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Cultura | Falta de protección al patrimonio

Zonas arqueológicas, en riesgo permanente

El desconocimiento de la Federación y el abandono de la delegación Jalisco del Instituto Nacional de Antropología e Historia, han dejado a algunos sitios en el olvido y a su suerte

Por: EL INFORMADOR

El Ixtépete se mantiene con cierto cuidado; no hay basura ni grafiti ni personas vagan en el lugar.  /

El Ixtépete se mantiene con cierto cuidado; no hay basura ni grafiti ni personas vagan en el lugar. /

GUADALAJARA, JALISCO (21/MAY/2014).- Entre los desafíos que representa el crecimiento acelerado de la zona conurbada de Guadalajara se encuentra el de la permanente situación de riesgo que, durante los últimos años, presentan los sitios arqueológicos que se ubican dentro de su territorio; en este sentido, las instituciones de orden estatal y federal que tienen a su cargo el cuidado y preservación de este patrimonio no han conseguido, en la mayor parte de los casos, garantizar de manera eficiente esta labor, no sólo en los lugares que son designados como tales desde hace décadas, como El Ixtépete o El Grillo, sino en aquellos que buscan todavía hacerse presentes en los proyectos que se planea implementar en el futuro próximo.

En este contexto, Zapopan es uno de los municipios en el Occidente del país que cuenta con zonas arqueológicas, de las cuales se reconocen tres: El Ixtépete, El Grillo y La Coronilla; aunque de acuerdo con la página oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sólo las dos primeras se consignan como tales —al lado de Guachimontones— en toda la Entidad. Con todo, sólo en el municipio de Zapopan existen otras cuatro zonas de este tipo: Tesistán, El Tizate-Los Cerritos, Los Padres y Santa Ana Tepetitlán.

MALAS NOTICIAS DE LA  ASF


A fines de febrero de este año, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) dio a conocer el resultado de una auditoría que, sobre el desempeño del INAH a nivel federal en materia de “Patrimonio Arqueológico e Histórico”, evaluó y fiscalizó “las acciones de protección, conservación y restauración del patrimonio arqueológico e histórico para verificar el cumplimiento de sus objetivos y metas” durante 2012 (aunque la revisión se extendió hasta agosto de 2013).

En ese documento, los resultados fueron desalentadores, porque el INAH “no contó con el número de zonas arqueológicas e históricas en áreas de crecimiento urbano, ni diseñó y ejecutó un programa nacional para su protección”; además, “no realizó actividades para reforzar las acciones de vigilancia, resguardo, seguridad y ordenación espacial de los sitios patrimoniales” ni llevó a cabo actividades para “multiplicar” convenios en materia de preservación “con los tres ámbitos de gobierno y la sociedad civil”.

A lo anterior, se suma que el INAH “no realizó actividades para mejorar las medidas de rescate y salvamento arqueológico”, y tampoco ejecutó “acciones para organizar y autorizar órganos auxiliares para impedir el saqueo arqueológico y preservar el patrimonio cultural de la nación”; además, la rendición de cuentas “no fue suficiente para constatar que se cumplieron los objetivos y metas institucionales”, lo que hace prever un impacto en su preservación “para su transmisión incólume a las generaciones presentes y futuras”.

CASO JALISCO, COINCIDENCIAS


Según el informe de actividades del cuarto trimestre (de octubre a diciembre) de 2012 del Centro INAH Jalisco: “No se tuvo avances en el registro de colecciones” y tampoco dentro del Proyecto de Apoyo a la Operación “Protección Técnica y Legal de Zonas Arqueológicas en el Estado de Jalisco”, debido a movimientos administrativos o permisos de estudio para quienes tenían a su cargo dichas labores.

Respecto a El Ixtépete, señala el documento, se dio seguimiento a convenios de colaboración “para realizar salvamentos arqueológicos”. En cuanto a El Grillo, “solamente se realizaron visitas de inspección por los arqueólogos” y se mantuvo la atención sobre un conflicto por la tenencia de la tierra entre particulares, aunque en una visita de este medio al lugar, la zona luce totalmente descuidad y no parece siquiera que exista algún rastro arqueológico.

