Una de las muchas etiquetas que el Atlas ha tenido a lo largo de su historia ha sido la de “equipo caganchesco”... El vocablo se origina en el apodo de un torero, Joaquín Rodríguez Ortega, sevillano de origen y fallecido en México (1903-1984), que personalizó como nadie al ave de las tempestades. De él, como torero, se decía que no conocía el término medio: o el éxito absoluto... o el fracaso inapelable. Sus presentaciones terminaban con triunfales salidas en hombros... o con él en la cárcel y los toros en el corral. * El Atlas, en algunas épocas, ha sido así: un equipo impredecible; un equipo divorciado de la regularidad y de la lógica; un equipo que con la misma facilidad con que perdía partidos que supuestamente debía ganar, ganaba otros que debía perder. Esto último, por supuesto, así: en tiempo pasado. Porque, en el presente —un presente que arranca desde los últimos partidos del Torneo de Clausura de la temporada anterior, cuando sumó cuatro fechas sin victoria—, los rojinegros han convertido los descalabros en una regla, y los triunfos en la excepción —cada vez más rara— que la confirma. * Ahora mismo, cuando se supone que sus jugadores se preparan para hacer frente al América, esta noche en el Estadio Jalisco, sus simpatizantes irán a la tribuna rumiando una contradicción violenta: por una parte, con el corazón que les dice que sí se puede, porque el tópico sostiene que en el deporte “todo puede suceder”; por la otra, con la cabeza que les dice que no: que un equipo que sólo ha ganado uno de los últimos 24 partidos que ha disputado —presionado, además, por la necesidad imperiosa de ganar para no verse todavía más amenazado por el fantasma del descenso al infierno de la división inferior—, sólo puede vencer al que ha dado muestras sobradas de ser uno de los mejores equipos del campeonato nacional en las últimas campañas, mediante la conjunción de una hazaña, de su parte, con una debacle del adversario. * Lo uno se antoja tan improbable como lo otro... En todo caso, nada de sensacional tendría que los rojinegros de pura cepa se agenciaran alguna de las muchas fotografías que se le tomaron a Joaquín Rodríguez Ortega en sus tardes apoteósicas —en Las Ventas, por ejemplo—... para colocarle en frente la correspondiente veladora.