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Sábado, 25 de Noviembre 2017
Cultura | Entre la creación y el salón de clases

El placer de habitar el escenario

Sara Isabel Quintero, actriz ante todo, ha encontrado en la docencia un espacio para compartir su amor por el teatro

GUADALAJARA, JALISCO.- Sara Isabel Quintero -actriz, directora, productora y todo aquello que sea necesario para hacer teatro- es poseedora de una larga carrera en el arte escénico y, casi por casualidad, se conectó con la docencia, desde la parte que más feliz la ha hecho en más de 30 años de carrera profesional: la actoralidad.

Desde los 15 años ha transitado de un escenario a otro, aunque su inicio lo hizo principalmente como espectadora, una muy atenta, que fue capaz de desmenuzar el hecho teatral como pocos logran hacerlo. Así, quizá, le resultó más fácil romper la llamada cuarta pared y brincar desde las butacas hacia las tablas del escenario.

Quintero, a quien se le conoce como una gran luchadora desde distintas trincheras (una de ellas es La Casa Suspendida, guarida ya de muchos creadores teatrales), estudió además una carrera universitaria, impulsada por su padre que quizá pensaba que con ello lograría disipar de su mente la loca idea de ser actriz. Pero no, no se pudo.

"Me mandaron a Suiza a un intercambio cultural, para que veas que a veces el destino opera y Dios existe, llego a una familia donde ‘mi mamá’ era maestra de teatro, y ahí estuve un año con ella yendo a la universidad, en alemán; pero de ahí volví totalmente segura", detalla.

Desarrolló sus estudios en el Cabañas, forma parte de la cuarta generación de egresados, y de ahí, comenzó su transitar como judío errante por aquí, por allá y acullá, hasta llegar a la nivelación en la Universidad de Guadalajara y sumarse a una serie de seminarios, cursos, talleres y todo lo que le pudiese servir en su carrera.

- ¿Cómo ingresas a la docencia?

- "En el fenómeno de la docencia hice mi aparición como un reto, un reto muy peligroso para mí, cuando estaba con Rafael Garzanitti (en la Escuela de Teatro de Xalisco), que -pensando que la escuela tendría continuidad- diseñó un método para que los maestros se entrenaran. Fue muy difícil, pero de alguna manera me empecé a acercar ahí; yo entraba a todas las clases de la primera generación. Y en mi oficina me platicaba, me receté el libro de Serrano y estuve trabajando con los mismos alumnos. Hay mucha información que yo ya tenía de mis estudios anteriores y creo que todo sirve. Me invitan luego en el Cedart (Centro de Educación Artística, del Instituto Nacional de Bellas Artes) a dar clases. Yo estaba muy acobardada: ‘Yo no soy maestra’. En el 97 entré, en el 99 dije ‘yo no quiero ser maestra’, sucedieron mil cosas, fue cuando se incendió el Foro de Arte y Cultura; empecé a abrir La Casa Suspendida en Pedro Loza, dije ‘ya no tengo tiempo’; como que no quería asumir un reto así. Mi bibliotequita estaba llena de puros textos de dramaturgia, que era lo que a mí me interesaba y muy poca teoría, mucho menos pedagogía. A partir de ese momento vuelvo al Cedart y se vuelve para mí una necesidad de conciencia, investigar, estudiar; cada vez que voy a un seminario, siempre es con vistas a esto (la docencia)".

- ¿Cómo ha sido tu encuentro con esa gente que tiene el gusto, pero a lo mejor no tiene la convicción o la vocación?

- "Hay grupos que llegan con mucha capacidad, con mucha disposición al trabajo y se logran cosas muy interesantes; hay otros que llegan más ‘apagadones’, más flojillos, hay que estarles jalando las orejas. Pero ésa no es la situación, ya desertaron todos (para ese grado), rara vez se me va alguien. Los dos primeros años académicos son el filtro, ya cuando llegan a quinto difícilmente se van, ya no es un asunto vocacional; hablo muchas veces de una actitud muy pasiva, con falta de compromiso, donde es importantísimo que entiendan que entre más se exijan, más allá va a ir su posibilidad de aprender. Ha habido generaciones con un montón de matices".

- ¿Qué haces para que tus alumnos amen esta profesión a pesar de todas las limitaciones que existen; pocas temporadas, pocos espacios, una serie de condicionantes negativas?

- "Yo no puedo enseñarles eso. En un momento dado les puedo advertir: ‘no todos van a quedarse a pesar de que egresen y hagan su tesis, no todos van a estar’. No es uno el que decide. Uno siempre está ahí con la voluntad, pero creo que si a uno y otro teatrista le preguntas ‘¿por qué sigues haciendo teatro?’, nadie te va a decir; yo no sé por qué. Sé cómo fue que comencé a decidir, sé cómo fue que empecé a avocar toda mi vida, mi energía para acá, pero no sé por qué. Pienso que es algo muy íntimo que no tiene nombre. Como decía Saramago en una de sus frases de Ensayo sobre la ceguera: ‘Hay algo en nosotros que no tiene nombre, y eso es lo que somos’. Entonces no sabría, quizá es un misterio. Ellos a fin de cuentas lo van a ir encontrando o van a ir entendiendo que para seguir aquí se necesita todo, a pesar de todas las carencias, a pesar de todo el complot para que no suceda el hecho escénico, va mucho más allá de la falta de apoyos. Es una cuestión muy íntima y difícilmente uno puedo decirles cómo hacer para que no se desinfle ese amor. Creo que ya es algo que se tiene o no, y puede ser que algún día digamos ‘hasta aquí’. Yo no sé si me vaya a pasar. Hoy por hoy, no".

- ¿Qué es lo que impartes?

- "Actuación; tengo quinto y sexto semestre y siempre les digo: ‘yo no les voy a enseñar, yo voy a compartir un trabajo’. Me apego a los contenidos mínimos que tiene el plan, que es creación de personajes, con dramaturgia muy específica. Vienen (los estudiantes) de un proceso con Daniel (Constantini) que yo conozco muy bien, porque fui su alumna, y es un cambio cuando llegan conmigo; ahora sí, a soltarlos y a ponerlos a pensar e investigar, y es un proceso muy rico. Considero que una escuela debe proporcionarle al alumno diferentes modos de trabajo; hay quienes opinan que en todos los semestres debería haber una sola metodología. Yo digo que no, porque al rato que los chicos salgan no van a poder hacer otra cosa, y uno como actor sabe que te pones en manos de un director y tienes que volver a hacer un universo común con ese director. Como actor no estás para debatir teóricamente, estás para entender, ejecutar y crear según la línea de un discurso estético".

- Si te dieran a elegir entre ser actriz, directora, productora, gestora cultural, docente, ¿qué escogerías?


- "Actriz, porque es mi origen, de ahí vengo y nunca voy a dejar de serlo. Porque mientras pueda seguir siendo actriz, voy a seguir provocando todo lo que necesito para seguirlo haciendo".

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