Se dice fácil, pero han transcurrido 33 años (“la edad de Jesucristo”, valga el tópico) desde el primer viaje de un papa a México, hasta el primero del papa actual hacia el mismo destino. Y aunque el suceso suscita interés y tiene trascendencia incluso, es inevitable hacer, de entrada, una serie de salvedades... Por ejemplo, que el Papa no es el mismo; que los tiempos son otros; que el México que visitó por primera vez Juan Pablo II no es el mismo que visitará, desde hoy, Benedicto XVI; que ni siquiera el mundo de hoy es el de antes (“el que solía ser”, diría la frase clásica). Y, al final de cuentas, que tal vez ni siquiera la Iglesia Católica sea, desde la perspectiva de los creyentes, la misma de antaño. -II- El primer viaje de Juan Pablo II a México, fue, desde su anuncio —valga la analogía—, por insólito, un sismo informativo. Salvo algún viaje relámpago de Paulo VI a Colombia y otro a las Naciones Unidas, los papas daban la sensación de estar cautivos, como si cumplieran una condena a cadena perpetua, en una jaula de mármol y oro. Refulgente y glamorosa, tal vez, pero jaula al fin y al cabo... Juan Pablo II decidió ejercer como Papa peregrino, e inauguró ese estilo en México, en enero de 1979, muy poco después de su elección como sucesor de Juan Pablo I, el efímero “Papa de la Sonrisa”. Carismático, dueño de una personalidad arrolladora y de un excepcional dominio de la escena, “el Papa polaco” atraía a las multitudes. En México, lo mismo en el primero que en los cuatro viajes más que realizaría, pronunció decenas de discursos. Para quienes lo arroparon en aquellas visitas, empero, quizá caló más hondo su figura que sus palabras: muchos recuerdan cómo lo vieron, lo mismo en el esplendor que en el ocaso de sus facultades físicas; pocos conservan en la memoria, en cambio, la esencia de sus mensajes. -III- México, desde entonces, también cambió. Del jacobinismo oficial, eco histórico de las Leyes de Reforma, al restablecimiento de relaciones entre el Estado mexicano y la Santa Sede, el reconocimiento de las iglesias y la restitución de los derechos ciudadanos de sus ministros, hay un salto cualitativo. De la canonización de “Los Mártires de la Cristiada” al abandono de la Iglesia por parte de muchos mexicanos que hacían de la religión católica la absolutamente mayoritaria, otro tanto...