PLAN DE REESTRUCTURACIÓN


El informe de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) destaca que estos sitios padecen “mucha presión de la mancha urbana” por localizarse en la zona metropolitana; por ello, en palabras de Martha Lorenza López Mestas, actual delegada del Centro INAH Jalisco, se trabaja con la SC y el Ayuntamiento de Zapopan para llevar a cabo una reestructuración que busca atender cuestiones de mantenimiento y seguridad. “La idea es incrementar la seguridad y, ahora, los proyectos están en proceso y se hablará de ellos en el futuro, junto con las instancias que nos están apoyando”.

Agrega que se busca “llevar un proyecto arqueológico de investigación, porque al crecer hacia el exterior deben existir aún muchos sitios por descubrir”; así, la idea es llegar antes para proteger y planear mejor el desarrollo urbano.

Finalmente, queda esperar el anuncio de colaboración interinstitucional al que se refiere la delegada del INAH Jalisco, lo que significaría un avance para aspirar a la protección y manejo óptimo de estas zonas; “si se incluyen más municipios, la idea es que exista un inventario detallado de estos sitios, porque no se trata de frenar el desarrollo de la sociedad sino que sea armónico”.

¿Y DÓNDE ESTÁ EL GRILLO?


La zona arqueológica de El Grillo, delimitada por el INAH en 1977, se localiza en el cruce de Periférico y calle General Juan Domínguez, área contigua al fraccionamiento Tabachines; se le ha clasificado como un “polígono de protección al patrimonio histórico” y su aprovechamiento inmobiliario, se supone, debe estar restringido.

Así, situada al norte del Valle de Atemajac, el sitio ofrece en la actualidad un aspecto de relativa limpieza en buena parte de sus más de 20 mil metros cuadrados en los que se ubican los promontorios (construcciones encubiertas) en disposición cuadrangular que hacen suponer un conjunto ceremonial, en el que se han descubierto unas 14 tumbas de tiro.

De esta forma, por ley, está bajo la tutela de la delegación Jalisco del INAH y aunque de acuerdo con la dependencia los vestigios se encuentran en un estado “óptimo” de conservación, la zona no ha dejado de estar amenazada por las invasiones irregulares y las presiones inmobiliarias debidas a la expansión de la mancha urbana; incluso hoy, difícilmente se percibe.

EL IXTÉPETE, CASO EMBLEMÁTICO


El Ixtépete —cuyo nombre significa “cerro de obsidiana”—–, ubicada a escasos 300 metros del Periférico por la Avenida Mariano Otero, en la zona de Miramar, consta de ruinas piramidales de un centro ceremonial que data de entre 600-900 d.C., es decir, dentro del periodo denominado Epiclásico; la pirámide principal tiene unas dimensiones aproximadas de 56 por 48 metros en la base y de 44 por 30 metros en la parte alta, que se proyecta a cerca de seis metros de altura. Debido a la estructura en forma talud de la pirámide principal se ha dicho que El Ixtépete tuvo “influencia” de origen teotihuacano.

La primera mención sobre la existencia de El Ixtépete data de 1884, pero se considera que su “descubrimiento” se dio en 1938, cuando un grupo de trabajadores del tranvía topó con las estructuras y lo reportó a las autoridades; sin embargo, fue hasta 1955 que el INAH comenzó a realizar excavaciones y trabajos de restauración en el lugar, aunque a la fecha los resultados no aparecen en mucha producción documental, o se limita al ámbito académico.

La reciente colaboración entre autoridades municipales y de la Secretaría de Cultura de Jalisco (SC) ha conseguido, en fecha reciente, disminuir la problemática de vandalismo y violencia circundante en la zona (lo que causó por años el deterioro de las estructuras), y se espera que mejoren las condiciones cuando se concluya la delimitación y bardeado de su perímetro, además de mayores recursos para el mantenimiento y limpieza del lugar (que luce en condiciones óptimas gracias al más reciente operativo de protección civil que se implementó, a nivel federal, del 17 al 22 de marzo pasado, con motivo de la celebración del equinoccio de primavera, cuando el sitio recibe cientos de visitantes).

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