Martes, 28 de Mayo 2024
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Destinos de fe y tradición

México ofrece diversos puntos turísticos para presenciar la Pasión de Cristo en vivo

El Informador

Es casi imposible no incluir en la historia de México la religión, elemento que ha tenido una fuerte influencia en las costumbres, tradiciones y en las diversas culturas que coexisten en nuestro territorio.

En un país con 71% de habitantes que dicen profesar el catolicismo, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda del INEGI de 2020, las celebraciones de Semana Santa se mantienen vivas al atraer a un importante número de turistas para presenciar la Pasión de Cristo en muchos destinos del país.

A lo largo y ancho del territorio hay celebraciones únicas. Michoacán, Oaxaca y San Luis Potosí son algunos de ellos. 

Culturalmente diversos y de gran vocación turística, se alistan para recibir a miles de turistas, mientras que sus pobladores preparan emotivas expresiones de fe.

Aquí te compartimos una guía de las tradiciones, eventos y atractivos más destacados de estos destinos.

SUN

Miles de espectadores, entre fieles, morelianos y turistas, forman parte de la Procesión del Silencio en Morelia. NOTIMEX/Archivo

La Procesión del Silencio en Morelia

“El sincretismo en Michoacán es muy importante. En cada pueblo y comunidad, encontramos expresiones diferentes”, comenta en entrevista Roberto Monroy García, secretario de Turismo del Estado, quien agrega que, durante esta temporada de celebraciones, se han programado más de 800 actividades en territorio michoacano.

Morelia, la capital, es el epicentro de la Semana Mayor, aunque la pequeña ciudad de Uruapan también llama la atención por un par de atractivos de temporada.

A partir de las siete de la noche del Viernes Santo, las principales calles de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad son testigos de la Procesión del Silencio, que, a decir del secretario Monroy García, es la "segunda más grande de México, detrás de la de San Luis Potosí", pues en la versión michoacana, asegura, acuden alrededor de 45 mil espectadores.

Envueltos en una atmósfera solemne, 20 cofradías integradas por encapuchados y penitentes desfilan desde el templo y ex convento de Las Capuchinas -del siglo XVIII- hasta la catedral de Morelia, pasando por la Avenida Madero, repleta de edificios coloniales.

“La oscuridad, las personas guardando silencio escuchando el tambor (...), las obras valiosísimas de arte sacro extraídas de los templos únicamente para este día (...) son una de las expresiones culturales más importantes que se tienen en el Estado”, comparte el titular de Turismo de Michoacán.

Durante Semana Santa, las campanas de la catedral de Morelia no repican. En señal de luto, se utiliza una matraca monumental con más de 120 años de antigüedad. Esta se ubica en la Torre Poniente del templo y es la única en su tipo en América Latina. Mide casi dos metros de altura y dos de largo y pesa media tonelada.

Monroy cuenta que se necesitan cuatro personas para accionarla, y que está compuesta por seis tablas dobles de madera; cada una con nueve mazos que, al girar un par de manivelas, chocan para generar el sonido.

Durante las vacaciones de Semana Santa podrás disfrutar de unos 20 atractivos turísticos en Morelia: la iluminación y la música especial que tendrá la catedral, la bonita postal de los balcones decorados con flores de lavanda en Avenida Madero, la instalación artística de huevos de Pascua gigantes en el parque lineal Bulevar García de León y un video mapping que se proyecta cada sábado por la tarde en la plaza Valladolid, en el centro de la ciudad.

Por otra parte, Uruapan (más o menos a una hora y media de camino) celebrará el Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos, el más importante de América Latina.

Es “un collage de colores y de texturas que se unen en la plaza principal de Uruapan, una verdadera joya del turismo de Michoacán”, añade Cástor Estrada, director del Instituto del Artesano Michoacano.

El tianguis artesanal se presenta desde ayer y hasta el 7 de abril. Además, en la Casa de Cultura se exhibirán las obras de mil 500 artesanos que participaron en el Concurso Estatal de Artesanías. 

Real de Catorce. Representación de los últimos momentos de vida de Jesús. SUN/Archivo

El viacrucis de Real de Catorce

“La magia de Real de Catorce es algo difícil de describir”, expresa en entrevista Maricarmen Guerrero Esquivel, delegada de Turismo de la región del Altiplano potosino. Visitar este pueblo mágico -considerado años atrás un pueblo fantasma-, en el semidesierto de la Sierra de Catorce, es un viaje místico al pasado.

La bonanza de la industria minera quedó plasmada en las grandes casonas de piedra, algunas de las cuales siguen abandonadas (habitadas por espectros, se cuenta), otorgándole ese toque de misterio al pueblo que, esperemos, nunca pierda.

Muy cerca del pueblo, está uno de los centros ceremoniales más importantes para el pueblo wixárika: el Cerro de El Quemado o la montaña Sagrada de Wirikuta donde, según sus creencias, nació el Sol y, por ende, la vida.

