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Sábado, 25 de Noviembre 2017
Cultura | El narrador veracruzano Jorge López Páez falleció a los 94 años de edad

El luto viste a la literatura mexicana

El narrador veracruzano Jorge López Páez, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008 en el área de lingüística y literatura, falleció a los 94 años de edad
La narrativa de López Páez no se expandió entre los lectores masivos como debería. EL INFORMADOR / J. López

La narrativa de López Páez no se expandió entre los lectores masivos como debería. EL INFORMADOR / J. López

CIUDAD DE MÉXICO (29/ABR/2017).- Con 94 años, el escritor mexicano Jorge López Páez falleció el día de ayer. Prolífico como muy pocos, nació en Huatusco, Veracruz, y se hizo acreedor al máximo galardón que otorga la Presidencia de la República, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2008, en el área de lingüística y literatura, en cuya entrega se dijo que era “considerado como uno de los grandes narradores mexicanos”. También el Xavier Villaurrutia en 1993 por su novela “Los cerros azules” y al año siguiente el Premio Internacional de cuento La palabra y el hombre por “Lolita toca ese vals”.

López Páez, que en noviembre cumpliría 95 años, se licenció en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México; además de que realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras. Fue durante muchos años coordinador de talleres literarios y colaborador de Cuadernos Americanos, El Nacional, Humanismo, Mercurio (Perú), México en la Cultura, Novedades y Prometeus. Después de graduarse regresó a su alma máter como profesor durante más de 30 años.

Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en 1989 y de la Fundación Simón Guggenheim en 1983-1984 y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1994; como creador emérito desde 1999. Tiene más de veinte títulos publicados, entre ellos: “Hacia el amargo mar” (1965), “Mi hermano Carlos” (1965), “La Costa” (1980), “Silenciosa Sirena” (1989), “Ana Bermejo” (1996) y” Mi padre general” (2004), y seis libros de cuento: “El que espera” (1950), “De Jalisco las tapatías” (1999) y “El Nuevo Embajador” (2004).

El cineasta Jaime Humberto Hermosillo se basó en el cuento homónimo de López Páez para llevar a la pantalla grande “Doña Herlinda y su hijo”, que se estrenó con éxito en diversos festivales internacionales.

Los restos del escritor serán velados en la Funeraria García López, ubicada en la calle General Prim de la colonia Juárez, en la Ciudad de México, según trascendió el día de ayer.

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El anuncio del fallecimiento de Jorge López Páez fue anunciado por el Fondo de Cultura Económica por medio de la red social Twitter. Vendría después una cascada de despedidas en todas las plataformas de comunicación. José Carreño, director de la editorial nacional, escribió que lamentaba “profundamente la muerte de Jorge López Páez, destacado autor del FCE. Un abrazo a sus familiares y amigos”.

Mientras que Héctor de Mauleón, periodista y narrador, destacó la importancia de López Páez como parte de una generación en la que destacaron Vicente Leñero, Inés Arredondo, Rosario Castellanos y Carlos Fuentes, por mencionar algunos; y de la que sobreviven Amparo Dávila, Gabriel Zaid y Sergio Pitol.

Único pero poco leído

A pesar de su prolífica carrera y su excepcional trayectoria en el ámbito académico, la narrativa de López Páez no se expandió entre los lectores masivos como debería. Sin embargo, la crítica literaria siempre se mostró elogiosa con su forma de narrar: “La escritura de Jorge López Páez corresponde a su curiosidad. Es poco lo que escapa de su mirada alerta, rápida, juguetona, sabia y corrosiva. Tales atributos convienen a una prosa que recurrentemente ha sido juzgada como incorrecta o acaso demasiado descuidada a veces. No interesa de veras el asunto: quien ha leído sólo así su obra, la ha leído mal, con torpeza o con excesivos prejuicios. Sí hay que considerar en cambio que en aquella presunta incorrección reside un atributo consustancial de esta escritura”, mencionó Juan José Reyes en un artículo publicado en Letras Libres.

Y sugiere los motivos por los que su obra no conoció los grandes tirajes: “Aquí estaría (además de en la falta de voluntad de arrimarse a los guetos) la causa eficiente de aquella marginalidad del autor. López Páez, en efecto, no escribe para darle gusto a nadie, en el sentido de que busque ventajas o reconocimientos de algún tipo o se adhiera a modas. Trabaja en cambio y sin duda para darse gusto y para alegría de un grupo de lectores buenos. Su mirada ha ido a muy diversos mundos, como puede verse en la antología”.

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