El humo con aroma a mora azul se mezcla con la contaminación vehicular y el olor a ropa de segunda mano. Afuera del mercado San Juan de Dios, sobre la avenida Javier Mina, un vendedor acomoda pantalones y playeras sobre una mesa de plástico. A un costado, exhibe cigarros electrónicos y cartuchos de distintos tamaños y sabores para atraer clientes, principalmente adolescentes.“El más barato cuesta 150 pesos. Si quieres uno que dure más y tenga mejor sabor, hay desde 350”, pregona para hacerse escuchar entre el bullicio de la zona.Aunque la comercialización de vapeadores está prohibida en México desde enero de este año, estos dispositivos continúan vendiéndose abiertamente en distintos puntos del Centro de Guadalajara. Pueden adquirirse en locales de la plaza de la Tecnología, puestos ambulantes sobre Javier Mina, calzada Independencia y Juárez, así como en plataformas digitales y grupos de mensajería. Algunos comerciantes incluso aseguran que este mercado está bajo el control de la delincuencia organizada. “Ya le pertenece a 'la plaza'. Mejor compra con nosotros para que no tengas problemas y, además, te sale más barato”, afirma uno de los vendedores.Miguel, estudiante de preparatoria, admite que consume estos dispositivos con frecuencia. “Fumo entre tres y cuatro vapeadores por semana. Los compro aquí porque ya sé cuáles me gustan y son baratos. Creo que hacen menos daño que los cigarros normales… y los sabores son mejores”.Las cifras reflejan un crecimiento sostenido de este hábito entre la población joven. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025, el número de adolescentes que reportó usar vapeadores pasó de 159 mil en 2016 a 406 mil el año pasado. En contraste, el consumo de cigarros convencionales disminuyó en ese periodo. La Comisión Nacional contra las Adicciones señala que la edad promedio de inicio es de apenas 12 años.La Secretaría de Salud federal advierte que contienen nicotina, metales pesados y compuestos tóxicos asociados con enfermedades pulmonares, cardiovasculares y distintos tipos de cáncer. También pueden provocar infartos, además de generar una fuerte dependencia y afectar el desarrollo cerebral de menores de edad.Las investigaciones científicas respaldan estas advertencias. Un estudio del Ministerio de Sanidad de España identificó al menos 45 sustancias tóxicas en estos dispositivos, entre ellas ácido benzoico y acetato de etilo, compuestos relacionados con diversos efectos nocivos para la salud.Fabiola Macías, académica de la Universidad de Guadalajara, explica que los vapeadores fueron diseñados para atraer a los jóvenes mediante aromas y saborizantes, lo que facilita su aceptación. Advierte que, aunque la prohibición busca frenar su consumo, también puede incentivar el mercado clandestino y aumentar su atractivo entre los menores.Por su parte, Gustavo Rosales, neumólogo y profesor de la Universidad de Guadalajara, señala que el uso prolongado de estos dispositivos puede provocar lesiones pulmonares similares a las ocasionadas por el tabaco, además de rinitis, sinusitis, agravamiento del asma e insuficiencia respiratoria en casos severos. A casi seis meses de la entrada en vigor de la prohibición nacional para comercializar cigarros electrónicos y vapeadores, estos productos continúan vendiéndose de manera abierta en Guadalajara y otros municipios de Jalisco, sin que existan reportes de operativos recientes por parte de autoridades estatales o municipales para retirarlos del mercado.La reforma, vigente desde el 16 de enero de 2026 tras su publicación en el Diario Oficial de la Federación, modificó la Ley General de Salud para prohibir en todo el país la producción, fabricación, importación, exportación, distribución, transporte, almacenamiento, comercialización, venta y suministro de cigarros electrónicos, vapeadores y dispositivos similares. La legislación, sin embargo, no sanciona la posesión ni el consumo cuando estos no tienen fines comerciales.Pese al nuevo marco legal, un recorrido realizado confirmó que los vapeadores siguen ofreciéndose sin restricciones en distintos puntos de Guadalajara. En la plaza de la Tecnología, el mercado San Juan de Dios y puestos ambulantes del Centro Histórico es posible encontrarlos a la vista del público, incluso en establecimientos frecuentados por adolescentes.Los comerciantes ofrecen dispositivos de diferentes tamaños, sabores y capacidades. Los modelos más económicos se venden desde 150 pesos, mientras que aquellos con mayor duración o número de inhalaciones superan los 350 pesos. La amplia variedad de presentaciones y sus precios relativamente accesibles mantienen el atractivo de estos productos, especialmente entre consumidores jóvenes.A pesar de ello, ni el Gobierno de Guadalajara, la Secretaría de Salud Jalisco, la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Jalisco (Coprisjal), ni la