Miércoles, 22 de Enero 2020
Cultura | David Negro Guerrero

Contemplaciones contra el tedio

Comentarios, quejas y silencios a: davidguerrero.lemus@gmail.com.

Por: EL INFORMADOR

I
Recuerdo cuando lo conocí, en 1991. Tenía poco tiempo de haber iniciado las transmisiones de El Fonógrafo, el primer programa de música popular mexicana que se hacía en Radio Universidad de Guadalajara. José Quezada, en ese entonces coordinador de Producción de la radiodifusora universitaria, había aceptado el reto de que era posible hacer un programa diario dedicado al rescate de las voces, compositores y orquestas que escribieron lo que muchos llaman la "época de oro" de la música mexicana: Agustín Lara, María Grever, Alfonso Ortiz Tirado, Las Hermanas Landín, Lucha Reyes, Fernando Fernández, las orquestas de Luis Arcaraz o Gonzalo Curiel, entre otros. En la fonoteca únicamente había dos discos: uno de Pedro Infante y otro de Los Panchos. Animado por la confianza que daba tener 25 años, desde el primer programa incité a los posibles radioescuchas para que no solo hicieran suya la naciente emisión, sino que participaran en ella compartiendo su acervo musical personal. La respuesta rebasó mis expectativas, pues las llamadas llegaban no nada más de coleccionistas, sino de personas -sobre todo adultos mayores- que tenían dos o cuatro discos pero que deseaban prestarlos para que otros los pudieran disfrutar. Confieso que ha sido una de las épocas más sabrosas de mi vida, pues no solo aprendí bastante sobre la riquísima herencia que nos ha dejado la música popular nacional, sino más lejos todavía: sobre la terrible ingratitud y olvido que guardamos permanentemente hacia nuestros mayores; el desdén y grosería con que tratamos a quienes nos llevan años de camino; la soberbia y mentiras en las que fincamos muchas supuestas verdades que, al paso, se convierten en tristes desilusiones y decepciones. Me tocó conocer a ancianos olvidados, enfermos; abuelos y abuelas que tenían más de 15 ó 20 años de no salir a la calle y cuyo único contacto con la vida, ya no con el mundo, era la música. Pero no cualquiera, sino aquella que movía los resortes del recuerdo e instalaba su alma y espíritu en otros tiempos, muchísimo mejores que los presentes.
II
El Fonógrafo: música de ayer para escuchar un día como hoy, nombre completo del proyecto, se consolidó como uno de los mejores programas de Radio Universidad de Guadalajara, en aquella época de mediados de los 90. Yo fui ampliando mi conocimiento y contactos con aquellos que me descubrían y enseñaban no solo canciones o compositores, sino tradiciones, leyendas, personajes, historias. Un día, uno de esos radioescuchas me dijo que me pusiera en contacto con alguien que me podría ayudar bastante. Lo localicé, le llamé y quedamos de vernos equis día, a tal hora. No fui sino hasta el día siguiente al que habíamos quedado, a la hora convenida. "Qué bueno que vino; se borra usted la pésima imagen que me causó el día de ayer", fue lo que me dijo, mientras cerraba la puerta de su casa para invitarme a entrar al maravilloso Templo del Pasado. Ya en la noche, a la hora del programa, compartía con emoción la indescriptible suma de emociones provocadas por haber visitado la casa de aquel personaje tan singular al que ese mismo día bauticé como el General Edison.
III
El General Edison se convirtió en colaborador del programa. Cada viernes, al menos durante los casi cinco años que dirigí y conduje el programa (que posteriormente sería realizado por Francisco Navarro), "mi abuelo" llegaba puntual, medio desaliñado, con los zapatos desabrochados, pero con un entusiasmo que contagiaba. Me entregaba un cassette y me decía "esto es el auténtico Fonógrafo". Esos eran días en que se elevaba la audiencia de la emisión. Transmitimos grabaciones que yo mismo me preguntaba de dónde demonios las había sacado o encontrado el General: ahora la voz de Bola de Nieve cantando en el Teatro Degollado; ahora Pepe Guízar y su piano en una grabación inédita realizada en la mismísima sala de la casa del General; ahora un par de boleros interpretados por una cancionera tapatía que en su época fue conocida como La Princesita Azul, pero que nunca dejó de trabajar como secretaria y jamás salió de Guadalajara (de hecho, el día que transmitimos ese par de melodías, nunca registradas en un disco, me llamó alguien para invitarme a conocer a su vecina. Fui, y era nada más y nada menos que ¡la Princesita Azul!, con todos los años encima, abrumada por la artritis y el olvido.
IV
Todavía más, para colmo, un día el General me puso unas grabaciones, con todo el insustituible "scratch" que distingue a esos testimonios musicales, y me miró divertido. "¿Quién crees que es?". "Sepa. No lo identifico". "Ah, pues es el Caballero de la Canción, que soy yo", me dijo orgulloso. En efecto, se trataba de unas viejas grabaciones de 1938, cuando llegó a cantar para la XERA, de Ciudad Acuña, Coahuila, estación que en aquellos años era una de las más potentes de México y que se podía escuchar en casi toda América Latina. Ingeniero autodidacta, constructor de estaciones de radio, coleccionista de grabaciones únicas e irrepetibles -¡¿Quién demonios las tiene?! ¡¿Quién se las robó?!-, Manuel Ornelas García dejó de existir la semana pasada a los 95 años de edad, prácticamente solo y en el abandono.
V
Nacido en Ayotlán el Chico, en Jalisco, el General Edison fue un personaje inolvidable para mí. Fui un malagradecido y me porté de forma ingrata al haberme separado poco a poco de él, pese a que siempre me pedía que lo visitara con más frecuencia. Las causas o pretextos son estúpidos e inútiles. Lo cierto es que cada vez que iba a su casa, el Templo del Pasado, me encontraba a un General más marchito y triste. Me enteré de su fallecimiento por una nota en los pasillos de Radio Universidad. Me dolió enterarme. Nadie dijo nada, nadie escribió nada. Solo personal de la Iglesia de la Luz del Mundo -a la que le construyó una estación de radio- se encargó de escribir unas líneas en su portal, señalando que murió en la clínica 110 del Seguro Social. Me siento molesto conmigo, incómodo. Se me ha ido algo mío que no sé bien cómo definir o explicar. Ahora nada más tengo muchas ganas de abrazarlo. Descanse en paz.
Comentarios, quejas y silencios a: davidguerrero.lemus@gmail.com.

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