Ideas | De charros, mariachis y tequila Por: José M. Murià 16 de septiembre de 2011 - 02:00 hs De charros, mariachis y tequila A René Rivial, con afecto. Ahora que se acercan las Fiestas Patrias y nuestra Cámara de Comercio se apresta a realizar, como cada año, su festival del mariachi y la charrería, me ha parecido oportuno hacer algunas precisiones sobre ambas actividades que, dada la incapacidad que tienen las autoridades del turismo para hacer la cosas bien, no han sabido siquiera evitar que se deformen los conceptos y, como en el caso de la charrería, que los habitantes del Estado de Hidalgo la consideren suya y la mayor parte de los mexicanos les den la razón. Pero como el tequila, viene junto con pegado pues, aunque haya charros y mariacheros traidores que prefieran otras bebidas extranjerizantes, estarán de acuerdo conmigo en que el tequila es la que más se aviene a tales jinetes y cantadores. Aparte de lamentar la extranjerización de la industria de la bebida mexicana por excelencia, quisiera precisar que la palabra tequila no tiene nada que ver con el cobro de salario —el tequio— ni nada por el estilo, tal como han dicho y repiten quienes pretenden saber. Tequila quiere decir literalmente: “Lugar de hierbas entre las piedras” o “piedras ente las hierbas”. Viene de Tetl: piedra, y quílitl: hierba. La toponimia, en la inmensa mayoría de los casos, se refiere a características geográficas y no a actividades humanas, pues éstas varían con el tiempo. Cualquiera que vaya a Tequila se dará cuenta que el topónimo auténtico corresponde todavía a la realidad. Del mariachi, vale la pena señalar que hace más de 30 años que descubrimos el uso de la palabra en la toponimia, en la flora y en actas notariales desde al menos medio siglo antes de que llegaran los primeros franceses. ¿A qué viene, entonces, perseverar en la babosada que viene del francés marriage? Supongo que da caché y alimenta el afrancesamiento, pero lamentablemente nada tiene que ver una cosa con la otra. ¿Qué se podrá hacer para que quienes andan en el mundo del turismo dejen de perpetuar tamaña estupidez? Más ingeniosa es la versión de que viene de una dama llamada María José —María-Che—, pero carece de fundamento, máxime dado su origen en diversos lados donde había músicos que iban y venían de la Costa fungiendo como arrieros. De la charrería, palabra que, como charrúa, procede de España y tiene origen vasco —charr: esmirrriado—, se utilizó a partir de la segunda mitad del siglo XIX para referirse al ranchero acomodado de clase media, mas no al hacendado ni al chinaco (que significaba originalmente detestable). En Hidalgo prevalecían las haciendas mientras en Los Altos de Jalisco dominaban los rancheros que llevaban grandes hatos a las minas de Zacatecas, de ahí la necesidad del uso de la soga y del sombrero de ala ancha. Fueron los hidalguenses que, a fines del siglo XIX, quisieron parecer más mexicanos y adoptaron el atuendo del ranchero, aunque, claro está, de materiales mucho más caros. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones