Ya es un tópico: en cuanto se habla de temascomo el bullying o el crecimiento de la delincuencia organizada —por mencionar los primeros ejemplos que surgen espontáneamente—, surge el estribillo:—¡Es que se están perdiendo los valores…!Es probable —usted dirá, lector amable, al final del cuento— que el desenlace que para los intereses mexicanos tuvo el Mundial de futbol en curso, venga al caso…*Un adagio, aplicable al deporte y a todos los órdenes de la vida –la política, por ejemplo— sentencia: “Dios le dé paciencia al que gana para aguantar al que pierde”.Hasta el sábado, una canción, compuesta —supuestamente— e interpretada por una adolescente mexicana, había alcanzado el rango de trending topic (tema del momento) en las redes sociales; hasta el fin de semana tenía registradas cerca de dos millones de “descargas”. Se trata, en resumen, de una diatriba contra los holandeses que, al ganar el partido de octavos de final, impidieron que las armas nacionales (mexicanas) se cubrieran de gloria. La canción encomia a los jugadores mexicanos que participaron en el juego; tilda de “ratero” al árbitro; insulta reiterativamente a los holandeses; sostiene que “nos ganaron el Mundial”; toma como estribillo el grito que los aficionados corean cuando los porteros despejan…Los comentarios en la misma página se dividen. Para unos, la “rola” es una mera ocurrencia. Si alcanzó dimensiones mayúsculas fue porque en buena medida refleja el sentimiento de los aficionados mexicanos, pero, sobre todo, por el medio que se utilizó para difundirla. Hay quienes festejan la naturalidad y el desparpajo con que la supuesta cantautora desgrana ofensas y groserías, como las “gracias” de los niños que, incitados por los mayores, dicen sus primeras malas palabras. Hay quienes deploran tanta vulgaridad y tanta frustración en boca de una niña. Hay quienes estiman que ahí se manifiestan el resentimiento, la frustración y los complejos de muchos mexicanos, incapaces de aceptar deportivamente las decisiones del árbitro (lo que denota rebeldía sistemática contra el principio de autoridad… tal vez porque la autoridad, en todos los niveles —a partir del ámbito hogareño— no ha sabido ser tan respetable como debiera) y por asumirse como víctimas de tortuosas conjuras de poderosos y rufianes, a raíz de un resultado adverso en una contienda que se rige por reglas que de antemano se conocen y cuya aplicación se encomienda a una persona que se presupone competente, honesta… y falible.*La canción, por si misma, puede pasar como chiste: como expresión de la célebre “picardía mexicana”. Las reacciones, en cambio, muestran la cara menos agradable, no de todos, por supuesto, pero sí de un porcentaje significativo de los mexicanos.