Viernes, 24 de Enero 2020
Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“Cuando vine sabía que en siete partidos no teníamos que perder ninguno. Ahora las probabilidades nos obligan a sumar en todos los de casa y fuera sacar algo”. Javier Aguirre.

Por: EL INFORMADOR

No son, ciertamente, tiempos para lamentos. Hoy no pueden llorar como mujeres (el árbitro, la cancha, el ambiente hostil, los cubrebocas, los insultos al himno...) lo que en la cancha no supieron defender como hombres.

Pero no con esa hombría bravucona de Guillermo Franco, de agarrarse a puñetazos con un defensa a espaldas del árbitro. No supieron defender como hombres de futbol la supuesta superioridad del área.

Veámoslo en números concretos: Cuauhtémoc Blanco gana en el Chicago Fire (2.2 millones de dólares) en un año lo que toda, toda la selección salvadoreña.

La hombría de Cuauhtémoc no es la de hablar ahora del árbitro, que le dijo al anularle un gol en aparente posición legal que “por eso no van a ir al Mundial”.

La hombría de Cuauhtémoc consistía en poner tres o cuatro servicios de gol, anotar el penal y tratar de marcar otro gol más. Su hombría debe manifestarse en el marcador, con goles y servicios de gol, que es lo que mejor sabe hacer en el futbol.

Jugadores que han estado en mundiales, como Óscar Pérez, Ricardo Osorio, Pável Pardo, Gerardo Torrado, Guillermo Franco o Cuauhtémoc Blanco saben que lo difícil siempre ha sido clasificar en Concacaf, tierra donde se incuban muchos odios por temas extrafutbolísticos.

Las dificultades de jugar fuera de México están afectando terriblemente las posibilidades ya no de ganar, sino de manifestar un estilo de futbol bien elaborado en defensa y ataque, con mediocampistas talentosos, de garra y personalidad.

La selección de Hugo Sánchez fracasó en la Copa de Oro de 2007 y perdió el boleto para la Copa confederaciones; el mismo Hugo fracasó con la Sub-23 que fue eliminada de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Con Sven -Göran Eriksson, el relevo fue poco productivo porque no pudo ganar siquiera un partido como visitante en las eliminatorias primero del cuadrangular y luego del hexagonal, ni siquiera a Canadá, a Jamaica y mucho menos a Estados Unidos u Honduras.

Con Javier Aguirre las cosas van en el mismo sentido: fuera de México no le ganamos ni a la selección de invidentes de Belice.

Carlos Vela, Carlos Salcido, Rafael Márquez y Nery Castillo confunden la hombría con la bravuconería y se ganan tarjetas rojas o amarillas de gratis en esos partidos donde las condiciones les son adversas.

Los entrenadores no encuentran un método táctico para ganar aunque sea con jugadas precedidas de balón parado (como el Puebla de “Chelís”).

Los jugadores confunden la valentonería con el valor de bien y no son capaces de imponer su mejor futbol y su calidad ante rivales que ganan infinitamente menos que ellos en lo económico y que tienen menos experiencia y que no cuentan con fogueo europeo y que no poseen tanta riqueza técnica como los mexicanos. No son capaces de sacar resultados positivos fuera de su país.

Los directivos siguen acumulando ingresos porque anteponen lo económico sobre lo deportivo, sin dar a los entrenadores partidos de preparación. La prueba de ello es que tanto Eriksson como Aguirre debutaron directos, en un partido eliminatorio, sin haber realizado ningún amistoso antes para tomar un poco de juego de conjunto.

Justino Compeán y Decio de María son dos coleccionistas de fracasos. Llevan a su casa enormes trofeos y medallas de mediocridad. A su paso yacen, como muertos en cadena, los fracasos en las selecciones menores Sub-15, Sub-17, Sub-20, Preolímpica, en damas y en caballeros. También coleccionan fracasos de la Mayor en Copas Confederaciones y Juegos Olímpicos a donde no calificamos. Pero eso sí, hablan de que las arcas están repletas, abundantes, con dueños contentos porque acumular riquezas es su profesión fuera del futbol y el lenguaje del dinero lo entienden mejor que el lenguaje de la cancha.

Total: el panorama es un caso completo, con una selección que despierta más dudas que certezas y con una amenaza real de conseguir el peor resultado administrativo de todos los tiempos.

Ya se cambiaron tres veces de entrenador en dos años (Hugo, Eriksson y Aguirre), ya se cambiaron también las convocatorias de jugadores. ¿No será tiempo de cambiar a los directivos de la Femexfut o de abolir por incompetente al Consejo de Dueños, cuyas torpezas le están pasando una terrible factura al futbol mexicano?

Hay muchos culpables, muchos. Pero nadie se hace responsable del desastre que están dejando a su paso.

Este miércoles hay que golear (no solo ganar) a Trinidad y Tobago para dar un respiro. Luego hay que vencer en fila a Estados Unidos, Costa Rica (de visita), Honduras y El Salvador. De 12 puntos, hay que sacar los 12. Ya no hay margen de error. En puntos Costa Rica y Estados Unidos se escaparon en el grupo. Queda para pelear el tercer puesto directo o resignarse al cuarto lugar, para ir al repechaje contra el quinto de Sudamérica, que podría ser Uruguay, Venezuela, Ecuador o Colombia. O también queda la duda razonable de que la Selección no enderece y seamos eliminados en el quinto o sexto lugar del hexagonal.

Abrochemos bien los cinturones porque este avión llamado Selección Nacional ha perdido el rumbo y no sabemos si terminará su viaje en Sudáfrica o en algún callejón de mala muerte...

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