Miércoles, 05 de Noviembre 2025

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* Estupidez

Por: Jaime García Elías

* Estupidez

* Estupidez

En el caso de los ocho jugadores segregados —degradados, se diría— de la Selección Nacional Sub-22, queda claro que no se castigó tanto la indecencia y la falta de profesionalismo, cuanto la estupidez. * Los ocho, al ser honrados con la designación para integrar el seleccionado mexicano que participará en la Copa América, asumieron —se supone que de buen grado y aun con orgullo— el compromiso de observar un comportamiento intachable como integrantes del representativo de su país para un certamen internacional. Ya mayorcitos como son, aunque se trate de jóvenes, entendieron, seguramente, las reglas de comportamiento que les notificaron sus superiores; en particular, la estricta prohibición de recibir visitas en las habitaciones de los hoteles de concentración. Integrantes, desde hace un buen rato, de esa cosa a la que llaman “la familia futbolera”, los ocho se enteraron en su momento, con absoluta seguridad —con pelos y señales, además— de los pormenores del escándalo precedente: el de los jugadores que fueron sancionados por haber quebrantado la disciplina al cabo de la etapa de partidos amistosos en que Efraín Flores fungió como técnico nacional interino. * El antecedente señalado dejó la utilidad de unificar —o casi... — criterios con respecto a lo que se espera de los futbolistas profesionales, en la medida en que se les tiene como modelo de conducta para los jóvenes: una cosa es que sólo quien no haya pasado por esa etapa de la vida o esté libre de culpa tendría cierta autoridad moral para lanzarles la primera piedra, y otra muy diferente eximirlos de la obligación de respetar determinados patrones de conducta y de estar a la altura de la responsabilidad que —patrioterismos aparte— implica vestir la camiseta nacional y participar en una competencia deportiva internacional. Precisamente, pues, porque había un antecedente relativamente reciente, porque aquel episodio degeneró en escándalo y porque sus protagonistas ya tuvieron la dolorosa experiencia de la deshonra, la burla y el descrédito, el caso que culminó ayer con el anuncio de la degradación de los ocho mequetrefes —de cuyos nombres no vale la pena acordarse— es, por sobre todas las cosas, como ya se ha dicho, un castigo a la estupidez. * La moraleja de la historia cae por su propio peso: “El hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra”. (Y si es futbolista, peor...).

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