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Martes, 11 de Diciembre 2018
Metlatónoc, Guerrero, es el segundo municipio con el índice de desarrollo humano más bajo de América Latina. SUN /
México

En Metlatónoc, Guerrero, venden niñas hasta en 180 mil pesos

En este municipio los hombres pagan por las adolescentes para hacerla "su mujer", o los padres pagan cierta cantidad para que sus hijos tengan una esposa joven 

SUN

Metlatónoc, Guerrero, es el segundo municipio con el índice de desarrollo humano más bajo de América Latina, por debajo de los países que integran el África Subsahariana. El que ocupa el quinceavo lugar entre los más pobres, a nivel nacional, de acuerdo con el Coneval.

Es también el municipio del estado de Guerrero donde "sus hombres" llegan a pagar hasta 180 mil pesos por una adolescente para hacerla "su mujer". O bien, los padres pagan esta cantidad para que sus hijos tengan una esposa virgen y menor de 15 años. Generalmente en contra de su voluntad y violando su derecho a decidir si quieren o no hacer vida en pareja y con quién.

De acuerdo con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, en los últimos 17 años, unas 300 mujeres han tenido que casarse bajo estas condiciones.

—Si es mayor se dice "que no la quieren para puta" —dice el comisario de Yuvi’ nani, Melitón Hernández—, un pueblo tu’un savi de Metlatónoc que, como su nombre lo dice, está a la orilla de un arroyo largo.

"Es una vieja práctica que no podemos erradicar, aunque la ley dice que la práctica se configura como un delito, específicamente de trata de personas", dice sin mayor congoja el asesor del síndico de Metlatónoc, el abogado Serafín Nava Ortiz.

Violencia en cifra negra

No hay cifras oficiales del número de casos de este tipo en la Montaña de Guerrero, donde la práctica de pagar una dote por la futura esposa sigue vigente, sobre todo entre la población de origen tu’un savi que tiene mayor presencia en Cochoapa el Grande y Metlatónoc (donde hasta 99.6% habla su lengua madre, según el Inegi). El dato más próximo es el de Tlachinollan, con sede en Tlapa, ciudad centro de la región.

La abogada Neil Arias, asesora desde esta ONG a mujeres que quieren romper con esta práctica, sea porque están en matrimonios que fueron arreglados mediante acuerdos monetarios y son violentadas o porque no quieren casarse bajo estas condiciones pero no hallan cómo evitarlo.

"Es una vieja práctica que no podemos erradicar, aunque la ley dice que la práctica se configura como un delito"

Como Neil, hay dos abogadas más —también hay tres hombres que llevan asuntos más de varones—. Cada una tiene registro similar. La abogada habla de los casos de mujeres que se han negado a casar a temprana edad y que recurren a ellos para que medien con sus padres y hacerlos cambiar de parecer. En apariencia se logra, el problema es que no se sabe qué pasa cuando salen de esas oficinas. Por eso Neil se pregunta: ¿cuántos matrimonios terminan consumándose y cuántos casos quedan sin registrarse? No se sabe. Es una cifra negra. Los casos siguen siendo constantes.

Atentado contra su cuerpo y dignidad

En su informe anual 2017, Tlachinollan destaca que si bien la práctica es una costumbre entre los pueblos indígenas, ésta ha perdido su esencia y termina en un intercambio comercial que atenta contra el cuerpo y la dignidad de las mujeres. "La dote tradicional ha trastocado la integridad y seguridad de las niñas, adolescentes y mujeres indígenas, porque la esencia de esta práctica ancestral se ha transformado a un intercambio comercial que se da entre dos partes, lo que podría derivar en el delito de trata de personas".

Tlachinollan documenta que abundan testimonios de niñas y mujeres donde narran que han sido víctimas de este tipo de arreglos económicos entre su padre y el padre de su futuro esposo. El acuerdo se da en contra de su voluntad y con cantidades de dinero muy altas. Son tratadas como objeto, como propiedad del esposo, dándole derechos de acceso carnal sin consentimiento previo.

Sobre el comisario y... ¿cómo pagan?

En la casa del comisario de Yuvi’ nani, Melitón Hernández, se oye una discusión. Hay un niño de poco más de un año en jeans de mezclilla, camisa, tenis y tirantes. Muy dandy el niño sobre un corredor de suelo bruto. Quienes discuten son el hijo del comisario con su nuera, cuyos nombres no quiso dar. Discutir es decir mucho, tal vez, el chico de 20 años regaña a la chica de 17 por algo que no se entiende porque la discusión es en ñuu’savi. Melitón tampoco presta demasiada atención. Hace tres años que pagó por su nuera 110 mil pesos. En ese entonces ella tenía apenas 14.

Es costumbre —asume y luego cuenta que por la mujer de su hijo mayor, hace más años aún, pagó 130 mil.

—¿Dónde consiguen dinero?

—Yo estuve del otro lado. Traje de allá como 300 mil pesos y con eso —dice.

Durante la entrevista la esposa del comisario, señora morena, más bien desaliñada, de unos 50 años, le alcanza agua en una jícara de plástico. No se oye en qué momento se la pide pero él la recibe sin dejar de hablar y le da dos tragos largos. El agua escurre por su cuello hasta llegar a su pecho agreste que muestra por entre la camisa abierta.

—¿Y usted pagó dote por su mujer?

—Sí, 50 pesos. Fue hace como 55 años.

***

Serafín Nava Ortiz, el joven asesor del ayuntamiento de Metlatónoc, explica: "Para nosotros, la autoridad, esa práctica es un delito —dice y mira el Código Penal de Guerrero—, que tiene a un lado del escritorio, donde también, muy erguida, hay una estatuilla de una mujer de pelo suelto con una balanza en la mano y los ojos vendados.

Serafín dice que han tenido que intervenir en muchos casos porque los padres de las niñas exigen el pago. Piden arriba de 100 mil pesos y muchas veces el novio o sus padres no los tienen. De ese modo no hay boda, dicen.

El tema es más complejo de lo que se puede apreciar a lo lejos. Si bien se trata de una añeja costumbre, ha ido cambiando con los años y se ha transformado en una recompensa a los padres por los gastos generados por la manutención se la hija, dice Serafín Nava. Y no se puede erradicar. Al contrario, cada vez llegan los padres más exigentes para que se les pague.

Dice que los familiares tienen la idea que si el futuro esposo o los padres de éste no pagan por la mujer, entonces la abandonan así de fácil. "Si les cuesta, al menos lo piensan".

SerafÍn Nava es soltero. Pero dice que él no piensa pagar por una esposa. "Tenemos que terminar con esta práctica. Con plática, concientizando", concluye.

DR