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Viernes, 24 de Mayo 2019
Cultura | Por: David ''Negro'' Guerrero

Contemplaciones contra el tedio

Vida actual que va perdiendo significado por vanalidades

Por: EL INFORMADOR

I

Estoy pasando poco más de 30 días de inquietud. Todo debido a una situación de salud que, tal vez por incapacidad médica o mala fortuna para mí, se complicó al grado de que mi ánimo fue sacudido de manera muy fuerte, pero a la vez positiva. Nunca me ha quedado más que claro que “vida sólo hay una”, y de que de nada sirve de que uno esté gozando de bonanza económica o que esté transitándose por días de jolgorio y celebración si no se está bien de salud.

La salud y ya. Pero más allá de ésta muy personal reflexión (no faltará aquél que diga “¿y a mí qué demonios me importa lo que le haya pasado a este tipo?”), de lo que sí me puedo considerar afortunado -además de haber salvado la vida- es de tener la oportunidad de leer, poner el rimo de los días a casi 30 kph y disfrutar de las tranquilas tardes que todavía se viven por el rumbo del barrio de Cruz Verde -o de la Sagrada Familia-.

II

Dos lecturas de estos días me han llevado a suspirar una y otra vez por esta todavía hermosa Tapatilandia, sobre todo la que está del centro de la ciudad para el Oriente. Ya bastante nos hablan de lo que sucede en la metrópoli tapatía del centro para el poniente los suplementos de fin de semana que ofrecen los periódicos locales que hay muchos que estamos completamente seguros de que vivimos en dos ciudades que son, al mismo tiempo, una sola y que no tienen nada que ver la una con la otra: por un lado está aquélla que tiene todavía sus calles pintorescas y sus barrios tradicionales; la que le encuentra un sabor peculiar a los tianguis (y no los ve como curiosidad de la modernidad que nos ha alcanzado) y al sonido todavía alcanzable de los pregones; la que sabe desde hace muchos años lo que es andar en bicicleta y salir avante del embate de autos y camiones; la que entiende de una forma más solidariamente colectiva lo que significan deportes como el futbol o el box, entre otras cosas.

Porque en la que está al poniente lo que se hace presente son los llamados “antros” (¡ja, ja, ja!), las oportunidades para disfrutar la cultura y sus alcances civilizatorios, entre otras puntadas dignas de reunirse algún día en varios volúmenes de crónicas pitorreras al estilo de la Familia Burrón.

III

Ésas dos lecturas son La tribu de los tapatíos, reunida en el volumen Más acá del más allá, ficciones de Raúl Aceves y publicadas -la mayoría inéditas- por el sello La Zonámbula; la otra es ¿En qué momento nos creció el chamaco, que ni cuenta me di?, crónica escrita por David Izazaga y que aparece en el número 159 de la revista Tierra Adentro, correspondiente al bimestre de agosto y septiembre de este año. Al leerlas no pude evitar una y otra vez los suspiros por una ciudad que lentamente se está yendo de nuestras manos, pero que, cosa contradictoria, se empecina en hacerse presente recordándonos lo fundamental que es mantenerla no sólo en la memoria, sino en nuestra vida de todos los días. Aceves en algún momento de La tribu…

 hace alusión al libro Oblatos-Colonias, de Juan José Doñán -“el códice Doñán”, le llama-, que hoy más que nunca parece apuntarse como lectura obligatoria para poder refrendar el espíritu del ser tapatío de inicios del siglo XXI: de no ser así, lo creo seriamente, todo lo demás será mero artilugio y pose.

IV

Pero además, la evocación y el suspiro fue más allá para llevarme a una serie de títulos y autores que hoy parecen ser piezas de museo y que es más fácil encontrarlos en abandonados estantes de librerías de viejo que en la memoria puntual y presente del tapatío de hoy; ese tapatío (que habita en la “Guadalazapopaque” que ha bautizado Dante Medina) que se las da de muy enterado de los retos y problemáticas que tiene la capital de Jalisco hoy en día, pero que al mismo tiempo parece olvidar que muchos de esos diagnósticos fueron señalados oportunamente desde hace ya varios ayeres. Y hoy, cuando estamos a unos cuantos meses de que la gran Zona Metropolitana de Guadalajara estrene alcaldes (uno para cada municipio que la conforma: Zapopan, Guadalajara, Tlaquepaque y Tonalá), cuando es cosa de todos los días las manifestaciones en contra de proyectos como el Macrobús o de aquéllos que intentan tragarse lo que queda de zonas reservadas y espacios verdes con tal de calmar la glotonería rapaz de fraccionadores y constructores valemadristas, la oportunidad para repensar qué es lo que le queda de valioso a nuestra urbe es más que nunca viable.

V

Y lo señalo por esa enorme cantidad de jovencitos que creen que la neta del planeta es irse a ligar a las plazas comerciales y confunden la gimnasia con la magnesia. Es de preocuparse, ya no de dar risa, el enorme desconocimiento que se tiene del pasado que habita en el corazón de cada calle, de cada avenida, de cada glorieta, de cada parque, por lo menos. Día a día somos testigos de cómo nuestra ciudad se va pauperizando, olvidando sus orígenes, dándole la espalda a los muchos valores que tenía y que hacían de ella lo que para muchos, o tal vez pocos, todavía es.

Comentarios, quejas y paseos alrededor del olvido a: davidguerrero.lemus@gmail.com.

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