La máxima expresión religiosa de Real de Catorce en Semana Santa es su viacrucis, toda una representación en la que participan entre 150 y 200 habitantes del pueblo, quienes salen a las principales calles para recrear los últimos momentos de la vida de Jesús, hasta la Crucifixión, en una pendiente llamada el Cerro de la Crucifixión.

Maricarmen Guerrero lo califica como una “representación totalmente genuina”, resaltando que la gente que es parte de este evento se prepara hasta con un año de antelación.

Cita Guerrero: “la autenticidad de cómo se celebra Semana Santa consiste en el comportamiento de la gente de la localidad, que no pierde su esencia, no son shows montados (...); los textos bíblicos se cumplen a cabalidad”.

Los callejones empedrados y sus antiguas construcciones se decoran con motivos blancos y morados, flores y algunos altares dedicados a la Virgen de Dolores, principalmente en la Parroquia de la Purísima Concepción -edificada en 1783-, al igual que la Antigua Casa de Moneda, donde se acuñaban monedas a fines del siglo XIX.

Como parte de las actividades, más allá de las procesiones con imágenes religiosas, en las principales plazas y espacios públicos, habrá presentaciones artísticas, especialmente de música jazz y otros géneros, interpretada por talentos locales.

Para aprovechar la estancia en el pueblo mágico de Real de Catorce, Guerrero Esquivel recomienda dos actividades a los viajeros amantes de la aventura y la foto: la primera son las cabalgatas. Una de sus rutas te lleva hacia las ruinas de lo que era una antigua hacienda minera, y que hoy es un verdadero pueblo fantasma; otra más se dirige hacia el Cerro del Quemado y a los antiguos miradores desde donde se observan el Valle de Catorce, el pueblo y la Estación Catorce.

Día de la Samaritana. Una tradición que comenzó a finales del siglo XIX. ESPECIAL

Semana Santa en Oaxaca

El centro histórico de Oaxaca, reconocida como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, es el epicentro de los eventos destacados de la Semana Mayor en el Estado. Sus antiquísimas iglesias y barrios tradicionales, como los de Xochimilco y Jalatlaco, son decorados con papel picado y motivos blancos y morados, colores característicos de la temporada.

Cada año, el cuarto viernes de Cuaresma, la ciudad vive una tradición única en México: el Día de la Samaritana. No se trata de una representación teatralizada del pasaje bíblico en el que una mujer originaria de Samaria ofrece agua a Jesús. Más bien, durante ese día, afuera de los templos, se montan puestos decorados con palmas, flores de Bugambilia y grandes ollas de barro que contienen aguas frescas de limón, horchata, jamaica, tuna y chilacayota para repartir gratuitamente a todo aquel que se acerque con sed.

Esta tradición comenzó a finales del siglo XIX, en un par de iglesias locales. Con el paso de los años, tiendas, escuelas y algunos restaurantes también adoptaron esta práctica.

En Viernes de Dolores, en las céntricas calles de la llamada “Verde Antequera” (por la tonalidad verdosa de la cantera) es común encontrar casas y comercios en donde se montan los altares de Dolores, en honor a la Virgen María y, también tributos a la “Madre Tierra”, por el inicio de la primavera.

Los altares se decoran con hierbas de olor: álamo, romero, tomillo, poleo o laurel y con palmas que simbolizan el martirio de Jesús. Las coronas de cucharilla, elaboradas del corazón de la palma, representan la corona de espinas. Tampoco faltan las macetas de barro claro, en donde, dos semanas antes, fueron sembradas semillas de maíz, trigo o lentejas; o las toronjas doradas con banderitas de papel picado incrustadas, y siete vasos de agua de sabor, que simbolizan los “dolores” de la Virgen. Otro ritual que hay que destacar es la procesión de entrada, de estandartes y relicarios que se realiza el Martes Santo, desde la basílica de Nuestra Señora de La Soledad hasta la Catedral Metropolitana de Oaxaca -dedicada a la Virgen de la Asunción-, donde estos mismos se exhiben por tres días.

En este recorrido se aprecian más de 70 estandartes, cada uno pertenece a una cofradía distinta. Son llevados con orgullo por los mayordomos de las mismas. Se confeccionan en tela de terciopelo, teniendo al centro un relicario con la imagen de advocación de cada templo.

La tarde noche del Viernes Santo, se alista todo para la Procesión del Silencio, que parte del Templo de la Sangre de Cristo y culmina en el mismo punto, haciendo un recorrido que atraviesa las principales calles del centro histórico de la ciudad.

El silencio es impactante. Cuando no hay más luz solar, el camino es alumbrado por faroles y velas que guían el andar de las cofradías compuestas por penitentes encapuchados que cargan imágenes de Cristo. Algunos van descalzos y otros ataviados con sólo una especie de taparrabos, cargando pesadas cruces de madera. Las mujeres también son parte de este ritual; portan rebozos negros en señal de luto; otras más, las que acarrean la cruz, usan largas túnicas blancas y caminan descalzas.