Fiscalía del Estado han informado sobre inspecciones, aseguramientos o decomisos efectuados tras la entrada en vigor de la prohibición federal.Las últimas acciones reportadas por Coprisjal datan de 2023: en junio de ese año, la dependencia informó la realización de 204 visitas de verificación, que derivaron en 23 aseguramientos y el decomiso de más de dos mil productos relacionados con vapeadores. Un mes después, anunció otro operativo en establecimientos comerciales, donde fueron asegurados 50 dispositivos electrónicos y tres cigarros electrónicos.Desde entonces no se han dado a conocer nuevas acciones de vigilancia en Guadalajara ni en el resto del Estado. Tampoco se han informado operativos dirigidos a combatir la venta mediante redes sociales, Facebook Marketplace, grupos de WhatsApp o puestos ambulantes, canales que continúan utilizándose para comercializar estos aparatos.La permanencia de este mercado refleja las dificultades para hacer cumplir la legislación y plantea dudas sobre la capacidad de las autoridades para supervisar una actividad que continúa desarrollándose con normalidad. Especialistas en salud advierten que la facilidad para adquirir vapeadores, particularmente entre adolescentes, representa un riesgo para la salud pública y refuerza la necesidad de fortalecer la vigilancia y las campañas de prevención.“El vape hace menos daño que el cigarro. Fumé dos años y desde que cambié me siento mejor. Voy al gimnasio, hago ejercicio y salgo a correr sin problemas. Mi hermano también dejó las cajetillas y los dos creemos que fue una buena decisión”, afirma.Fernanda, también de 17 años y estudiante de preparatoria, nunca había fumado hasta que una compañera le ofreció un vapeador en la escuela. El sabor, el aroma y la facilidad para utilizarlo la convencieron de continuar consumiéndolo.“Los cigarros que fuma mi hermana nunca me gustaron. En cambio, los vapeadores saben mejor, tienen sabores agradables y el olor casi no se nota. Incluso hay algunos que prácticamente no huelen y puedes usarlos en cualquier lugar. Yo siempre traigo uno de fresa”, relata.Sin embargo, especialistas de la Universidad de Guadalajara advierten que no existe evidencia científica concluyente que demuestre que los cigarros electrónicos sean una alternativa segura al tabaco convencional. Por el contrario, señalan que los líquidos utilizados pueden contener nicotina, solventes, saborizantes y otras sustancias químicas cuyos efectos a largo plazo aún no se conocen por completo.Los expertos indican que el uso frecuente de vapeadores se ha asociado con enfermedades respiratorias como rinitis, sinusitis, bronquitis, agravamiento del asma y lesiones pulmonares graves. También existen investigaciones que vinculan la exposición prolongada a algunos de sus componentes con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.Añaden que niños y adolescentes enfrentan un riesgo mayor, ya que la nicotina puede afectar el desarrollo cerebral y favorecer la dependencia, por lo que consideran indispensable reforzar la vigilancia contra su venta ilegal y fortalecer las campañas de información para desmontar la idea de que estos dispositivos son inofensivos.Una lona, una bolsa de plástico o incluso una chamarra sobre el piso bastan para exhibir cajas de cigarros electrónicos y “plumas” —dispositivos que pueden contener tabaco y derivados de la marihuana— a las afueras del mercado San Juan de Dios, junto a la estación de la Línea 2 del Tren Ligero. De acuerdo con vendedores y clientes, estos puntos de venta operan con autorización del cártel Nueva Generación.Durante un recorrido realizado por este medio, se constató que la mayoría de los compradores son adolescentes y jóvenes, algunos de los cuales adquieren hasta tres cajas de distintos precios, tamaños y sabores. Los propios vendedores, varios de ellos también jóvenes e incluso menores de edad, aseguraron que son puestos “autorizados por 'la plaza'”.Uno de ellos afirmó: “Ahora que ya los prohibieron, solo nosotros tenemos permiso de venderlos aquí en la zona. Es mejor que compres con nosotros, no vaya a ser que te cachen con otro que no sea de 'la plaza'. Con la etiqueta te das cuenta de que son autorizados”. La etiqueta, una estampa de un búho que brillaba a la luz del sol, garantiza, según el vendedor, que el producto está autorizado por el cártel para su venta.Desde el 16 de enero de 2026, la reforma a la Ley General de Salud establece penas de uno a ocho años de prisión y multas de entre 100 y dos mil veces el valor diario de la UMA —equivalentes a poco más de 11 mil y más de 230 mil pesos— para quienes comercialicen vapeadores y cigarros electrónicos.La legislación también prohíbe toda publicidad de estos productos y deja sin efecto las autorizaciones sanitarias previamente otorgadas, obligando a suspender de inmediato cualquier actividad relacionada con su venta.