Viernes, 17 de Enero 2020
Cultura | Por: Martín Almádez

Itinerario

El escándalo como forma de honestidad

Por: EL INFORMADOR

Esa tendencia a la pulcritud del alma me destempla hasta los dientes. El discurso de algunos políticos en campaña electoral basado en la limpieza moral y en el actuar recto, no deja al descubierto más que la buena vida que tiene la doble moral en Guadalajara.

Los tapatíos hace unos días asistimos voluntaria e involuntariamente a un remedo de debate, entre aspirantes a la alcaldía de Guadalajara, en el que lo trascendente fue la carencia de argumentos y sobre todo, la incapacidad de los actores para implantar un sistema oratorio, convincente y coherente con lo que sostienen, en sus postulados, los partidos políticos a los que pertenecen.

Pero ante todo, sobresalió con singular desvergüenza, esa insistente táctica que nos llega cada tres años, basada en ganar la simpatía de los electores atacando la vida personal del contrincante, su honorabilidad y trayectoria profesional.

Ante la falta de ideas e inventiva, el camino fácil resulta ser la difamación, el descrédito y el falso rumor. Ganar la elección golpeando al enemigo en su fortaleza moral, en su seno familiar, en su vida íntima. Esta estrategia tan socorrida en los últimos años ha dejado en el pasado inmediatísimo graves rupturas, divisiones y polarizaciones que al día de hoy, los resultados siguen siendo lamentables.

La bandera de la honestidad -terreno donde se basa esta batalla vituperante- hoy más que nunca desprende un olor nauseabundo.

Los ciudadanos poco sabemos de los ejes de gobierno que cada candidato trae programado; desconocemos ampliamente el equipo por el que están conformadas las panillas y el perfil de sus regidores; sin embargo, algunos creen que eso no importa, porque la clave está en denostar, en acusar, en levantar el índice y juzgar con la distinción soberana de su rebuzno.

¿Ese es el nivel de discurso que merecemos los tapatíos? Lo vivimos en la elección pasada, y luego de tantas acusaciones públicas, e incluso de la participación cómplice de dependencias oficiales, ante los tribunales no se presentó ni una sola denuncia. Y los acusados siguen tan incólumes como antes de los escándalos propiciados por sus adversarios.

Ojalá que quienes se montan en la honestidad como bandera política, la entiendan desde su más elemental significado: "La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas".

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