconocimiento como el mejor de los tres secretarios de Desarrollo Social del presente sexenio, lo que tampoco es significa mucho. Heriberto Félix, al igual que Javier Lozano, solamente llegaron a formar parte de los siete presidenciables, en un alarde de mostrar que el partido gobernante tiene suficientes personajes de los que sacará al mejor posicionado para elevarlo al rango de candidatos. Félix y Lozano equivalen a los Ramón Aguirre, Carlos Gálvez o Luis Enrique Bracamontes del pasado priistas. Renovación priista Mañana se realizará la reunión del Consejo Político Nacional del PRI donde se presentará la propuesta para la renovación del mismo. La intención es que en agosto se renueve una parte de los consejeros y en septiembre la restante, para dejar bien aceitada la maquinaría con vistas a la selección del candidato presidencial.

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