Al contrario de lo que se hubiera podido pensar, los diccionarios de la Academia antiguos y modernos no dan a la palabra “baraja” una etimología árabe (ni ninguna otra); simplemente informan que es el “conjunto de naipes”, y también que en el uso castellano antiguo era sinónimo de riña o reyerta. Otros diccionarios sí aluden a un posible origen bien árabe o bien hebreo, pero tal parece que no hay ninguna etimología segura. Se dice que los naipes o barajas llegaron de la India o de China (como también el ajedrez) allá por el siglo XIII, y que las primeras referencias escritas son de finales del siglo XIV, en la región del Mediterráneo. Los dados, por su parte, se conocían en el mundo occidental desde épocas muy antiguas. En cierto sentido la baraja venía a combinar el elemento de inteligencia y estrategia del ajedrez con el puro azar del juego de dados. Por supuesto que, hasta la invención de la imprenta, las barajas se fabricaban a mano o grabadas con una plancha de madera o de fierro e iluminadas una a una. De las barajas antiguas que se conservan, parece ser que las más viejas son las españolas, con sus cuatro palos tradicionales: espadas, oros, copas y bastos (que se supone aluden a los cuatro estamentos sociales del medievo), y una composición muy colorida y pintoresca. En la baraja española cada palo puede tener siete o nueve cartas y el mazo puede ser de 40, 48 o 50 cartas, según el juego para el que sirva; hay juegos como el Paco, que requiere cinco mazos. En contraste con las barajas de otros lugares, las españolas no tienen reinas, sino caballos (bueno, son caballeros con su caballo), y las sotas, que son unos pajes jovenzuelos, equivalen al valet francés o el jack inglés. Desde hace unos tres siglos, los caballos de oros y de copas ven hacia la izquierda, y los de espadas y bastos a la derecha. Los reyes de oros y copas parecen un poco más jóvenes que los otros dos. Desde la segunda mitad del siglo XIX el diseño más común de las barajas españolas es el que se debe a un ilustrador, Augusto Ríus, que trabajaba para el impresor francés Heraclio Fournier, establecido en la ciudad vasca de Vitoria, donde hoy en día los herederos de Fournier tienen un museo con miles de barajas antiguas. Un elemento único de la baraja española desde el siglo XVI son las “pintas” o discontinuidades de la línea de arriba y abajo de los dibujos de cada carta, que permiten al jugador darse cuenta qué cartas tiene sin necesidad de abrir la mano completa. Los oros tienen la rayita corrida sin cortes, las copas tienen una interrupción, las espadas dos y los bastos tres. Hay un blog que se llama Museo de la baraja y que tiene muchos datos curiosos;* también está otro con excelente información llamado Ballesterismo.** *http://www.museodelabaraja.com/index.php?option=com_content&view=section&layout=blog&id=2&Itemid=21 **http://www.ballesterismo.com/2010/08/las-cartas-sobre-la-mesa-la-baraja.html