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Miércoles, 17 de Octubre 2018

Entretenimiento

Entretenimiento | La enseñanza del Magisterio de la Iglesia ha sido por demás vasta y rica

Indispensable formar discípulos

La participación de los laicos en el triple ministerio de Jesús: Profeta, Sacerdote y Rey, se ha incrementado sensiblemente

Por: EL INFORMADOR

Una de las causas, si no la principal, de la situación crítica por la que atraviesa la fe cristiano católica --manifestada ésta en la gran incongruencia de vida en la que muchos bautizados viven; la poca participación sacramental, y en general en las actividades eclesiales; la apostasía de tantos que reniegan de su fe y se cambian de religión con una facilidad alarmante; etc.-- es, sin duda, la deficiente tarea de evangelización y catequesis que se ha venido realizando por mucho tiempo en el seno de la Iglesia, desde el núcleo familiar mismo, hasta en las parroquias y demás instancias de ésta.
De esto han sido conscientes los pastores de la Iglesia desde hace muchos lustros, y es por ello que han tomado múltiples iniciativas, realizado revisiones profundas y enmiendas sustanciales, una vez que se ha llegado a acuerdos en importantes reuniones, principalmente la conocida como el “Concilio Vaticano II”, el acontecimiento eclesial más importante del siglo pasado, y en infinidad de Sínodos, conferencias episcopales nacionales y continentales --hace un año se celebró la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, Brasil--, conferencias y simposiums disciplinares, etc.
La enseñanza del Magisterio de la Iglesia ha sido por demás vasta y rica, mediante la publicación de incontables documentos pontificios post conciliares de Paulo VI, Juan Pablo II, q.e.p.d., y ahora, S.S. Benedicto XVI.
La participación de los laicos en el triple ministerio de Jesús: Profeta, Sacerdote y Rey, se ha incrementado sensiblemente; el surgimiento de nuevos movimientos, asociaciones, comunidades, etc., ha sido muy alentador y esperanzador, y sobre todo, la conciencia de muchos que sin ser consagrados han recibido el llamado del Señor, ha crecido y madurado.
Sin embargo, no ha sido suficiente; antes al contrario, parecería que, después de un despertar muy luminoso, se ha ido cayendo nuevamente en la penumbra de un letargo.
¿Qué ha pasado? La labor de muchos no ha tenido el sustento necesario para que sea fructífera y abundante. Dicho sustento es justamente la congruencia, el testimonio de vida de aquellos que realizan labores de enseñanza de la vida y la doctrina de Jesucristo, lo cual suscita que se tenga un inicio muy efusivo, entusiasta y con una confianza capaz de llegar muy lejos, y que de repente todo venga a menos, se dejen de realizar los esfuerzos, las acciones; y no sólo eso, sino que quienes las realizaban se enfrían y llegan a perder la fe y la esperanza, abandonando todo, dándose por derrotados.
Esto hace ver que, entonces, si bien la tarea de evangelizar en apariencia es sencilla, no se debe realizar a la ligera, con improvisaciones, sin un sólido soporte que permitirá esa congruencia de vida. Ese soporte es la preparación tanto espiritual como intelectual, la formación integral que se ha de adquirir para el efecto.
Pero es importante --vital, diríamos-- que esa formación sea experiencial, al estilo de Jesús, que quiso vivir a tiempo completo durante tres años con sus discípulos y ciertamente les enseñó muchas cosas con sus palabras, pero siempre con el sustento de su vida, de su ejemplo, de sus acciones, del cómo aplicaba o ponía en práctica su propia enseñanza.
En este domingo en el que celebramos la Ascensión del Señor, el Evangelio que se proclama en la Eucaristía nos recuerda el mandato del Cristo, que fue más allá de simplemente proclamar, predicar, dar a conocer su Mensaje de Salvación, sino que ordenó a sus discípulos que enseñaran TODO lo que Él les había enseñado. Es de entenderse que ese TODO implica no sólo la extensión de contenido, sino también la profundidad y la vivencia, la puesta en práctica de la doctrina.
Esto corresponde a la una labor a la que en nuestra Iglesia deberá dársele especial y urgente importancia, y que otras versiones de este pasaje evangélico lo dicen en forma clara y precisa, al traducir: “Vayan y hagan discípulos por todo el mundo...”.
Sí, es tiempo ya de formar auténticos discípulos, al estilo de Jesús; discípulos que sean capaces de enseñar y formar a otros discípulos como Él enseñó y formó. De esa manera, aunque no garantizada, en virtud de la frágil naturaleza humana, sí estará asegurada una labor más efectiva y fecunda en este sentido.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx








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