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Sábado, 16 de Febrero 2019
Entretenimiento | Guillermo Vaidovits

Kinetoscopio

Miserias de aparador

Por: EL INFORMADOR

Sin nombre es un recuento deprimente de las penas inflingidas a los centroamericanos que viajan clandestinamente por el territorio mexicano para llegar a los Estados Unidos. Nada de lo que se ve parece tan exagerado como para no ser cierto, pero tampoco los hechos se antojan del todo reales. Escondida en esa mezcla hay una oda al coraje, la redención y la solidaridad, así como la intención más simple de hacer una película de suspenso a base de acontecimientos dolorosos.  

El director organiza su historia a partir de dos grupos de personajes que coloca en líneas dramáticas convergentes. En una examina con cierta complacencia los rituales y las crueldades de la Mara Salvatruchana. Es obvio que esa pandilla le proporciona unos rufianes curiosísimos, a la vez que unos antagonistas cinematográficos bastante intimidantes. Tapizados de tatuajes, con inagotable arrogancia, usan un caló de palabras altisonantes y modismos muchas veces incomprensible (no entendí a fondo una buena parte de sus parlamentos, eso sí, todos son dichos con mucho desprecio), deambulan con el torso desnudo, dispensan castigos en el cementerio, habitan una guarida desordenada con un fondo musical de cumbias rapeadas que además de vivienda les sirve para guardar armas, drogarse, y asesinar.

En menos de 30 minutos la película nos demuestra que son capaces, sin gran remordimiento, de robar, golpear, violar y matar. Por supuesto en el cine, y en otras expresiones de la imaginación popular y masificada, siempre se conjetura que aún en un ambiente tan podrido existe la posibilidad del heroísmo desinteresado. Así el protagonista que surge de este bando es un chaval sensible atrapado en una existencia violenta. Su condición se manifiesta en las primeras imágenes cuando contempla con tranquilidad, y puede ser que arrobo, el fotopaisaje de un bosque que adorna la pared de su dormitorio. Y poco después en el trato especial que da a su bonita novia, a la que toma fotos obsesivamente y pretende mantener al margen de sus actividades criminales. Habrá que pensar si el hecho de ser notablemente el único actor de cabello castaño claro y de piel blanca en un reparto donde el resto ostenta tez más oscura y rasgos mestizos, no sea quizás también una sutil indicación de su insoslayable rol en la trama.

El otro grupo de personajes son un trío formado por una muchacha, su tío y su padre, aquí la más importante será la joven. Ellos pertenecen a una pobre familia de campesinos de Honduras y emprenden el viaje para reunirse con parientes en Nueva Jersey. Como de costumbre, cuando en las películas el papel femenino adquiere relevancia es para ocupar la posición de interés sentimental del héroe.       

Además del repaso más o menos interesante de tópicos argumentales y genéricos, el director cede en ocasiones a un simbolismo discreto y no mal ideado, como el de la imagen de una marimba flotante que acompaña con sus dulce melodía la amarga travesía del río.
 
Sin nombre, EUA/ México, 2008; Dirección y Guión: Cary Fukunaga; Actuación: Edgar Flores, Paulina Gaitan, Kristian Ferrer, Gerardo Taracena.

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