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Sábado, 21 de Julio 2018
Entretenimiento | Por: Martín Almádez

La tentación del mercado

Los servicios culturales son un elemento clave para reactivar la economía en Jalisco.

Por: EL INFORMADOR

Cada vez sorprende más darse cuenta -luego de un acercamiento somero a los trabajos de los principales analistas de la economía nacional- de la importancia que cobra el consumo de artículos y servicios culturales.

El tema ha sido planteado desde hace ya más de una década por estudiosos de la materia, entre los que destaco a Néstor García Canclini y Ernesto Piedras, como los que más han mostrado, de manera concreta, las variables del consumo inherentemente ligadas al rubro de la cultura.

Quizá, si limitamos el criterio para definir artículo o servicio cultural a todo aquello que sea producto directo de lo que consideramos disciplinas artísticas, la música, la literatura y la cinematografia, aparecerían como los productos más potenciales en el mercado: discos, libros y películas. Y en condiciones distintas, por mantener un perfil más de servicio que de artículo, se encontrarían las artes escénicas: danza, teatro y otra vez música, concretados en montajes y conciertos.

Se ha demostrado que el consumo de productos culturales cada vez registra un aumento prometedor en todas las economías. Los citados aquí como productos: discos, libros y películas, están dirigidos a un mercado donde el consumidor maneja un estilo de vida individualizado: a) le es cotidiana la soledad, b) el espacio de disfrute de este consumo es en su casa y c) no requiere ser convencido por una campaña publicitaria. En cambio los calificados aquí como servicios: montajes y conciertos, se ubican en el punto opuesto a los productos: a) el consumidor recibe un servicio en público, b) la verdadera causa del consumo no es el servicio por el servicio mismo, sino la circunstancia en que se da: entretenimiento dentro del factor social, y c) requiere de una amplia y eficaz campaña publicitaria.

Las características de ambos casos: productos y servicios, generan necesidades y mecanismos económicos diferentes, de los cuales, los servicios aparecen como exigentes de una mayor inversión, pero al mismo tiempo, son los que arrojan una mayor ganancia. El factor que los diferencia no es el grado de necesidad, ni la calidad del producto o servicio, sino el manejo mercadotécnico.

En nuestra realidad, la de Jalisco, con calma tolerante nos hemos dado cuenta apenas, de la importancia que tienen los productos y servicios culturales dentro de la reactivación económica. Sin embargo, nadie o mejor dicho, ninguno de los posibles protagonistas de la economía ha tomado la decisión aventurera de tomarse en serio los retos de la cultura como mercado. El gremio empresarial en Jalisco es conservador y va a lo seguro. En el sector público se antoja ajena esa función, la de invertir en mercados, porque no corresponde a autoridad pública alguna, experimentar con inversión también pública y por lo mismo destinada para otros fines. Aunque algunas autoridades responsabilizadas de la educación, la investigación y la difusión de la cultura, actúen bajo la inconciencia o el cinismo y se arriesguen y hagan de los dineros públicos, dineros opacos, turbios y privados. Y en esta materia la función elemental del Estado es la de hacer que se aplique, conforme a derecho, la transparencia que sea necesaria.

Martín Almádez

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