Ideas | Cuando se pervierten los valores Por: Vicente Bello 30 de agosto de 2011 - 02:00 hs La Cámara de Diputados se llenó de luces y la palabra hizo fiesta cuando expertos mexicanos y europeos, del derecho, y académicos y funcionarios, se pusieron a describir al México doliente de estos días. ¿Cuánto más la corrupción y la impunidad hará descender todavía a nuestro país?, saeteaba una y otra vez la pregunta. Y entonces la teoría y la experiencia (estuvo aquí Leoluca Orlando, ex alcalde de Palermo, la ciudad italiana que más ha golpeado la mafia) reverberaban, a manera de respuestas. Relacionaban, precisamente, por la guerra de los 50 mil muertos. “El miedo”, decía el rector de la UNAM, José Narro, “es un mal compañero para la solución de nuestro problema. El miedo paraliza y oscurece la razón. El miedo enmudece a la gente e inhibe la acción. Por ello tenemos que encontrar formas de eliminarlo”. Habían sido convocados como participantes del Foro Legalidad Democrática, Ética, Derechos Humanos y Seguridad, que la Cámara de Diputados fraguó justo a tres días de que inicie el periodo ordinario de sesiones. Oportunísimo para la oposición, porque de ahí manaron críticas que remecieron los posicionamientos recientes que ha tomado el Gobierno federal y el Partido Acción Nacional, en torno de las actividades de un crimen organizado que ha sido tildado por los oficialistas como un asunto de terrorismo. El investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés, afirmó: “Con motivo de la tragedia que cimbró a México, en Monterrey, se desencadenó un nuevo tipo de retórica, cuando se ha sustituido el concepto de narcomenudencia por el de narcoterrorismo”. Hacía un instante, Valadés hubo dicho que “el problema central del que se desprende toda la gran constelación de expresiones corruptas (en México) es en realidad un problema político, y no policial o policiaco”. Y que quienes combaten (desde el Gobierno) “han caído en una grave contradicción”. Remachó Valadés: “Simplemente reclasificar a los delincuentes como narcoterroristas parecería ser un salto absolutamente injustificado”. Y entonces, con lo que dijo, no hubo quien no mirara hacia la imagen controversial del Presidente Felipe Calderón: “Responder con tres días de duelo es una respuesta retórica, y no es (tampoco) jurídica, ni política, ni de seguridad”. Leoluca Orlando fue alcalde de Parlemo, la ciudad italiana donde se incubó y creció la Cosa Nostra hasta quedar convertida en algo mucho peor que una postemilla para los italianos todos. “En Palermo”, dijo, “la violencia de la mafia era tan sofocante que inició una revuelta no entre la gente, sino en los palacios de justicia en la que los magistrados estaban combatiendo no la mafia, sino a sus colegas, otros magistrados que no querían que se investigara el fenómeno mafioso”. Fue Orlando quien habló de la complicidad de los medios televisivos en el crecimiento de las mafias. “El silencio de algunos medios se ha convertido en un acompañante silencioso de la corrupción”, añadió. Y entonces habló de los capos mexicanos. “El que no tranza no avanza”, es un valor pervertido por las mafias, decía. No, arengó, “necesitamos decir que el que tranza no avanza”. Leoluca Orlando advirtió entonces que las mafias pervirtieron, sobre todo, a los valores de la libertad y el desarrollo. “Convirtieron a la libertad sin reglas; a la competencia la convirtieron en monopolios, y al desarrollo en acaparación del dinero”. Se metió entonces en los terrenos de la política: “En Italia”, dijo, “tenemos un gobierno de derecha que ha pervertido los valores”. Y habló de la “cultura nacional italiana”, a donde se han destruido los méritos, se ha ignorado las necesidades (…) Y ya no hay diferencia entre lo público y lo privado; entre el Estado y lo privado; entre el vendedor y el comprador”. Había sido el rector Narro otro de los que rechazaron el concepto de terrorista que Calderón dio a los delincuentes. “No tuvo (el atentado en Monterrey) un fondo político, sino que se trató de un acto delictivo”. El juez español Baltasar Garzón ya decía que “es fundamental la educación de un país para vertebrar a una sociedad, a un país y a un régimen democrático y para generar la convivencia que se precisa para combatir a los fenómenos que atacan a la seguridad, a la convivencia, y que ponen en peligro la convivencia pacífica y democrática de cualquier país”. Y discernía que “la corrupción es esencialmente un concepto social y político”. Raúl Plascencia, titular de la CNDH, estuvo también ahí. Llamó a “verse con mucho cuidado” cada que se hable de condiciones de Estado de excepción. Condiciones jurídicas, por cierto, que el PAN, ayer, en San Lázaro, relacionaba con la “condena imperdonable del crimen ocurrido en el casino de Monterrey”. Y aprovechaba luego en insistir en la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional y la de antilavado de dinero. Acción Nacional hablaba de que es el “momento de la unidad nacional”. Arengó el panismo, en un comunicado, a “cerrar filas y enfrentar sin tregua a los delincuentes”. Nada habló, sin embargo, en cerrar filas y enfrentar sin tregua al sistema que llevó a México ser un “Estado corrupto”, con cifras que crecieron exponencialmente a partir de 2000, según decía en el foro aquel la diputada federal del PT, Teresa Guadalupe Reyes, quien agregaba: “Se ha transformado la política del Estado mexicano en una política de corrupción e impunidad”. Y ejemplificaba con las actuaciones del Gobierno federal en los casos de los 72 migrantes muertos, y en la de los 45 bebés de la guardería ABC, de Hermosillo. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones