Martes, 14 de Octubre 2025

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Derecho al voto femenino

Por: Guillermo Dellamary

Derecho al voto femenino

Derecho al voto femenino

“En 1915 se reunió en la Ciudad de México el Primer Congreso Feminista, pero es hasta la década de los treintas cuando el feminismo tiene un enfoque político.

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En 1931 el ingeniero Pascual Ortiz Rubio inauguró el Congreso Feminista y en 1934 la Liga Nacional Feminista hizo una manifestación dirigiendo volantes a las obreras, en los cuales se les comunicaba que las garantías que daba el patrón las conquistaba con ayuda del Gobierno revolucionario. Todas las manifestaciones y mítines que se realizaban en aquel entonces eran para proteger a las mujeres que trabajaban fuera del hogar y además demandaban para ellas iguales derechos ante la ley”, nos relatan Julián y María Isabel Matute en El perfil del mexicano.

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En 1934, continúan, se presentó una comisión feminista ande don Emilio Portes Gil, pidiendo se reconocieran los derechos de la mujer para actuar en la política.

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Pero fue hasta 1953, cuando finalmente se otorga el derecho de voto para elecciones federales a la mujer, así como el derecho a ser elegidas a puestos de elección federal o representación judicial.

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Los autores nos aclaran que “antes de la década de los setentas la participación de la mujer en la política, en las clases altas era poca, en la clase media era mayor, entre las intelectuales y profesionistas su participación era realmente significativa, mientras que en las clases humildes era casi nula”.

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A pesar de una larga lucha y con un esmerado empeño de muchas mujeres valientes y decididas. Hoy sigue siendo un fenómeno de clases la participación de la mujer en la política. Como también lo aclaran los autores invitados de hoy, muchas de las mujeres de las clases populares, siguen arrastrando la ignorancia, el descuido, el abandono, el desprecio y sobre todo el hambre. Aun no se ha podido erradicar el feroz “machismo” que aun impide la deseada igualdad.

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Como también parece suceder entre los varones, las mujeres participan poco en política, no hay una conciencia social ni conocimiento de los deberes y derechos ciudadanos. Seguimos teniendo muchas deficiencias en la participación cívica.

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El derecho al voto se ha ganado, ahora falta que su voz resuene con mayor vigor en la toma de decisiones en el ámbito del ejecutivo. Que su participación sea más contundente y firme en las diversas cámaras, más allá del cumplimiento de una cuota. Y qué decir de la mayor participación en el poder judicial, donde muchas inteligentes y jueces ya han demostrado de lo que son capaces de hacer por la justicia en México.

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No basta que tengan un derecho, se necesita que ahora lo puedan ejercer con apertura y determinación. Lo que necesariamente implica que el varón deje de ejercer la idiosincrasia del aun prevaleciente “machismo” en muchos sectores, que aún no abren las puertas a la auténtica igualdad.

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El cambio necesita surgir desde nuestra identidad, en un creciente empeño por dejar atrás los viejos prejuicios e incorporarnos al también valor ancestral de considerar la participación de la mujer como un bien irrenunciable de la nación.

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