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Domingo, 19 de Noviembre 2017

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- “¿Y Guadalajara…?”

- “¿Y Guadalajara…?”

- “¿Y Guadalajara…?”

Los expertos que participan en el Foro Urbano Co-Re, en la Ciudad de México, emitieron un pronóstico alentador: la antigua Ciudad de los Palacios no está condenada al colapso vial. Contra el vaticinio que desde hace décadas sostienen los profetas de desastres que en nuestro medio se dan en maceta; contra la sospecha de los mortales comunes y corrientes, que corroboran que sus tiempos habituales de recorrido se alargan todos los días —su reloj se los señala— aunque las distancias de los mismos no se modifiquen —el odómetro de su automóvil se los demuestra—, es poco probable, al decir de los expertos, que estén condenados a pasar del purgatorio del cada vez más notorio tortuguismo cotidiano, al infierno de la inmovilidad total.

 -II-

Bien… La pregunta que de ahí se desprende sería: “¿Y Guadalajara…?”.

La saturación de las vialidades, por obra y gracia de la multiplicación de los automóviles (consecuencia, a su vez, de la ineficiencia e insuficiencia del transporte público y de que, en México, 73% de la inversión en infraestructura se destina al uso del automóvil, aunque 60% de la población se mueve en transporte público), se traduce en deterioro de la salud, por la contaminación del aire, y de la calidad de vida, por el tiempo que debe invertirse en traslados. Con respecto a la capital, donde los niveles de contaminación duplican las cifras consideradas “aceptables” por la Organización Mundial de la Salud, Guadalajara tiene la ventaja de que los vientos vespertinos, en buena medida, disipan los contaminantes. En compensación, tiene la desventaja de que sus sistemas de transporte colectivo son más precarios. Si la Ciudad de México, contando con prácticamente todos los sistemas de transporte que hay en las urbes más importantes del mundo, tiene el inconveniente de que los mismos no están interconectados, Guadalajara, en esa materia, está aún más dejada de la mano de Dios.

-III-

El crecimiento horizontal de la mancha urbana no se ha detenido: cada día hay más gente que vive más lejos y que debe hacer recorridos más largos. El vertical, tampoco: las torres de departamentos se multiplican de manera exponencial... y alarmante.

No se necesita tener dotes adivinatorias para anticipar que los desplazamientos se complicarán y los congestionamientos viales serán más frecuentes y prolongados cuando salgan al trabajo, a la escuela o de compras, o cuando vuelvan a casa los residentes de esos habitáculos, hijos o nietos de los felices habitantes de la otrora “Ciudad Amable”.

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