Ideas | — Fariseo Por: Jaime García Elías 26 de septiembre de 2011 - 02:00 hs — Fariseo “Lo que el Presidente quiso decir...”. La frase que inmortalizó a Rubén Alonso, vocero de la Presidencia en los tiempos de aquella divertida entelequia denominada “la pareja presidencial”, aplica, en el funambulesco mundillo de la política mexicana, para infinidad de casos. Aplica a partir de la premisa de que los profesionales del más desprestigiado —a nivel mundial— de los oficios, son, vía de regla, incapaces de emplear un lenguaje directo. Diestros en el arte de inventar veredas con tal de eludir los caminos llanos que prefiere el común de los mortales, los políticos utilizan un meta-lenguaje cifrado, pletórico de charadas, pródigo en enigmas, y construyen discursos que sólo resultan comprensibles (y no siempre, por cierto...) una vez que pasan por el filtro de los exégetas. * Así, lo único que al ciudadano de a pie le quedó claro, una vez que uno de los seudo-precandidatos a la Presidencia de la República hizo pública, la semana pasada, su determinación de retirarse de la contienda, es que ninguno de los argumentos que esgrimió en la correspondiente conferencia de prensa, supuestamente para justificar dicha decisión, corresponde estrictamente a la verdad... Como los buenos jugadores de póker, si los profesionales de la política muestran las cartas, es porque tienen la secreta, aviesa intención de que sus interlocutores —acostumbrados como están a que les mientan—... no les crean. * Para los profesionales de la política, todo es cálculo. Si anuncian que sacan sus canicas de una rueda, es porque tienen la intención de jugarlas en otro lado... Si proclaman, por ejemplo, su intención de “continuar trabajando” para demostrar que ellos, en lo particular, y su partido, en lo institucional, “trabajan mejor que aquellos que dilapidan los recursos en su promoción personal y que han demostrado que no resuelven los problemas de las familias de sus entidades”, es obvio que su perorata: 1.- Lo pone en el grave riesgo de morderse la lengua (”el burro hablando de orejas”), pero es lo suficientemente valiente --o lo suficientemente cínico-- para jugársela. 2.- Apuesta a la ingenuidad supina o a la desmemoria crónica de la generalidad de los ciudadanos. 3.- Cuando alude a “las familias” cuyos problemas se ha esforzado en resolver, no miente: está pensando en la suya, a la que no hubiera podido hacer pasar de la honesta medianía a la opulencia por la vía del trabajo honrado. 4.- Intenta actualizar el discurso del fariseo de la parábola: aquel que daba gracias a Dios “por no ser como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros...”. En todo caso, la moraleja —tomada del mismo evangelio— sigue vigente: “El que se ensalza será humillado...”. Etc. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones